Efrén Hernández es maestro del discurso de pronunciado escape que oscila una, dos, tres, infinitas veces sobre una órbita siempre controlada para después regresar al punto de partida.
En esta compilación de cuentos que reúne relatos cuya afinidad reside en la habilidad del autor para contar cada grado de arena de la playa mientras ve al cielo y siente las olas bajo su piel. Con sencilla elocuencia, sin adornos lingüísticos, Hernández bien puede hablar sobre aquel niño que, mientras los revolucionarios saquean el pueblo, se escabulle entre las camas para llegar al catre de su tía, o expresar una imagen de la vejez en ese árbol que crece, madura, va quedando sólo, inmóvil.
Son cuentos que te llevan de una a otra pieza de un cuarto hasta que de pedazo en pedazo, construyes la imagen completa de la habitación. Así lo hace su personaje en el cuento que da nombre a la colección. Desdobla, primero en su mente, después en disertación ante el aula, cada uno de las acepciones del término tacha, para terminar por aclarar que no conoce en realidad cual es la definición que aplica para los términos de la clase.
Hernández ejemplifica ese tipo de vida, el del observador fugaz cuyo objetivo no es el de tener la respuesta correcta, sino el disfrute de la incertidumbre, de las múltiples respuestas inútiles que ayudan a escucharnos hasta lo más profundo.