Aun reconociendo que la historia esta bien desarrollada y te la crees, tampoco pude evitar odiar en algunos momentos este libro.
La historia se vuelve ciertamente oscura cuando por fin aparecen los moteros que se habían hecho con el control de una parte de la ciudad y creado un pequeño imperio de depravación y maldad. Lo tienen todo (drogas, violencia, violación, y todo lo que se os ocurra) y sus reglas solo les benefician a ellos, y si eres mujer, tienes todas las papeletas para desear estar muerta si acabas en sus manos. Si Lex, la prota, no acaba así, es más por suerte que otra cosa, porque el resto de las mujeres que se encuentra ya hay perdido toda esperanza. Eso se hace más que duro de leer. Cómo han asumido los abusos y se dejan llevar sin tener muy claro si es mejor morir o aguantar un día más.
Por el otro lado de la historia están Zach y Blake en misión de rescate cuando descubren su desaparición. No deja de ser interesante meterse en la mente de uno y otro, sobre todo de Blake, que apenas acaba de ser incluido en la pareja para ser un trio, cuando su ex provoca todo esto. La culpabilidad no puede con él al tiempo que trata de liderar el grupo y trata de tranquilizar a Zach, que se pone en modo matador y está bastante descontrolado.
Lo mejor, ver a Lex dueña de su propio destino. Sí, puede estar enamorada de 2 mercenarios, pero eso no la hará quedarse sentada esperando a que vengan a salvarla. Primero, porque no tiene claro que siquiera sepan donde está, así que menos que vayan a poder rescatarla. Y segundo porque, aun cuando lo sabe, no puede quedarse siemplemente quieta y dejar que la pasen por encima esperando que la rescaten antes de que sea demasiado tarde para ella cuando ya tiene claro cuál es la mejor manera de salir de allí con el menor riesgo para todos.
Solo por eso, a peser de los pasajes no tan agradables, merece la pena de leer.