Cuando leí la novela, hará algo más de un año, recuerdo quedarme entre sorprendida y algo fría. Lo primero por lo rocambolesco de la historia y lo pintoresco de los personajes; lo segundo por no conseguir entrar del todo en la novela. Me gustó, pero no la disfruté como esperaba. Ya lo dije, creo que me quedo con el Neil Gaiman de los cómics. Y este no lo guioniza él, pero hay que ver lo bien que le sienta el formato a sus ideas.
Mike Carey adapta la novela a cómic de forma sencilla pero efectiva, es cierto que no se complica, que no aporta nada nuevo, más bien sacrifica personajes ye elimina tramas, pero siempre en favor del formato aunque también en detrimento de la calidad del mensaje social que se palpa en la novela.
En cambio, Glenn Fabry,con su dibujo repleto de detalles, sí aporta, y mucho, al conjunto; para mí ha supuesto la diferencia entre reconocer y apreciar el valor de la obra, y, realmente, disfrutarla. Visualizar el Londres de abajo y esa amalgama de variopintos personajes, y más de la forma cuidada y detallista que propone el dibujante, ha sido el plus que necesitaba.
No veo mal leer este cómic por separado, pero tampoco le encuentro mucho sentido. Sin embargo, hacerlo como complemento a la novela lo encuentro muy muy recomendable.