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Salon de pasos perdidos #13

El jardín de la pólvora

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En un lugar del remoto sudeste español hubo una ciudad “fina y polvorienta”. La ciudad era un conjunto armonioso de casas y de huertos que hablaban de su pasado morisco. Algo en ella sugería también un vago parentesco japonés. Los huertos fueron desapareciendo poco a poco, uno tras otro, hasta no quedar ninguno, y lo mismo les ocurrió a las casas, torres y palomares. En los huertos se tuteaban las azucenas y las berenjenas, los guisantes dulces y los jazmines, la buganvilla y el nisperero. Conocemos a quienes, supervivientes de aquel último acto, lo recuerdan así, un paraíso amenizado por acequias de agua fresca y clara. La ciudad, a la que se conoció en siglos pasados como “la ciudad de la seda” por su floreciente industria sedera, tuvo también un modesto bocarte donde se molía la pólvora, dependiente del Ejército y defendido por bisoños soldados de reemplazo. Al viejo caserón castrense, formando parte de la propiedad, lo circundaba un espacioso terreno, murado todo él. Un día, después de muchos años, el ingenio cerró y acabó desmantelado, la guarnición fue reexpedida a otro destino y a la población civil se le franqueó el paso a aquel discreto parque hasta entonces vedado. La gente, con la novedad, se acostumbró a ir por allí buscando un poco de sombra en los días calurosos, un poco de recreo coloquiado, tal vez silencio, y lo que siempre se había conocido como “la fábrica de pólvora” pasó a llamarse “el Jardín de la Pólvora”, bosquecillo compuesto en su mayor parte por plátanos centenarios y copiosos. Ese es el nombre que conserva todavía. Vienen en él sugeridas muchas cosas, todas con su misterio. La oscuridad de las rosas y el breve y fulgurante destello de la pólvora, lo que se cultiva y prospera lentamente y lo que puede ser destruido en un momento. Y sin embargo algo natural, muy lógico, percibimos en estas palabras, jardín, seda, pólvora, viéndolas juntas. No sabría explicar el autor de este libro por qué razón pensó, al oír hablar por primera vez de ese Jardín, que toda su novela en marcha se le parecía en mucho: algo que había sido labrado con la tenacidad de un hortelano estaba llamado quizás a desaparecer de repente, dejando tras de sí, quién sabe, un olor a pólvora tan embriagador como para que volvieran a reverdecer sus viejos sueños, sus exaltados sueños infantiles de verbenas, aventuras y gloriosas conquistas.

798 pages, Paperback

First published September 1, 2005

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About the author

Andrés Trapiello

150 books113 followers
Andrés Trapiello, poeta y escritor español, nació en 1953 en Manzaneda de Torío, León.

Después de estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Valladolid, donde también trabajó en el diario Pueblo, se trasladó en 1975 a Madrid, ciudad en la que vive desde entonces. De 1975 a 1977 trabajó como redactor en una revista de arte y de 1977 a 1980, también como redactor, en programas de arte y de literatura de Televisión Española.

En 1980 fundó y dirigió con Juan Manuel Bonet las Entregas y Libros de La Ventura, donde ese mismo año apareció Junto al agua, su primer libro de poemas.

En 1982 empezó a dirigir, con Valentín Zapatero, su fundador, la editorial Trieste en la que apareció ese año su segundo libro de poemas, Las tradiciones, al que siguió, en 1985, también en la editorial Trieste, La vida fácil.

En 1988 publicó su primera novela, La tinta simpática, y en 1990 vio la luz El gato encerrado, primer tomo de los diecisiete, hasta la fecha, del Salón de pasos perdidos, conjunto de diarios que ha subtitulado “Una novela en marcha”, publicados todos ellos en la editorial Pre-Textos.

En 1989 empezó a dirigir en la editorial Comares de Granada, de Miguel Ángel del Arco y Mario Fernández Ayudarte, la colección La Veleta, donde han aparecido hasta la fecha más de cien libros, de poesía y de prosa.

En 1992 recibió el Premio Internacional de novela Plaza & Janés por su segunda novela, El buque fantasma, y en 1993 el Premio de la Crítica por su cuarto libro de poemas Acaso una verdad, al que han seguido hasta la fecha Rama desnuda y Un sueño en otro.

En 1993 Las armas y las letras. Literatura y guerra civil 1936-1939 recibió el Premio don Juan de Borbón y señaló el comienzo de sus artículos semanales en el Magazine de La Vanguardia, en la que colabora desde entonces. Ese libro fue revisado, significativamente ampliado y reeditado en 2010.

En 2003 su novela Los amigos del crimen perfecto obtuvo el Premio Nadal, y en 2005 Al morir don Quijote el Premio Fundación Juan Manuel Lara a la mejor novela de ese año editada en español, a la que siguió en 2009 Los confines, todas ellas en la editorial Destino.

Otros libros suyos son La noche de los Cuatro Caminos (2001), crónica de un episodio del maquis en Madrid, El arca de las palabras (2006) e Imprenta moderna. Imprenta y literatura (2006). Colaborador de La Vanguardia, El País, El Cultural o el Abc Cultural y diversas publicaciones literarias, es autor, junto a Alfonso Meléndez, y en calidad de tipógrafo, de un número apreciable de catálogos y diseños editoriales.

En 2003 le fue concedido por el conjunto de su obra el Premio de las Letras de la Comunidad de Madrid, y en 2010 el de las Letras de la Comunidad de Castilla y León.

En 2012 su novela Ayer no más fue elegida mejor novela del año por los lectores de el diario El País.

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Displaying 1 - 2 of 2 reviews
Profile Image for Michael H. Miranda.
Author 11 books58 followers
May 16, 2022
En el prólogo: "Como sucedió en Montaigne, todo escritor es la materia de su libro, y todo libro es la parte visible de una intimidad". El diario comienza contando sus avatares con un foro (¿de internet?) donde se le critica por unas columnas que comenzó a publicar en el 2004 en La Vanguardia. Y luego pasa a responderle a una profesora que ha elaborado ciertas teorías peregrinas sobre la escritura de diarios. Se le critica que sus diarios son demasiado construidos como prosa o escritura. Queda claro que para Trapiello lo importante es "la enjundia de lo narrado".
El largo pasaje del amigo enfermo con novia joven también enferma (43-68), qué bien narrado, qué gran narrador es Trapiello. Aunque luego le entra la duda diciendo que no ha sido él quien lo ha escrito. El desfile de mal querencias inicia pronto con Francisco Ayala por una columna que éste publicó en El País (1999) sobre Eduardo Mallea (Trapiello le cambia el nombre por Arturo Mallea) en el que Ayala osa criticar a Juan Ramón Jiménez. Lo menos que le dice es pelma. Luego continuará con Valente, Max Aub, Octavio Paz, García Márquez, Saramago, Vargas Llosa, Juan M. de Prada, Marías, Alberti, etc. Notable también su narración de una visita al ex dirigente comunista Santiago Carrillo.
El entorno familiar vuelve a ser muy importante en este tomo. AT confiesa que no tiene diálogo íntimo con su madre pues esta solo lo tenía con su marido. Se da cuenta de que nunca podría hablar con ella más que de asuntos prácticos y cotidianos. Luego, se pregunta si no hace él lo mismo con su mujer y los suyos, no atreverse a compartirles su intimidad, lo que piensa y cómo se siente.
En literatura, frases como la de "romper los cánones" no tiene ningún sentido. Un canon se integra a otro, los muertos sirven de sustrato a los vivos y el rostro de una diosa de la fecundidad se torna en el de la Virgen María. Dos poetas a los que admira: JRJ y Claudio Rodríguez. Este último muere este año (1999). Y otro al que detesta: Jorge Guillén, cuya viuda le escribe una carta preguntando por qué habla de él tan mal en los diarios.
La narración de viajes es otro de los atractivos de estos diarios. Esta vez toca a Argentina, Uruguay y Francia. El tono de sus días argentinos es sarcástico, queda claro que no le gustó Buenos Aires, donde no se sintió apreciado el autor. Sin embargo, el de Francia es una delicia. Lo hizo por carretera con los hijos y su mujer. Visitan las villas y castillos del campo francés, Mount Saint Michel, París, el pueblito de Toulouse-Lautrec (Albi) y cruzan la frontera por Cataluña para pasar unos días en Barcelona, a la que critica por ruidosa y por el mal servicio del hotel.
Cierra el diario con una visita familiar a León por Nochebuena, donde la madre saca viejas fotos del padre de AT: "Y daba harto gusto que no hubiesen sido barridos de la memoria los momentos felices y memorables, por lo mismo que nos disgusta la constatación material de la desdicha." Revela cosas de la división familiar a causa de la guerra, miembros de la familia allí en León que dejaron de visitarse debido a que una parte de la familia (padre de AT) se unió a Franco y otra se fue con los republicanos. AT repara en que no sabe nada de esa otra parte, apenas si conoce a la tía abuela que queda viva, cuyo marido había sido maestro y antifranquista. Muy cómico episodio con una prima que viene a pedirle un autógrafo "para una amiga" a la que ni siquiera conoce.

115 reviews9 followers
December 13, 2013
Picked up in a local bookstore more or less at random and was very pleasantly surprised by this, the ninth or tenth volume of a multi-volume diary. It was lucid, sometimes moving, and funny. Above all funny, and caustically so. Where is the contemporary English-language writer who would dare do the equivalent of what Trapiello (who recounts anecdote after anecdote revealing the hypocrisy of the Spanish literary set) has done here?

Trapiello uses words I've never heard of, and the book was long, but it reads quickly. There are digressions, but they are far less frustrating than those you'll find in a novel by, say, Javier Marías. They are tight digressions, you might say. In short, I enjoyed the book so much I went back to the bookstore and bought the two other volumes they had.

I'm not sure, finally, that El jardín de la pólvora has the occasional moments of sheer magic you'll find in two other Spanish-language diaries, Julio Ramón Ribeyro's La tentación del fracaso and Mario Levrero's La novela luminosa, but it may be more reliably entertaining for a read from beginning to end (whereas the Ribeyro is better for dipping into here and there, or so it seems to me).
Displaying 1 - 2 of 2 reviews

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