Comencé a leerlo con mucha ilusión porque había escuchado buenos comentarios de CM y porque en parte, ya seguía un poco su filosofía.
Sin embargo, al sumergirme en las páginas de este libro me golpeé de frente con varios obstáculos inesperados. En primer lugar, CM tiene plena convicción de su método y hace un montón de aseveraciones del tipo “hemos demostrado que”, “la evidencia es obvia de”, etc. cuando en realidad, no presenta ningún argumento sustancial. Lanza muchísimas ideas al voleo que no justifica y que ella simplemente se cree porque lo vivió. Pero vivirlo no es evidencia de nada, es solo un botón de muestra en el mar de la estadística.
Además, queda bastante confusa la postura que ella tiene entre teología y metodología de educación. Las defensoras de CM dicen que debemos tomar esto como “solo” una metodología de educación y no como teología, pero a medida que la lees te das cuenta que ella todo el tiempo habla de su metodología como parte de la teología que le enseña a los niños.
Finalmente, sus ideas se repiten en bucle. Creo que todas estas páginas se podrían haber reducido a 50 sin perder absolutamente nada y habríamos aprendido lo mismo sobre su método.
En fin, me voy decepcionada porque su metodología, a grandes rasgos me gusta, pero en cuanto a este libro, deja bastante que desear.