Alejandra Pizarnik a vingt ans lorsqu’elle publie en 1956, à Buenos Aires, son deuxième livre de poèmes, La dernière innocence. Vite elle décidera de le considérer comme son premier et il figurera toujours en tête de sa bibliographie. Si La dernière innocence n’est pas son tout premier livre, c’est celui avec lequel elle veut débuter et entrer en poésie : elle va au bal avec Rimbaud : « La dernière innocence et la dernière timidité ! C’est dit ! Ne pas porter au monde mes dégoûts et mes trahisons » (in « Mauvais sang », Une saison en enfer). C’est alors son programme sans être un manifeste, tout en ayant des couleurs surréalistes comme elle n’en aura guère plus tard.
Born in Buenos Aires to Russian parents who had fled Europe and the Nazi Holocaust, Alejandra Pizarnik was destined for literary greatness as well as an early death. She died from an ostensibly self-administered overdose of barbiturates on 25 September 1972. A few words scribbled on a slate that same month, reiterating her desire to go nowhere "but to the bottom," sum up her lifelong aspiration as a human being and as a writer. The compulsion to head for the "bottom" or "abyss" points to her desire to surrender to nothingness in an ultimate experience of ecstasy and poetic fulfillment in which life and art would be fused, albeit at her own risk. "Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo" (If I could only live in nothing but ecstasy, making the body of the poem with my body).
¡Pudiera ser tan feliz esta noche! Aún quedan ensueños rezagados. ¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces! ¡Y mis pocos años! ¿Por qué no? La muerte está lejana. No me mira. ¡Tanta vida Señor! ¿Para qué tanta vida?
“¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces! ¡Y mis pocos años! ¿Por qué no? La muerte está lejana. No me mira. ¡Tanta vida Señor! ¿Para qué tanta vida?”
este extracto de NOCHE me ha encantado, refleja bien uno de mis pensamientos más frecuentes como lo es el tiempo y la cantidad de cosas por descubrir, qué aunque vivamos mucho tiempo nunca será suficiente para abarcar todo, los libros, la música, las cosas que te hacen sentir viva y amar un poco más la vida.
Now if you wouldn't mind, I would like it blew and if you wouldn't mind, I would like to lose and if you wouldn't care, I would like to leave and if you wouldn't mind, I would like to breathe
Amo cómo perdí la capacidad de leer prosa. Me ponés a pensar una oración de un buen cuento y se me hace un cortocircuito. Pizarnik teen pero no tan clueless. "Solo un nombre" y el poema para Emily Dickinson me encantan muchísimo. Esta lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra alejandra no lo niegues pero arremete, viajera!
La bibliografía, llamémosle, "oficial" de Alejandra Pizarnik (ya sin ningún otro nombre estorbando por ahí) inicia en La última inocencia (1956), publicado un año después. Muchas cosas, para bien, cambian en la escritura poética. Es un libro de indicios. Ya se empieza a leer una voz profunda y definida. Ante todo, hay cambios en la sintaxis de los versos. Desaparecen esas construcciones vanguardistas que, en mi opinión, descomponían muchos de los textos de ese primer libro de juventud. En estos textos, Pizarnik parece ya encaminarse a una manera, tan personal, de construir poemas sobre el desamor, el dolor y, sobre todo, la infancia. Aquí se hace presencia ya su tan genuina manera de nombrarse la enamorada del viento, la extranjera, la infante, etc. Podría decir, entonces, que es en esta propuesta donde Pizarnik inventa su personaje alejandrino, del que hablan sus biógrafos con divergentes resultados. Sus primeros libros agotan, por cierto, el tema de la niñez y el germen de ese genuino sentido de la inocencia, que se pierde frente a los peligros de la vida nace en estos poemas.
También en La última inocencia se manifiestan ya algunos versos de una increíble potencia verbal y poética, impresionantes considerando que solo ha tenido la autora un año de formación. La búsqueda de esa voz intimista regala dulces frutos: "el navegante en el horror de la civilización / que purifica la caída de la noche" ("Salvación"); "los suspiros del mar / Humedecen las únicas palabras / Por las que vale vivir" ("A la espera de la oscuridad"). Asimismo, aparece uno de sus poemas más conocidos, el cual lleva su nombre: "alejandra alejandra / debajo estoy yo / alejandra".
Ahora bien, dentro del panorama de la poesía de su tiempo (y de las obras posteriores de la misma autora) es un libro que propone más bien poco, un libro aún verde. También me pareció una experiencia muy corta, incluso de mayor brevedad que La tierra más ajena. Pero su aparición bastó para llamar la atención de los grupos literarios vanguardistas de su tiempo. Dicho acontecimiento literario en su biografía la motivó suficiente para publicar la que sería su primera gran obra: Las aventuras perdidas.
Pizarnik tenía veinte años, si no me equivoco, cuando publicó este tercer poemario. su candidez pareció atardecer, su inocencia última llegó, y la muchacha, la mujer solitaria, la enamorada, comenzó a equiparar su existencia con la del navegante en el horror de la civilización. qué aterrador es darse cuenta que la vida pesa y los tormentos se enciman unos sobre otros; qué devastador cuando la tristeza es tal que el existir se siente más como una lúgubre manía de vivir y todo marchita; qué sensación tan hecha de la más delicada crudeza es la de estar cansada de la espera del yo de paso / cansada de aquel amor que no sucedió / cansada de mis pies que sólo saben caminar. la verdad que no tengo ni la menor idea de qué mundo vio la Pizarnik de los ojos abiertos, pero ahorita, aquí, pasada mi segunda decena, entiendo su cansancio, y su querer desearle buenas noches a la noche, y su deseo de querer saberse viva pero sin la vulnerabilidad de reconocer que la muerte es parte de la vida, y sus remordimientos, y sus preguntas, y sus miedos, y sus ansias de partir; entiendo cuando su voz poética dice: la vida juega en la plaza / con el ser que nunca fui, y entiendo cuando se desdobla y se habla a sí misma: hoy te miraste en el espejo / y te fue triste estabas sola. entiendo lo que ella supo escribir y yo no. la vida llega a doler tanto; no hay consuelo para esa verdad. por eso me pregunto, ¿cómo volver al candor? ¿cómo regresar a la edad de la ingenuidad? ¿cómo escarbar el propio nombre y encontrarse? ¿cómo buscar la vida, amparar la ternura con ternura? ¿cómo buscar la vida que va más allá del cansancio? muchas, muchas, muchas preguntas. y al final puedo decir que yo te entiendo alejandra, más cuando no te entiendo pero siento que me entiendes porque surge el entendimiento más allá del entendimiento entre la que fuiste y la que soy.
«Ese instante que no se olvida Tan vacío devuelto por las sombras Tan vacío rechazado por los relojes Ese pobre instante adoptado por mi ternura»
Leo con más claridad una voz propiamente suya, que utiliza el mundo y sobretodo la noche para hablar de si misma de si misma de si misma.
Encuentro todavía más tristeza, que supongo que sería la eterna compañera de vida para ella. Todo es cansancio. Son solo 20 años, y ya la vida se le hace larguísima. "(...) Tanta vida señor, ¿Para que tanta vida?"
Y la muerte sin embargo se muere de risa, y ella esperando. "(...) He de partir no más inercia bajo el sol no más sangre anonadada no más formar fila para morir. (...)
Pero arremete, ¡viajera!"
A los 20 años a mi también la vida se me hacía larguísima, no encontraba mucho más que silencio alrededor. Ella le pone a ese silencio palabras que arrastran.
Es poeta de la tristeza, y continuamente del amor. De la búsqueda, supongo, que es el amor a la tristeza.
"(...) Dile que los suspiros del mar Humedecen las únicas palabras Por las que vale vivir. (...)"
Estamos ante una Pizarnik todavía joven pero ya madura. En este poemario continúa muy anclada al surrealismo de su primera etapa, al que introduce elementos novedosos, más reflexivos y tan agónicos como siempre en su obra. La capacidad de esta poeta para desnudarse y reflejar sus temores y contradicciones es realmente admirable, así como su ingenio y facilidad para holar versos. A medida que el libro avanza se va pareciendo más a la Pizarnik canónica y deja la puerta abierta a nuevas, angustiada, pero apasionantes lecturas.
《Se fuga la isla Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta Ahora es el fuego sometido Ahora es la carne la hoja la piedra perdidos en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilización que purifica la caída de la noche Ahora La muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía.》
《Cansada del estruendo mágico de las vocales Cansada de inquirir con los ojos elevados Cansada de la espera del yo de paso Cansada de aquel amor que no sucedió Cansada de mis pies que sólo saben caminar Cansada de la insidiosa fuga de preguntas Cansada de dormir y de no poder mirarme Cansada de abrir la boca y beber el viento Cansada de sostener las mismas vísceras Cansada del mar indiferente a mis angustias ¡Cansada de Dios! ¡Cansada de Dios! Cansada por fin de las muertes de turno a la espera de la hermana mayor la otra la gran muerte dulce morada para tanto cansancio.》
Es muy difícil calificar un libro de poesía porque cada vez que se leen son distintos. Yo me quedo con esto:
"Cansada del estruendo mágico de las vocales Cansada de inquirir con los ojos elevados Cansada de la espera del yo de paso Cansada de aquel amor que no sucedió Cansada de mis pies que sólo saben caminar Cansada de la insidiosa fuga de preguntas Cansada de dormir y de no poder mirarme Cansada de abrir la boca y beber el viento Cansada de sostener las mismas vísceras Cansada del mar indiferente a mis angustias ¡Cansada de Dios! ¡Cansada de Dios! Cansada por fin de las muertes de turno a la espera de la hermana mayor la otra la gran muerte dulce morada para tanto cansancio."
"Los estados de angustia impiden sentir la poesía. Me refiero a la ingustia que produce el fracasar en los intentos de comunicación con los otros. Una queda reducida a la espera. No. Espera, no. O tal vez sí. Una espera la llamada de afuera. Solo es posible vivir si en la casa del corazón hay un buen fuego. Dentro de mi pecho tiene que estar la morada del consuelo, quiero decir, de la certeza. Solo entonces se vive la poesía, que parece estar reñida con la enajenación."
«Oyes la demente sirena que lo robó El barco con barbas de espuma Donde murieron las risas Recuerdas el último abrazo Oh nada de angustias Ríe en el pañuelo llora a carcajadas Pero cierra las puertas de tu rostro Para que no digan luego Que aquella mujer enamorada fuiste tú»
Esa parte del poema "La enamorada" me hizo acordar a la canción de "En el muelle de San Blas", este poema me transmitió la misma melancolía y pasión (hablando de la capacidad de amar) como lo hace la canción. Es uno de mis poemas favoritos.
Esta parte de Pizarnik me fascina, donde se duele, se sufre, pero también se habla de la vida. Para mí la última inocencia representa el paso de ser niño a la vida adulta, esa última inocencia que queda en la plaza de los parques, en las memorias. Es un poemario muy nostálgico. También persiste el tema de la vida y muerte muy presente en sus poemas y esa oda a ella misma, ese resaltarse pero disminuirse, una dualidad de pensares.
Mis poemas favoritos fueron: Noche, solamente, a la espera de la oscuridad, balada de la piedra que llora, siempre, solo un nombre.
Pizarnik. Esto libro se define con su nombre, ella misma lo utiliza varias veces en los poemas que contiene. Este se convierte en el "libro a superar". Es su tercero, pero no sé qué pasó entre los años de publicación para que el estilo cambie tanto. Llegué a lagrimear con dos de los poemas que hay acá: "La enamorada" y "A la espera de la oscuridad". Espero que desde acá los libros sean una línea para arriba; aunque ya me quedé enamoradísimo con este.
Pizarnik trata acá (como creo que trata siempre) la muerte y la vida, más la muerte que la vida, porque está más cerca y acecha, pero no agazapada, sino que se muestra, sin sigilo, triunfante, se anuncia, antes de tiempo, aunque nunca hay antes, porque en ella se olvida la anécdota que la precede, porque sabe que todo, siempre, termina en ella.
ME GUSTÓ MUCHO MUCHO Y ME PUSO LOS PELOS DE GALLINA RIBER JUAS JUAS
la vida juega en la plaza con el ser que nunca fui y aquí estoy baila pensamiento en la cuerda de mi sonrisa y todos dicen esto pasó y es va pasando va pasando mi corazón abre la ventana vida aquí estoy mi vida mi sola y aterida sangre percute en el mundo pero quiero saberme viva pero no quiero hablar de la muerte ni de sus extrañas manos.