Leer a J.R.R. Tolkien siempre es bien, o por lo menos a mí me hace mucho bien. Hacía ya un par de años que no tenía entre mis manos libro de uno de mis autores favoritos. Y la verdad es que tenía ganas de conocerle en otra vertiente que no fuera la de su célebre legendarium de “El Señor de los Anillos”. El tomo de “Cuentos Desde el Reino Peligroso” llevaba desde las Navidades pasadas, esperando pacientemente mis estanterías a que llegase su momento, sin apresurarse, ni quejarse; sabiendo que cuando llegara la hora en que lo cogería y me aventuraría entre sus páginas, iba a ser una lectura muy disfrutable. Y así lo ha sido. En esta mezcolanza de cuentos, poemas y ensayos, vemos a un Tolkien que se aleja de la Tierra Media… pero nunca la pierde de vista. Como ecos lejano nos llegan las voces de los elfos, los hobbit, los hombres y, en general, todos esos lugares y personajes que hemos conocido cualquiera que haya leído sus obras más icónicas. Y es que , como explico más abajo en la reseña de uno de los cuentos,, esa historia, constatada en la obra “El Silmarillion”, fue el trabajo de toda la vida del profesor. Una labor ambiciosa y de la que recreo miles de aspectos. Por lo que es imposible que su influencia no estuviera presente en otras obras que escribiese Tolkien.
A continuación, aquí tenéis mi opinión e impresiones sobre los diferentes textos que conforman esta recopilación.
“Roverandom”: siempre me he preguntado cómo debe ser eso de que tu padre sea uno de los mejores narradores de toda la historia de la literatura y la suerte que debe ser eso. No olvidemos que la novela “El Hobbit”surgió como un cuento de Tolkien para sus hijos, haciendo las veces de complemento para todas las historias que el escritor estaba ideando y recopilando para dar vida a ese mundo, que nosotros conocemos como la Tierra Media y que serían recopiladas a su muerte en “ El Silmarillion”.
“Roverandom” es otro ejemplo del Tolkien padre y escritor. Este cuento largo fue escrito por Tolkien para consolar a uno de sus hijos cuando perdió su apreciado perro de peluche en una excursión en la playa. Llamado Rover en un principio, el joven fue transformado en un juguete por haber tenido una pequeña trifulca con un malhumorado mago y haberle mordido en los pantalones. A partir de ese momento Rover vivirá un sinfín de aventuras que le llevarán a conocer a otros magos y personajes (incluyendo otros dos perros que también se llaman Rover, de ahí que para diferenciarle acabe siendo conocido como Roverandom) y a viajar a la luna y al fondo del mar. El relato está lleno de momentos, muy graciosos, y sus diferentes y originales. Ambientaciones resultan ser su punto fuerte. Es una historia tierna y encantadora, de ritmo, apacible y tono cálido; se nota que fue escrita pensando en el disfrute y entretenimiento de unos niños. No obstante, a mí se me ha hecho en ciertos momentos bastante pesada y lenta, por lo que no he terminado de conectar del todo con ella, aunque valore lo bonita que es.
“Egidio, el granjero de Ham”: todo lo que he leído de Tolkien siempre ha estado relacionado, hasta ahora, con la Tierra Media y su famoso lengendarium. Pero tengo mucha curiosidad por la vertiente del autor, como erudito de lenguas y literatura medievales; como amante del romance de “Sir Gawain y el Caballero Verde”, traductor del “Beowulf” y compositor de un poema sobre la muerte del rey Arturo. Tengo muchas ganas de leer sobre este aspecto. De momento, me conformo con esta breve historia, ambientada en el medievo medieval, y protagonizada por Agidius Ahenobarbi Julii Agricole de Hammo, o Egidio de Ham para abreviar, un granjero terco, relativamente astuto y bastante arrogante que, a modo de sastrecillo valiente, se ve enfrentado a varios peligros bajo la forma de gigantes y dragones, y sale victorioso de la empresa. Sinceramente, este relato ha tenido para mí más sabor a cuento de hadas que el anterior. Y quizás por eso ha sido mi favorito de la antología, ya que el cuento tiene elementos que pueden encontrarse en otras obras de Tolkien y de otros autores, pero manejaros con mucha gracia y buenas dosis de originalidad. Se trata de una historia sencilla, añeja y que más de un momento me ha despertado la sonrisa y la carcajada con sus situaciones satíricas, los comentarios e intenciones burlonas del autor y sus personajes humorísticos y coloridos. Y es que ninguno tiene desperdicio, desde el propio protagonista hasta sus vecinos del pueblo de Ham, pasando por su mascota, un perro tan presuntuoso como cobarde, y su montura, tan callada como armada de paciencia ante tanto sinsentido. Sin olvidarnos del dragón, un excelente hermano menor del inolvidable Smaug de “El Hobbit” pero sin resultar tan aterrador.
“Las aventuras de Tom Bombadil”: el Tolkien poeta también tiene cabida en esta antología ¿la excusa? Presentarnos unos poemas que aparecen en los márgenes del manuscrito de“El Libro Rojo” la obra que escribió el inolvidable Bilbo Bolsón contando sus aventuras y andanzas, y que fue completada y ampliada por las vivencias de su sobrino Frodo y Sam Gamyi. Y de la que se supone que salieron “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos”. Dentro caben todo tipo de poemas, desde algunos relacionados con la Tierra Media y la Comarca, hasta otros que Tolkien preparó para revistas, antologías o para sus familiares, con la excusa de que forman parte de la cultura del imaginario y fantástico continente. De ahí que nos encontremos con muchos temas e historias diferentes que nos permiten conocer más sobre las canciones, historia y mitología de la Tierra Media, y sorpréndenos como hasta ese aspecto estaba bien controlado y trabajado por parte del profesor. Personalmente me han gustado la mayoría, pero el que hayan metido entre tanta prosa de pronto estos versos, para mí ha resultado, editorialmente, bastante anti climático. De todas formas, he disfrutado de su lectura. Aunque quizás me haya descolocado que presenten al personaje de Tom Bombadil como el centro de esta recopilación por el título, y en realidad solo hay dos poemas dedicados a él. Es una lástima. Especialmente por la historia de amor-odio que tengo por este enigmático hombrecillo. Y es que me he pasado la mayor parte de mi vida lectora teniéndole tirria a este personaje sin saber muy bien el motivo, desde que tengo 10-9 años y leí por primera vez “El Señor de los Anillos”. Sin embargo, cuando hice el año pasado la re lectura de la trilogía, me sorprendió encontrar que ahora tragaba bastante bien al bueno de Tom. Nunca será mi personaje favorito, pero le reconozco que es bastante entrañable a su manera.
¿Lo mejir de leer estos fragmentos? Que la inmensa mayoría de las páginas están decoradas con ilustraciones de Alan Lee, cuyos dibujos aparecen más ocasionalmente en el resto de relatos del volumen. Como este artista creo que ha sabido captar la belleza, humanidad y magnificiencia de la Tierra Media y la obra de Tolkien.
“El herrero de Wootton Mayor”: un pequeño pueblo cerca del bosque donde hay muchas fiestas y a cuyos habitantes les gusta comer, un cocinero fanfarrón y un aprendiz que guarda algún que otro secreto y sabe más de lo que cuenta, una estrella mágica y un viaje de toda una vida por sendas misteriosas y mágicas. Este relato empieza con un tono humorístico y ligero, que paulatinamente va mirando hacia los viajes que un niño hace , a medida que crece, por el onírico reino de Fantasía y que marcan su vida. Haciendo que el cuento tenga una carga melancólica y filosófica que lo hace más profundo de lo que sus primeras líneas pronosticaban. Un cuento que nos habla de los aprendizajes que hacemos a lo largo de toda nuestra existencka, y de la posibilidad de ser nuestras mejores versiones y aprender constantemente. De no conformarnos con lo sencillo, con lo cercano, con lo banal. De mirar siempre por encima de las apariencias y aceptar que nada en esta vida es definitivo, que a veces hay que dejar ir. Y todo esto se aprende mientras el lector, junto con el herrero, viaja por diferentes parajes del reino de las hadas, Fantasía. Muchas de sus ubicaciones recuerdan a las de la Tierra Media, y el lector no puede evitar preguntarse si Tolkien ha llevado a su protagonista hacia este mítico lugar, si Fantasía no es más que la Tierra Media.
De mis relatos favoritos de la antología. Me ha parecido un cuento de lo más conmovedor, del que se puede rasgar mucho. Deja un poso de dulce melancolía cuando lo finalizas.
“Hoja de Niggle”: Érase una vez un pintor que empezó pintando unas hojas, y la cosa acabo derivando en hacer un árbol y luego todo un bosque y un paisaje montañoso… Y eso hizo que dilatase un viaje que tenía que hacer obligatoriamente…
Probablemente el relato más especial e indefinible de toda la antología. Y también el más personal. Tolkien no compuso todo su legendarium a partir de una historia o una idea concreta. Su auténtico interés y pasión era de estudiar, lenguas antiguas, palabras extrañas y crear lenguajes propios. Fue por esto último, para darle un contexto y una estructura histórica a esos idiomas que le gustaba inventar, que inventó todas sus historias sobre hobbit, elfos y anillos de poder. “El Silmarillion” fue el contexto que creó para todos esos idiomas, que contó con dos spin-off de infarto como fueron “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos”. De la misma forma que el desdichado Niggle de esta historia empieza por dibujar unas hojas y acaba por pintar todo un paisaje de bosque y montañas, su obra poco a poco va aumentando, sin que él se diera casi ni cuenta. Incluso, aunque los pequeños inconvenientes y obligaciones del día a días se interpusieran en su camino. Leyendo no es muy difícil darse cuenta de que Tolkien y Niggle son lo mismo, dos artistas encaminados a una obra que va haciéndose más potente y grande casi en contra de su voluntad, pero obligados a dejar de lado a su “yo “artístico en pos de su “yo” cotidiano, el que tiene que hacer caso a los pequeños inconvenientes del día a día y no sabe decir que no a cualquiera que le pida ayuda. La metáfora no puede ser más certera, y por ello no es imposible leer con cariño esta breve historia en la que Tolkien se describe a si mismo, y que no solo nos habla de uno (dos) hombres a los que les cuesta conciliar y racionar su tiempo para llegar a todo. También nos habla de la necesidad de aprender a dar a cada cosa su espacio, y nunca dejarse llevar por las opiniones y las imposiciones de otro, a seguir cada uno su camino. Al final cada uno debe recorrer su propio camino, y nunca se sabe que nos puede deparar. Puede que, incluso, acabes trabajando codo con codo con ese vecino antipático que tanto te molestaba.
”Sobre los cuentos de hadas”: encontrarme este texto en el libro me ha hecho mucha ilusión porque no me lo esperaba. Y porque uno de los libros que más ganas tengo de leer de Tolkien es una recopilación de ensayos y conferencias suyas, que el año pasado sacó la editorial Minotauro, donde entre otros muchos se encuentra esta ampliación de una conferencia que en 1939 nuestro autor pronunció en honor a el cuentista Andrew Lang.
Reconozco que esta parte del libro me ha costado, he tardado varios días en leerla. Ha habido partes que se me han hecho muy cuesta arriba por lo densas que me han resultado, que he tenido que leerlas y volver a leerlas varias veces para captar, tímidamente, su auténtico significado. Pero qué queréis que os diga, quería ver algo del Tolkien estudioso y filólogo, y me lo he encontrado con creces. Pese a todo he disfrutado de esta parte, porque el tema de los cuentos de hadas es algo que me fascina, y me ha gustado muchas de las cosas que dice el profesor, aunque con otras no haya podido evitar alzar la ceja (desde mi humilde conocimientos sobre el tema, que seguro que no llegan ni a la suela de los zapatos al erudito, autor, faltaría más). Por lo pronto, este ensayo me ha dejado muy buen sabor de boca, me ha parecido muy interesante la visión de Tolkien sobre los cuentos de hadas, como pueden ser una válvula de escape y de aprendizaje para el ser humano, que no deben estar solo dirigidos hacia niños, y si se dirige hacia ellos, se no se les debe endulzar, sino que sirvan de vehículo para que aprendan cosas que puedan serle útiles en la vida real. Que básicamente es la función primaria que tiene el cuento. Tolkien se muestra escéptico contra los típicos cuentos de hadas, prefiriendo las historias que beben más de la mitología. Entre otras cosas, me ha parecido interesante cuando habla de que seguramente estos cuentos surjan de algún hecho o personaje histórico, que en sí mismo contienen algunos pozos de realidad. Y también todas las cosas que dice sobre el género de la fantasía, aunque me haya costado entenderlas, me han parecido muy interesantes. Y es que, el profesor empieza hablando desde una visión filológica, sobre lo que es el cuento, intentando explicar qué es y cuál es su importancia dentro de la literatura. Pero como ya se ha visto en esta obra, al final, el hombre se va por las ramas y también nos hablasobre el poder de la imaginación y reivindica estas historias, como parte esencial de la literatura y del bagaje cultural. No le emocionan los cuentos que llegan tamizados a los lectores, pero eso no quita que a mí este género. Me ha sorprendido mucho que se considerarse un mero “explorador sin rumbo” en lo concerniente a este tema, ni mucho menos un experto… Si tú no eres un experto, amigo mío, no tengo ni idea de quién puede serlo…
Y un aplauso porque se haya atrevido a criticar el “Macbeth” de William Shakespeare. No es que hoy este autor, pero teniendo en cuenta como le ponen la mayor parte de la historiografía y literatura inglesa, cuando encuentro alguna crítica hacia su obra, no puedo dejar de aplaudir.
En general, pese a que me haya costado, creo que solo por leer este ensayo, merece mucho la pena la lectura de “Cuentos Desde el Reino Peligroso”. Su existencia dentro de la antología es lo que unifica todos estos diversos relatos, ya que al final el cuento y la visión que Tolkien tenía del mismo, la importancia de la fantasía, el mero amor hacia este género y el arte de escribir e inventar son las señas de identidad de esta lectura y de lo que Tolkien nos lego al mundo. No todo tiene porque ser sórdido y real, también la propia fantasía con su magia tiene algo que nos puede enseñar mucho, a la vez que sirve de consuelo y de inspiración. Y es bello una forma tan especial que tiene Tolkien de reivindicar esto.