Al cumplirse el centenario del nacimiento de Efrén Hernández, se presentan en este libro algunos de sus mejores cuentos, incluido "Tachas", su cuento más conocido y reconocido y que, además, se convirtió en el apodo con el que sus amigos llamaban al escritor.
Un libro que compre al azar, que resultó ser una verdadera y grata sorpresa, a mí parecer "El señor palo" es el mejor cuento del libro: divertido, reflexivo, libre, juguetón y serio, adjetivos que bien pueden utilizarse para el escritor.
Tachas de Efrén Hernández, así como el resto de cuentos en este libro, serán del agrado de aquellos que gustan de la poesía anecdótica. Porque eso son, y no dan para más. Eso sí, es una lectura muy representativa de la segunda línea de escritores mexicanos que siempre estarán detrás de Rulfo. A lo que me refiero es a la narrativa ocurrente y sin mayor trascendencia ni aspiración. Como cuentos, a cada uno hay que buscarle cierto sentido, el cual muchas veces queda en la interpretación del lector y lo deja poco menos que donde empezó, si es que hay coherencia visible entre el inicio y la continuación. Cada cuento nos coloca, eso sí, en el mundo de la provincia humilde mexicana de la primera mitad del siglo pasado, salpicada de inocencia, ajena a la revolución y distraída del mundo, como buen poeta que divaga mirando al cielo azul a través de una rendija en la ventana, mientras el profesor le hace una insistente pregunta: ¿qué es tacha? La esposa del tacho.
En lo personal, fue un muy grato descubrimiento. No sabía de los cuentos de Efrén Hernández y su libro lo encontré por una serie de afortunadas e improbable circunstancias.
Encontré muy disfrutable su manera de narrar y entretejer reflexiones profundas con cotidianeidades en apariencia nimias.
Este libro trae varios cuentos, siendo "Tachas" el más famoso.
En resumen, los cuentos hablan sobre personas que cuentan cosas y divagan sabroso. Están divertidos e ingeniosos, pero solo pensaba: "Ok, voy a leer el siguiente cuento, a ver ahora cómo divaga en este".
No sabia nada de Efrén Hernández y me gustó la construcción de sus personajes. El señor palo fue uno de mis cuentos favoritos. Aconsejo que libro se instalé en tu mochila y leerlo en ratos muertos,que al comenzar a leerlo vivirás emociones divertidas.
Un libro muy breve con pequeños cuentos llenos de un humor muy cantinflero. Leerlos me recordó mucho a Cantinflas que decía mucho y nada, aunque los cuentos parecen no llegar a nada hay que permanecer atentos a no empezar a divagar por nuestra cuenta en los soliloquio que nos cuenta el autor. Mi cuentos favorito fueron Tachas y Santa Tereza.
Dice la contaportada que el cuento "Tachas" es la obra más importante de Efrén Hernández... la verdad es que no me pareció nada extraordinario. Está bien leer este librito para conocer al autor, pero hasta allí...
A uno de los cuentos me costó seguirle el hilo (al más largo, de hecho). Las descripciones me hacían perderme y volver cada tanto a las páginas anteriores.
Efrén Hernández es maestro del discurso de pronunciado escape que oscila una, dos, tres, infinitas veces sobre una órbita siempre controlada para después regresar al punto de partida.
En esta compilación de cuentos que reúne relatos cuya afinidad reside en la habilidad del autor para contar cada grado de arena de la playa mientras ve al cielo y siente las olas bajo su piel. Con sencilla elocuencia, sin adornos lingüísticos, Hernández bien puede hablar sobre aquel niño que, mientras los revolucionarios saquean el pueblo, se escabulle entre las camas para llegar al catre de su tía, o expresar una imagen de la vejez en ese árbol que crece, madura, va quedando sólo, inmóvil.
Son cuentos que te llevan de una a otra pieza de un cuarto hasta que de pedazo en pedazo, construyes la imagen completa de la habitación. Así lo hace su personaje en el cuento que da nombre a la colección. Desdobla, primero en su mente, después en disertación ante el aula, cada uno de las acepciones del término tacha, para terminar por aclarar que no conoce en realidad cual es la definición que aplica para los términos de la clase.
Hernández ejemplifica ese tipo de vida, el del observador fugaz cuyo objetivo no es el de tener la respuesta correcta, sino el disfrute de la incertidumbre, de las múltiples respuestas inútiles que ayudan a escucharnos hasta lo más profundo.
Efrén Hernández es de los grandes escritores de los veintes, contemporáneo de los grandes grupos contrapuestos: contemporáneos y estridentistas. Efrén Hernández no tomo posición y eso fue de las cosas que contribuyeron a que no obtenga el lugar que merece en las letras. El autor, maestro de Juan Rulfo, trabaja una prosa increíblemente personal en la que la divagación y habilidad de hilar temas es la base de su narrativa. Los cuentos incluidos en el volumen son: Tachas, Santa Teresa, El señor del palo y Un clavito en el aire. Me hubiera gustado que en lugar de El señor del palo, que es el texto más largo, incluyeran los cuentos: Incompañía, Sobre causas de títeres, Una historia sin brillo. El autor que quedó huérfano a los 14 años, nos presenta un mundo personal en el que la narración se enfoca en los pensamientos de los personajes, como si de un flujo de la conciencia se tratara. Lo que pasa en el mundo físico pasa a segundo plano en comparación con los pensamientos y asociación de ideas que los narradores suelen hacer, diluyendo el relato.
Los cuentos de Efrén Hernández son como montoncitos de estambre hecho nudos que poco a poco, al irlos leyendo, se van desenredando pero que, traviesamente, se hacen nuditos en otras partes. Su narrativa es bella, fluida, intensa cuando debe serlo, calmada casi siempre.