Sequía. Miles de desplazados en busca de agua. Un país que colapsa. Las autoridades solo defienden los pocos lugares donde aún hay reservas. Los asaltantes pululan. Quince años atrás, un hombre lo perdió todo. Ahora trata de sobrevivir a solas en un paisaje árido en el que cada día parece ser el último. De pronto se encuentra con una joven agonizante. Para salvarla debe salir del territorio de la prudencia. ¿Le queda al hombre un resquicio de humanidad? ¿En qué acabará un mundo que se está acabando? Esta prodigiosa novela recrea un universo apocalíptico que es aterrador pues no está tan lejos de ocurrir. Aun así, los dos protagonistas de esta historia se quedan para siempre en la memoria del lector porque afrontan con fuerza las necesidades más extremas que alguien pueda padecer. El autor pone a prueba la condición humana de sus personajes en un escenario y un ambiente escabrosamente bien construidos. Una novela que dará mucho que hablar, ya que, además de la vigencia del tema, demuestra que su autor tiene un talento narrativo excepcional con el que promete seguir sorprendiendo.
Soy escritor, periodista y fotógrafo. Nací en Santa Marta, Colombia, y a la fecha he publicado cuatro novelas: Cuando Clara desapareció (2017), Mariposas verdes (2017, tres ediciones hasta la fecha), Ni un paso atrás (2014, dos ediciones formato bolsillo) y La sed (2013, siete ediciones en formato bolsillo).
Mi mantra personal es apostar por la creatividad y la innovación, y mi vida trata de seguir esa apuesta. Me gusta el cambio, el riesgo y probarme a mí mismo en todo sentido.
Antes de dedicarme a la escritura de lleno fui editor general y cultural en medios de mi país como los diarios El Tiempo, El Heraldo, las revistas Urbana, Diners, Eskpe, Plan B, DC (fundador), Semana y el Ministerio de Cultura, entre otros. Mis fotografías sobre el país y el agua han sido premiadas en los premios digitales The Bobs, y mis crónicas han sido galardonadas, entre otras, por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el premio Semana - Deutsche Welle de Periodismo Ambiental.
En España fui redactor durante una breve temporada en los diarios La Razón y Cinco días, y también trabajé en el Financial Times Deutschland. Ahora acabo un máster en Media Innovation en la universidad NHTV, en Holanda. También he trabajado en la creación de libros institucionales y fui director de comunicaciones de la Feria Internacional del libro FILBo 2014 – 2016. Mi novela La sed está en proceso de adaptación para desarrollo cinematográfico.
Como ven, el cambio es mi motor. Amor las entrevistas, las crónicas, las historias creativas y creo en el poder de la ficción para transformar la realidad.
Debo confesar que tan pronto terminé de leer el libro, fui a la nevera y me despache un gran vaso de agua. Creo que más allá de un mote promocional o de la intención de hacer agradable éste texto, o las razones evidentes del calor en la ciudad donde vivo, existe el inminente hecho de que Patiño logra su objetivo: trasmitir una sensación de impotencia, de la que realmente no estamos muy lejos de llegar, si el agua finalmente se extinguiera en el mundo. No falta quien diga que exagero, pero después de escuchar cómo se construyó la novela, hay que moverse un poco de la comodidad del mundo moderno.
En un escenario apocalíptico, descrito con las palabras necesarias y sin que sobre crudeza, Enrique Patiño presenta un texto duro y realista de algo que a pesar de tener muchas señales, aun no asumimos como una realidad. La gente se roba el agua, esa ya debería ser más que una alarma.
De origen periodístico, éste samario obtuvo el Premio de excelencia que entrega la SIP y el Premio Deutsche Welle al mejor reportaje ambiental, sólo por hacer dos menciones, es además fotógrafo, pintó durante alguna época y publicó también Ni un paso atrás, una biografía novelada sobre Luis Carlos Galán, un personaje que como él mismo sostiene, se sabe mucho pero poco se conoce.
“Haciendo un sobre vuelo sobre los llanos orientales encontré una imagen que me impresionó mucho, haga de cuenta esta mesa y un tamaño menor el cauce del rio, dije entonces, se nos están secando…” Sus manos largas se extienden y marcan en la mesa frente al público, la diferencia entre el tamaño del retablo y sus palmas que casi se tocan: “tengo esa imagen muy presente”. Inmediatamente se refiere a otra que el propio libro refiere:
“Vio, antes de cerrar los ojos, una bandada de plásticos que cruzaban el cielo. Era un espectáculo tan frecuente que por momentos olvidaba su existencia. Solo que ésta vez las bolsas raídas demoraron en la atmósfera, girando bajo un remolino súbito, y se detuvieron de repente ante la posterior pausa del viento. Como si fueran copos de nieve poluta comenzaron a caer lentamente, revoloteando sin destino, antes de que la leve brizna los arrastrara de nuevo hacia otros parajes. Calculó que eran unas cuarenta de ellas, azules y blancas en su mayoría” (página 33).
Estos nuevos pájaros que reemplazaron a los buitres y las alondras son el efecto devastador de un mundo que sin mesura ha renunciado a cuidarse a sí mismo y en el que un anciano, conformista con su existencia, decide afrontar más decididamente con la llegada a su espacio de una moribunda y de la forma en la que por más que luchen, estarán de vuelta en el mismo dolor.
“Esas bolsas azules con rayas blancas son muy populares, sirven para llevar de todo, compras una bolsa de leche y te daban una bolsa para la bolsa de leche y la gente siempre bota las bolsas. Recuerdo el espectáculo de las bolsas volando hacia el mar, luego me entero de que una buena parte de las razones por que las tortugas que llegaban a la bahía de Santa Marta ya no habían vuelto, es porque se comían las bolsas pensando que eran medusas y se atragantaban o morían”.
Dice Enrique Patiño que de ésta manera, con imágenes como estas y que se ven nítidas a lo largo del libro, fue construyendo la historia, casi que sin proponérselo, alimentándola de viajes, de fotografías, de reportajes y es un momento cuando observa una foto en particular de Sebastian Salgar, en la que se ve a una familia abandonando su casa en África porque ya no hay agua, que le llega el relato como una claridad impresionante y se sienta a escribir.
A pesar de que no se propuso hacer una novela ecológica o con una conciencia sobre el cuidado del planeta, ha logrado rápidamente que crezca entre un público que es muy agradecido y que de verdad le mete el diente al tema ambiental: los jóvenes. Ha registrado con alegría como ha pasado de voz en voz su texto, alcanzando ya una cuarta edición y que goza de una popularidad entre estudiantes y de comentarios muy reputados entre otros escritores. Confiesa que en la construcción de la novela a veces hizo pausas para que no sonara como “ey, hay que cerrar la llave” y se concentrara más el lector en una historia sobre la tragedia humana.
“Piensen por un momento que cosas tan sencillas como lavar los platos o ir al baño no se puedan hacer”.
Los personajes principales en la historia no tienen nombre, es innecesario cuando todos padecemos una tragedia, más sin embargo Dasnal, una especie de líder, muy similar a los mandatarios nuestros que son erráticos y se equivocan sin pudor ni descaro, si tiene uno y representa el poder.
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En un mundo apocalíptico donde el agua es escasa y predomina La Sed (2013), un hombre interrumpe su modo de sobrevivir para salvar a una joven. Juntos moldearán sus principios para adaptarse a la nueva realidad que está azotando al mundo. Este es el escenario que nos plantea Enrique Patiño en su novela.
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En este mundo apocalíptico, donde el agua es escasa y el gobierno, movido por sus intereses, almacena las pocas reservas que quedan, la sociedad se ha adaptado a que la moneda de intercambio y lo más valioso sea el agua. Los únicos sobrevivientes se dirigen al sur en busca del preciado líquido, excepto un hombre que, con su pequeño refugio en un llano desértico, ha logrado subsistir gracias a un pozo de agua.
Allí ha conseguido mantenerse, pese a las olas de calor y el plástico que quema. «Soy polvo, materia, desierto en expansión» Notamos cómo está en constante lucha por sobrellevar la soledad, la cual, junto a su pasado y todo lo que ha perdido en esta nueva realidad, apacigua, casi hasta apagar, su bondad. Se vuelve más fuerte, más tosco, para enfrentar los crudos días, aunque aún siente en el fondo algo de humanidad.
Desde lo más profundo de su ser, saca a la luz su humanidad para rescatar a una mujer que fue abandonada por una manada que, como todas, viajaba al sur. La encuentra casi muerta, la lleva a su refugio y logra salvarla.
Aunque sigue luchando con sus pensamientos sobre el bien y el mal, logra encontrar compañía en esta mujer, quien, al ir recuperándose, revela ser una persona bondadosa y caritativa.
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La cuarta novela de Enrique está plagada de metáforas sobre el agua, lo que nos ayuda a posicionarnos en ese mundo donde la escasez del líquido cambia a la humanidad por completo, sacando lo peor de la sociedad.
Siempre he estado convencido de que, cuando la sociedad está al borde del final, saca sus garras y lo peor de cada uno. Solo somos animales que no razonamos y volvemos a depender de esa escala social donde el más fuerte ocupa la cima de la pirámide, como ocurrió con aquellos que estaban armados y pudieron someter a otros para que siguieran sus órdenes a cambio de un poco de agua.
Nuevamente, quienes tienen dinero y poder pueden sobrevivir más tiempo en este escenario. Sin embargo, somos seres que se adaptan a todas las circunstancias, y sobrevivirá quien sepa gestionar mejor sus recursos.
Este es un libro interesante por su trama, especialmente por colocar al agua como ese Dios que condena con la sed y libera con sus sorbos. Cuando nos la quita, despierta en nosotros lo peor: nos convertimos en animales irracionales que solo buscan sobrevivir, y eso puede llevarnos a poner en juego nuestra moral.
Pero cuando nos la da, calma nuestra sed y nuestros deseos más primitivos. Y si tenemos aún más, despierta la avaricia; no queremos compartirla, y sabemos que controlando ese líquido precioso podemos convertirnos en nuevos gobernantes de esta nueva realidad.
Aunque es un libro muy pequeño y no se ve nada grueso hay momentos en los que sientes que no quieres leer más y los capítulos son bastantes cortos, sientes que falta demasiado para terminar el capitulo (para los que no podemos terminar la jornada de lectura si no es cuando ya finalizamos un capitulo). A pesar de ello es de esos libros con los que sientes que te cambio la forma de ver ciertas cosas, al inicio del libro eres una persona y cuando lo terminas eres otra completamente diferente. Trata temas evidentemente con la sed y la supervivencia, como la codicia del ser humano lo llevo a dañar lo único que tenemos, lo único que nos hace estar vivos. El problema más grande que tuve es que el escritor en muchos casos no sabe explicar bien lo que esta pasando entonces en una escena de acto sexual tu crees que ella lo esta matando por asfixia o que el se está muriendo, el autor muchas veces no sabe como explicar o más bien plasmar lo que piensa y quiere dar a entender.
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Enrique es un hombre que escribe con un montón de palabras que no conocía, es un libro interesante para leer, siento que toca un tema novedoso de una manera que te engancha desde el inicio, te muestra lo que es la desesperación y lo que sería vivir sin el apreciado líquido del agua. También toca los sentimientos humanos y como todos tenemos un poquito de todo. El libro habla de cómo otros perciben el mundo como aquella muchacha podría pasar al viejo con ternura en medio de su hosquedad. Hubiera sido interesante que contará la historia del pasado de los protagonistas. Les dejo algunas de las frases que más me gustaron:
-La solidaridad es algo que se ejerce con aliento, el amor al prójimo es algo que se hace cuando el corazón propio está colmado y ni siquiera eso permite la sed.
-Un nombre era sólo la acumulación de letras. Una fecha un número al azar en el tiempo. Lo que hacía distinto cada nombre era quién lo usará, y ya sin nadie, sin cuerpo, sin un ser que le pronunciara y se apropiara de él, un nombre era igual que un papel al viento.
- Piezas de dominio todos piensan que serán las últimas y, sin embargo, seguirán cayendo.
-Una frase que me mostró la desesperación fue "como proteger una flor para que no se queme en la hoguera. Cómo salvar una carta de las llamas una vez ha sido arrojada."
Qué impresión, qué desespero...durante todo el libro tuve sed, esa sensación de querer agua y no poder tomarla, debe ser agobiante, prefiero quedarme sin luz que sin agua.
Creo que más allá de mostrarnos un mundo apocalíptico en donde el agua escasea y hay pocos lugares en donde se puede conseguir, este libro es una clara visión de cómo nosotros como sociedad actuariamos en una situación así, nos matariamos, antes de que cualquier cosa nos mate a nosotros, acabariamos con el otro, deseosos de ser más que los demás, se nos olvida que somos lo mismo.
No estamos preparados para nada así y nunca lo estaremos como sociedad, ya que buscamos el bien personal antes del bien común.
Casi no leo autores colombianos pero no quiero que siga siendo así.
Ópera prima del escritor colombiano Enrique Patiño. El ambiente posapocalíptico está muy bien logrado: en el desierto, los migrantes sobrevivientes, los buitres y los acualtantes luchan por poseer el preciado líquido, cual si fuera Mad Max pero en territorio latinoamericano. Las imágenes de las bolsas plásticas en medio de la nada te quedan fijadas en la mente.
Excelente libro en el que Enrique Patiño nos muestra un escenario que para muchos puede parecer diatónico y muy alejado de la realidad pero en verdad es algo que podría suceder más rápido de lo que pensamos. Lo leí cuando tenía 12 años y lo he releído unas 5 veces. Podría decir que está en mi top 5 de libros favoritos.
Si la trama de por si es regular la relación de ambos personajes la caga aún más, tenia potencial y l historia de fue do los secuestraron es interesante, solo que habían ciertas partes irrelevantes, de igual forma representa un posible futuro pero no exactamente igual, ya que dudo que halla gente así de amable en un futuro y la capacidad de sobrevivir así de fácil. En fin, muy regular.
La impresión y la preocupación fueron casi que las dos únicas cosas que pude sentir al ir página tras página. Es un excelente libro, definitivamente nos da mucho que pensar pues es un futuro tan probable que aterra siquiera leer su resumen. ¿Qué será de la humanidad cuando ya no haya ni control ni agua?