Before giving yourself over to these pages, you must protect yourself against the evil that lurks all around us. It doesn’t matter if you don’t believe. Evil is always lying in wait, even if it’s difficult to see. If you don’t know how, you’ll find Psalm 91 at the end of this story. It’s good protection, like so many others you need to know.
Impecable. Una narración fresca y personal que te atrapa desde un comienzo y te lleva por los recodos más íntimos de la mente de un exorcista que, lejos de encarnar el prototipo propuesto por Blatty, se erige como el pastor de las ovejas más descarriadas de la sociedad: los presos.
Una historia de barrio, escalofriante y cien por ciento creíble. No olvida el contexto, mucho menos las miserias humanas. Correa se empapa de su propio personaje y no tiene miedo de mostrarse desnudo, junto a otros cuerpos extraños, escandalosos y horribles. Es esta desnudez subjetiva la que nos cautiva y nos sumerge inevitablemente en una trama perversa, enfermiza y que, sean cual sean nuestras creencias, nos hará dudar de todo lo que creemos saber.
Por momentos se arrebata a sí misma: el narrador comete, por momentos escasos (al menos para mi ojo semanticamente inexperto) errores de puntuación que, si bien no nos alejan de la historia y nuestra inmersión en ella, tienden a influir en dónde ponemos el foco de atención en algunas frases.
Una obra llevada con gracia y que no escatima en el despliegue de herramientas para conformar un ambiente opresivo y amenazador. Le doy todas las estrellas porque no pienso guardarme ni una. Ojala pueda leer la segunda parte pronto.