"Ahí estábamos, como hormigas en sus cubículos, trajinando los pasillos, fumando, escribiendo, seduciéndonos, odiándonos, benditos y malditos todos nosotros, los periodistas, esas causas perdidas que dan alimento a gente como Robinson." Andrés Stella, joven redactor de un diario, es elegido por su jefe para formar parte de la creación de un nuevo suplemento, cuya primera nota será una investigación sobre Galarraga, esotérico preceptor de un colegio de Boedo que cobró notoriedad tras el suicidio de una alumna y el secuestro de otra. En lo que va de sus comienzos a su ascenso repentino, Andrés conoce a varios personajes que marcarán su carrera y su vida: Jorge Aluzino, poeta y suerte de padrino laboral; el Sereno, llamado así por su insomnio crónico; la Giganta, la periodista más deseada de la redacción; el Flaco Pantera, la Porota, la Garza... Sus historias despliegan un entramado de vida cotidiana y situaciones personales que se suceden en un ida y vuelta del presente al pasado. Mientras avanza en la investigación del caso Galarraga, Andrés vive un amor intenso con Blanca Luz, a la que conoce en una pileta popular y que lo inicia en el extraño deporte del "triping". Hacía diez años que Fabián Casas no publicaba ficción. Ahora presenta Titanes del coco, que puede verse como una electrizante novela atomizada, una serie de relatos conectados, un ensayo delirante sobre el arte de trepar a los techos o todo eso junto y más.
Poeta, narrador, ensayista y periodista argentino nacido en el barrio porteño de Boedo. Estudió Filosofía. Dirigió la revista de poesía 18 Whiskys, que tuvo una amplia repercusión en el ambiente literario porteño.
En 2007 recibió en Alemania el Premio Anna Seghers por «poseer una lírica extraordinaria y ser su obra una fuente de inspiración para los autores de América Latina». Ocio, la película basada en la novela, dirigida por Alejandro Lingenti y Juan Villegas, fue presentada en el Festival de Berlín con excelentes críticas.
Elegido en 2011 por la Feria del Libro de Guadalajara como uno de los autores que garantizan el relevo de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX.
Casas no puede evitar en su novela (si, es una novela) incurrir en gestos ensayísticos. La linealidad está transgredida tanto por la estructura progresivamente caótica de los capítulos como por los blancos que hay entre estos últimos. Cada uno de los fragmentos se sostiene por sí mismo, y el vínculo que hay entre todos al principio al principio es confuso pero después va cobrando coherencia. La sensación de leer a Casas, tanto en su ficción como en sus ensayos, es inconfundible y única. La mezcla de familiaridad barrial, poesía modernista y su perspectiva desde esa nada llena de plenitud que aprendió con el budismo y el zen, es un smorgasbord único que solamente puede salirle bien a él.
Lo agarré porque necesitaba lectura argentina y pensando en que iba a alimentar mi morbo anti tipos pero me sorprendió para bien. Me hizo acordar un poco a Aira pero más oscuro, tal vez una mezcla con Pablo Ramos diría yo que soy bastante burra. Igual los personajes de mujeres bien gracias, pero honestamente es un buen cuentito con aventuras entretenidas.
Muy buena. Casas se adueña del lenguaje...lo hace super propio. Ahí se nota que es poeta, más que en el vuelo lírico. Aparte es un tipo super lúcido, capaz de concetrar en espacios muy pequeños y de forma muy sencilla, ideas y nudos mentales complejos. Lo banco un 100.
me gustó que la novela estuviera escrita por medio de ensayos. Casas maneja este recurso y lo usa para contar una historia. Pero no soy objetivo, de Casas me gusta su poesía, sus ensayos, sus cuentos y sus novelas
Escrito impecable, ágil, contemporáneo, un amigo que se sienta a contare una anécdota y sin darte cuenta te termina envolviendo con poesía y existencialismo. Un relato que no te va a cambiar la vida pero te va a hacer sentir que tus preguntas se las hacen varios.
Casas, Cucurto, Asís y Fontanarrosa son Serú Girán en los 80 (el papel de Charly sería rotativo). Fabián juega de 10 en ensayos, pero acá se tiró a la novela. Me gustaba (porque me tenía que gustar, porque es Casas) pero no tanto hasta faltando 20 o 30 páginas y ahí explotó todo y pasó a gustarme si peros. Marqué 3 páginas donde el crack dice: "Las clases medias y altas, en cambio, se fueron perfeccionando en los esquemas festivos hasta sacarle a la fiesta absolutamente toda posibilidad de riesgo y repentinización. Es decir que la fiesta, la celebración de lo espontáneo, es algo que no sólo no existe más sino que se combate. La fiesta ya no está en ningún lado." "El mundo es un lugar hostil, quien opine lo contrario no sabe dónd está parado. Los amigos son un escudo contra esa hostilidad." "Ahora sabemos que la sangre derramada fue y será negociada, siempre. Y así como la poesía puede cambiar el espíritu de los hombres, sólo la certeza que tienen las clases dominantes de que, si se pasan de rosca, en determinados períodos, el pueblo sale a pelear a la calle, hace que todavía nos quede algo de dignidad. ¿Por qué el tipo que siempre queire todo va a dejar algo para los otros? Porque se lo puede enfrentar, derrotar. Dijo. Y me enamoró.
Recuerdo con mucho cariño la prosa de Casas, en su momento me fascino e inspiro a escribir en esos días en los que no valía nada. Ahora entiendo que el pensar en prosa es un síntoma de ensimismamiento. Quizá este sea el libro más ambicioso de Casas donde toda su obra converge y forma un crisol que contiene un juego en vez de madurez, técnica ya vista, masticada y procesada.
Tal empeño encantará a nuevos lectores por su naturalidad y frescura, pero para mí Casas quemó sus cartuchos en vez de renovarlos.
"El dardo de Daktari" +10. Más allá de mi fascinación por la capacidad de Casas para ponerle nombres a sus personajes, y de la forma en que describe el trabajo en una redacción, Titanes del Coco no me convenció. Destaco ese texto (¿cuento? ¿ensayo?) y poco más. Me entretuvo bastante al comienzo, pero luego se desinfló.
Es lo primero que leo del autor y me gustó bastante. La prosa es única, comienza como novela pero termina siendo una especie de relatos unidos por ensayos y situaciones que parecen no tener conección, pero en realidad, está todo hilvanado de manera muy poética.
La linealidad es la perdición de la narración. Groso libro, atrapa mucho, muy argento y las referencias a Spinetta y a nuestra cultura armonizan todo de una manera deliciosa. Deleita.
Qué valiosa puede ser una relectura en el momento adecuado. Varios años después de haberla leído por primera vez, le di una segunda oportunidad y resultó que era mucho mejor de lo que la recordaba. Hay algunos personajes realmente extraordinarios.
La novela se conforma de diversos relatos, algunos deshilvanados, otros relacionados con la historia central. La estructura fragmentada hace que uno valore mejor algunos capítulos independientes, que la novela vista como un conjunto.