Mi perfil de lector es: hombre, sesentón, jubilado, padre de dos hijos, aficionado al senderismo y la lectura.
Me encanta la novela histórica, sobre todo si está basada en personajes o en sucesos reales, y todavía más si el protagonista es una mujer con un carácter fuerte y decidido.
Aproveché para leer este libro porque me lo prestaron para poder leerlo en Semana Santa, y no dije que no, aunque con el libro anterior que había leído de la autora, "Un burka por amor", me llevé un chasco muy grande, y eso que el tema me pareció super interesante y de máxima actualidad. Y me parece que los dos libros, Un burka y La pasión rusa, que están basados ambos en historias reales de mujeres españolas en el extranjero, tienen las mismas pegas, aunque cada uno esté ambientado en una época, en un lugar, y con una protagonistas que no podían ser más distintos entre sí.
Por un lado me gustó la ambientación, el nivel de documentación (aunque no me gusta que sea exagerado y pesado, cuando el autor quiere presumir de lo muchísimo que sabe, para abrumar al lector, y eso hace la lectura más lenta, como pasa aquí). Pero por otro, no me gustaron nada la caracterización de los personajes, que me parecieron de cartón piedra, sobre todo la protagonista. No conseguí simpatizar con ninguno, muy al contrario, y si no fuera porque es una historia real, y tiene momentos muy interesantes, la habría dejado a medio leer, como suelo hacer cuando un libro no me convence. Y este no me convenció desde el principio, porque empieza muy flojito, y solo se pone interesante en la segunda mitad.
El libro abarca desde principios del siglo XX hasta los años ochenta, está narrado en tercera persona, está dividido en cinco partes claramente diferenciadas (la juventud de la protagonista antes de casarse, en Nueva York sobre todo, luego el principio feliz de su matrimonio y vida de esposa y madre de la alta sociedad, luego la guerra mundial que vive en Europa y sobre todo en Rusia, luego su estancia como prisionera en un gulag de Siberia: estas dos partes son las que merece la pena leer).
Cuenta la historia real de Lina Codina, hija de cantante español y exiliada rusa de la Revolución de 1917, que crece entre España, París y Nueva York codeándose con la alta sociedad. En una recepción conoce al compositor ruso Prokófief, al que califica de "genio" por lo menos una vez por página, y son más que quinientas páginas, sin explicar en qué consiste exactamente su genio, ni como pianista ni como compositor: no sé si la autora no conoce bastante la música y por eso se escaquea al describir la técnica musical, de composición, de instrumentación, etcétera, que hacía tan especial a Prokófiev. Pero se pasa cientos de páginas hablando de cócteles, cotilleos, abrigos de piel, joyas y demás, pero cuando se trata de transmitir al lector la personalidad musical o la originalidad de Prokófief, se va por la tangente. Tres páginas describiendo el ambiente y el número de asientos y de columnas y el tipo de decoración de una sala de conciertos o de un teatro, y cuando Prokófief sale a dirigir o a tocar él mismo uno de sus conciertos de piano, la autora lo despacha en dos párrafos llenos de clichés que me dejaron con la sensación de que va a lo fácil. Pero tanto Prokófief como Lina son músicos de vocación y de oficio, aunque ella sea mediocre y no pase más de un par de pinitos antes de dedicarse a vivir de ser la "señora de" un famosísimo. Con él viaja por todo el mundo, acompañándolo en sus giras, juega a hacerle un poco de musa y secretaria, y sobre todo de mujer florero y amantísima, devotísima esposa y madre, que le perdona todo a su marido, soporta todas sus traiciones, y sobrevive con una fortaleza increíble a las mayores barbaridades y torturas de un gulag soviético en la peor época del estalinismo casi sin despeinarse, sin secuelas, sin un hueso roto, en fin, superwoman a la española.
Ahí veo el primer problema: que Lina es una Mary Su de cuidado, por muy real que haya sido. La autora la muestra como una chica guapísima, listísima, talentosísima, preparadísima, super seductora, que tiene a todo el mundo encandilado, desde sus padres que le perdonan todo hasta los genios que trata a diario. Todo el mundo la adora, la admira, la envidia. Desde muy joven solo se rodea de gente famosísima (y que tiene talento de verdad, no como ella), como Diágilev, el creador de los "Ballets Rusos", Cocó Chanel, Hemingway, escritores, artistas, pintores, músicos, actores de Hollywood, todos se pirran por Lina y no hacen más que elogiarla como si fuera la musa más grande y la mujer más brillante y extraordinaria que han conocido. Y no es así, por mucho que la autora insista en presentarla como tal a través de toda esa gente que parece atraída irresistiblemente por ella. Lina es una niña mimada, egoísta, impulsiva, irresponsable, superficial, inmadura y vanidosa a más no poder, una especie de Escarlata O'Hara con todos sus defectos, y ninguna de las cualidades que podrían haberla redimido.
Y así ella se enamora, se casa, tiene varios hijos, se muda varias veces de país, se hace famosísima junto a su marido en plan florero exótico por sus raíces españolas, y básicamente vive del cuento más o menos toda su vida, hasta su vejez. Y es muy difícil conectar con ella por su carácter ñoño y egoísta, y mucho menos por las decisiones que va tomando en la vida, sobre todo cuando su marido la deja por otra, cuando luego decide a pesar de todo quedarse en Rusia aunque sabe muy bien que su marido y por eso también ella y sus hijos han caído en desgracia con Stalin, y cuando la meten en un gulag.
Ahí está otro problema: "por amor al genio" de su marido que le pone los cuernos en público, esa es la única explicación que da la autora para justificar las decisiones infantiles de Lina, que cuando las toma ya es una mujer madura con dos hijos muy jóvenes que dependen completamente de ella. En eso, Lina se parece a María, la protagonista real de "Un burka por amor", que también por amor a su marido toma el mismo tipo de decisiones increíblemente pueriles y peligrosas que Lina. A lo mejor eso la hacía especial en su época, pero para un lector del siglo XXI, transmite una imagen de mujer romanticona, con la cabeza llena de pájaros y totalmente cegada por el amor, con la que espero que ninguna mujer inteligente se identifique.
Como muestra de lo egoísta, vanidosa y tonta que es de principio a fin, cuando ella está prisionera y sometida a torturas por la policía secreta de Stalin para que confiese que es una traidora y una espía extranjera, Lina siente muchísima pena de sí misma y se pregunta cómo es posible que a ella, la dama de la sociedad, la chica de moda del momento, que "bailó un vals con Von Ribbentropp" (el ministro de Exteriores de Hitler durante la guerra), la traten así, y tenga que estar en una celda asquerosa con otras presas medio muertas. Cualquier otra persona reflexionaría, maduraría a la fuerza, cambiaría en muchas cosas, pero Lina, no. Casi no hay desarrollo de su personaje. Los demás tampoco tienen mucha evolución ni interés. Prokófief es solo "el genio", tan infantil e inmaduro como Lina, que vive en su mundo de música y giras y le importa un bledo lo que pasa en su propio país, y cuando sus propios amigos empiezan a desaparecer en las purgas se escapa en su mundo de fantasía con la música y el trato de estrella comunista de escaparate, caviar y hotel de lujo incluido, que recibe de Stalin y su régimen mientras toda Rusia se muere de hambre, miedo y miseria. El padre de Lina es el cliché español del padrazo vividor y un poco pasota, la madre de Lina
es la típica mamushka rusa de cuento, una gallina clueca que adora a su hija y lo hace todo por ella pero quiere tenerla controlada, Cocó Chanel es listísima y fantástica (ni una palabra de que fue una colaboradora convencida de los nazis durante muchos años y se hizo realmente rica con ellos), Hemingway es otro "genio", y así todos los demás personajes.
La novela abunda en detalles sobre la ropa que se ponen los personajes, la comida de lujo que para ellos es de lo más normal, las limusinas con chófer, los hoteles en plan palacio, etcétera, y es muy fiel en cuanto a fechas, lugares, datos de otros personajes históricos, de las purgas, de las condiciones de vida en París en los años veinte y treinta, y en la Unión Soviética en los años cuarenta y cincuenta. Pero ese contexto tan rico y detallado es como un marco de oro que rodea un cuadro mediocre, con personajes poco perfilados, y más bien antipáticos, y "la esencia rusa" y "el alma rusa" repetidos como clichés docenas de veces.
El estilo es mucho mejor, más cuidado y con menos errores de gramática y sintaxis que "Un burka por amor" (novela que es de juzgado de guardia por el pésimo nivel lingüístico); no sé cuál libro se escribió antes, pero "Una pasión rusa" está muy por encima, también en las descripciones.
En resumen, me parece estupenda la documentación, pero más bien pobre la sicología y el desarrollo de los personajes. A lo mejor Lina, como personalidad, no daba para más, pero es difícil creer que Prokófief fuera el tipo aniñado, inmaduro y sin carácter que muestra la novela.
Porque ese es el pero principal para mí en toda la novela: que Lina nunca llega a ser LINA, una protagonista de verdad, con mayúscula, que realmente se merezca que le pongan un monumento con una novela. Siempre está arropada y protegida por la fama, el dinero, la admiración de otros, pero no por ella, que no ha hecho nada por ganárselo por sus méritos como persona, sino por ser la hija de quien es, y la amiga de quien es, y la esposa de quien es. Hasta en el gulag se libra de muchas cosas porque es "la señora de" Prokófief, las demás presas le hacen regalos a ella porque lo admiran tanto a él, un médico alemán se enamora perdidamente de ella, a pesar de que Lina ha sufrido torturas horrorosas que a mí como médico me hicieron dudar de la documentación de la autora en cuanto a la facilidad con que Lina se cura de todo, sin secuelas, sin estrés postraumático ni nada. Y se enamora tanto que arriesga su vida para conseguir que ella sea su enfermera, y así le da de nuevo un trato de favor con vitaminas, comida, descanso y muchas otras cosas que ninguna otra presa recibe, pero que Lina da por sentado como si fuera su derecho, por ser tan especial y "la señora de".
Quizá no es culpa de la autora sino de Lina, porque lo tiene todo tan fácil, nace con el pan debajo del brazo, y desde su juventud hasta su madurez no hace más que darse la gran vida, sin tratar con gentes humildes, luchadoras y trabajadoras de verdad casi hasta el final, con lo que tenemos muchísimas descripciones (algunas interesantes, pero muy extensas, repetitivas y al final cansadoras), de todos los hoteles de lujo, las comidas exquisitas, los cotilleos de famosillos y sobre todo los modelitos carísimos que se pone todo el tiempo. A lo mejor la novela va destinada a un tipo de mujeres a las que les gustan novelas con una Cenicienta de cuento que, sin merecerlo para nada, se encuentra con el mundo a sus pies, y un señor maduro no sabe apreciar ese tipo de historias. Me pareció un desperdicio dedicar decenas y decenas de páginas con trivialidades y fiestas, y casi dejé el libro, pero en la segunda parte, durante el asedio de Moscú por los alemanes, con todas las privaciones y los bombardeos, además de las purgas feroces de Stalin, la cosa se pone realmente interesante.
Recomendada por la segunda parte, por la descripción de la vida en el gulag para las mujeres (tema que no he visto en otras novelas del género, bastante mejores por cierto, como "Los niños del Arbat" o "Archipiélago Gulag"), y la vida en la Unión Soviética durante la época estalinista.