La tranquila vida de la ciudad de Castellón se ve alterada por un macabro asesinato, el de un hombre cuyo cuerpo aparece brutalmente mutilado en un piso del centro. Para resolver el caso, el comisario Romales pide ayuda al inspector Bartolomé Monfort, con quien ya colaboró en el pasado, como se narra en Asesinato en la plaza de la Farola. Juntos reconstruirán la historia de la víctima, el director de una oficina de empleo con fama de mujeriego. El caso se complica cuando hallan un segundo cadáver que no parece tener relación alguna con el primero. Afortunadamente, el intuitivo y eficaz inspector Monfort no tardará en dar con las pistas necesarias para avanzar en la investigación.
Este me gustó un poco más que el primero, me mantenía intrigada. No me sigue gustando que me que en ocasiones sea más descriptivo con la comida, los vinos, las preparaciones y recetas, que con los crímenes o con detalles más pertinentes al momento que está narrando.
Segundo libro del inspector Bartolomé Monfort. Un policía distinto, de pocas pulgas, pero con un olfato que más de uno a su alrededor envidia. La saga transcurre en Castellón y en esta ocasión, Monfort y sus colegas se enfrentan a dos asesinatos y a la desaparición de una mujer que no saben quién es, pero que podría tocarlos muy de cerca. Indicios que van hilando una trama oscura, pistas falsas que hacen que el lector termine despistándose y termine gratamente sorprendido por las vueltas del caso. Un policial sumamente entretenido, con toques de humor negro, personajes muy bien construidos y una historia que no decae en ningún momento. Super recomendado para los amantes de género y, por supuesto, a seguir disfrutando de las aventuras policiales de Monfort, Romerales y compañía.
Este libro me ha gustado aún más que Asesinato en la Plaza de la Farola. Aunque el escritor tal vez presta más atención a los personajes que al crímen, no ha olvidado ni un detalle. El personaje Montfort ya merece su sitio entre los mejores personajes de inspectores y detectives.