“¿Cómo comienza una vida? ¿Cómo se escribe una vida? ¿Cómo se escribe el presente en un diario? La experiencia renueva sus votos, las noches de insomnio hacen revivir astillas, esquirlas del tiempo, tiempo recobrado que se pierde por segunda vez, tiempo recobrado que ya no volverá”.
¿Cómo comienza una vida? ¿Cómo se escribe una vida? ¿Cómo se escribe sobre un libro de poemas? Hay que prestar atención a las dos preguntas que se repiten al inicio de buena parte de los poemas, a veces con ligeras variantes. Hay que prestar atención a las citas de las que se apropia el autor, a la acumulación de fragmentos propios y ajenos. Hay que desentrañar la lógica de un diario, ver qué se esconde en lo que trata de no decir.
“¿Cómo comienza una vida? ¿Cómo se borra una vida? ¿Cómo se tacha una vida? Si yo fuera otro, si fiera una sombra de hombre, un hombre liso que ahuyenta sus «malos pensamientos». Si yo fuera otro, si fuera un hombre sombra que no tiene nada, o casi nada, que agregar”.
Poesía que se examina a sí misma, lecturas sobre la lectura, escritura sobre la escritura. “El poema no nombra a los objetos / el poema nombra nombres. […] El poema no nombra a los objetos / el poema promete vida a los nombres”.