Este primer libro de la serie Tradición oral indígena de México — compuesta por cuatro volúmenes— se ocupa de los mitos: habla de un mundo caótico, que tomará su forma definitiva tras la salida del sol o después del diluvio. Los mitos son apenas unos cuantos y suelen seguir secuencias precisas. Se han separado como ciclos narrativos, donde se entrelazan distintas versiones. Por variables y contradictorios que parezcan a primera vista, muestran que existe una consistencia interna. Los mitos no dictan conductas morales: dan explicaciones. Contienen muchos subrelatos etiológicos: los participantes quedan marcados para siempre y se explica cómo fueron creados, nombrados, y por qué se comportan así. A veces estos fragmentos se desprenden y se convierten en cuentos autónomos. Otras, se trata de cuentos engarzados al mito. Los textos se reúnen aquí en ciclos, formados por textos semejantes que muestran la enorme similitud existente entre versiones procedentes de lugares distantes y lenguas distintas.
Poeta, narradora, traductora y socióloga. Estudió sociología en la FCPyS de la UNAM. Actualmente se dedica a estudios de narrativa oral, etnología y educación comunitaria, y es asesora de programas de atención a la población indígena. Ha sido profesora de la ENAH; editora y traductora de la serie de literatura y tradiciones orales indígenas publicada por la Dirección General de Publicaciones de la SEP, donde ha recopilado tradiciones indígenas para niños. Ha recogido y antologado cuentos otomíes, tzeltales, mixes, mixtecos, zapotecos, nahuas y mayas, así como mitos y leyendas de los huicholes. Ha sido colaboradora de Tiempo de Niños. Traductora de Anne Sexton, Mark Strand y Jack London. Participó en el programa Alas y Raíces del CONACULTA. Becaria de la Fundación Rockefeller y de la Fundación Cultural BANCOMER en 1993. En 1984 obtuvo mención honorífica y premio especial del Concurso Alfonso X de Traducción Literaria por su versión al castellano del libro de poesía Emblemas de Mark Strand.
Sabrosísimo recuento de distintos mitos de las muchas culturas indígenas mexicanas. El lector puede comparar entre distintas versiones para intuir que importaba más entre unos y otros. También es gracioso, por ejemplo, como algunas culturas robaban la imagen de Cristo y la incorporaban a sus propios mitos para convertirlo en una especie de zorro, o de conejo, o de mosca. No se recomienda su lectura para una sola sentada. La cantidad de información es tremenda y puede azorar al lector más experimentado. Pero sí está rico para una leída pausada, con mezcalito y cigarrillos a la mano.