Algún día nos veremos con más años de los que tenían los viejos que conocimos cuando éramos niños. Ese día estaremos habitados y repletos de recuerdos suficientes, de la experiencia suficiente, para traerlos de vuelta en nuestra memoria y hablar con ellos de tú a tú.
Dicen que en realidad los escritores contamos una y otra vez la misma historia. Fernando Vallejo, el maldiciente, el impertinente, el odiador, el blasfemo, el misógino, el pervertido, el políticamente incorrecto escritor fue más allá y lleva un chifingofo de novelas distintas en las que cuenta la misma historia, pero más cabrón, porque lo hace además con los mismos personajes y en los mismos escenarios. Y sin embargo, cada una es diferente y grandiosa. Bueno, no, El don de la vida, no es tan grandiosa.
En ¡Llegaron!, la milésima versión de su biografía, se detiene más en el tiempo en su niñez, en la visión que en ese tiempo tenía de los viejos a los que amaba y odiaba, y de lo fácil que parecía la vida en esos días de juegos y travesuras, de batallas campales de todos contra todos:
"-Entonces no se querían.
-Si no nos hubiéramos querido, nos habríamos matado".
De la pluma venenosa y quemante de Fernando Vallejo no se escapa casi nada ni nadie: su país, el nuestro, su familia, la nuestra. Sólo salen ilesos los animales no humanos.
Se me hace difícil decidir cuál es la mejor novela de Vallejo: ¿El desbarrancadero?, esa, a pesar de su grandiosidad, el defecto que tiene es ser la más ovacionada por los intelectuales y llevar su fastidiosa bendición. ¿La virgen de los sicarios?, esa tiene la virtud de haber llegado, además, al lugar más difícil de todos, el de los lectores de a pie, al de los que dificilmente se leen un libro. Yo me quedo con esta: ¡LLegaron! Uno va de la carcajada al dolor en lo que queda de alma, de la reflexión a la inmersión en los recuerdos propios.
" ´¡Llegaron!´, decían aterrados cuando en la primera curva aparecía el Fordcito atestado de niños, como si fueran la plaga de la langosta. No. A Santa Anita no la tumbaron ellos, el narrador y sus hermanos: la tumbó el derrumbe de la montaña".