Este es un libro sobre Alex, un niño de Honduras que vive en la calle. Mentiría si les digo que lo disfruté, porque me mostró (otra vez) la cruda realidad a la que también se enfrenta mi país. Honduras está ubicado al oeste de Guatemala (que es donde yo vivo), y si comparas, te darás cuenta de que sus situaciones son parecidas.
La historia comienza con Alex contándole a sus perros sobre el día en el que se escapó de la casa de su tía (que es donde él vivía). Había entrado en el cuarto de ella, había tomado las fotos de sus padres y había salido a quemarlas en el patio en un arranque de furia, para luego irse a vivir en la calle, donde nadie se acordara de sus progenitores.
Después la historia cuenta cómo nació, y el momento en el que su madre dio señales de horror y casi de desprecio al ver que el bebé tenía las orejas llenas de pelo, como las de un perro. Aunque después el pelo se cayó y sus orejas se volvieron normales, sus hermanos seguían burlándose de él. Cuando Alex cumplió cuatro años, su mamá le abandonó y se fue a los Estados Unidos. Él soñaba con que ella regresara. Todos los días miraba a la puerta para ver si ella llegaba, y también iba con su perro a la estación de buses por si aparecía, pero ella no regresó hasta que él cumplió seis años, y, además sólo fue para vender alunas propiedades y luego regresar a USA, llevándose a todos sus hijos menos a Alex. "Tú no puedes venir", le dijo, aunque el niño hizo EL berrinche para que lo llevara con ella.
Y después, para terminar, en unos años, su papá también se fue, dejándolo en la casa de su tía. Ella era amable con él, y no le pegaba, pero él se sentía como en la casa de unos extraños. En fin, un día conoció a otro niño al que apodaban "El Rata", que le dijo lo bueno que era vivir en la calle, y, después de unos cuantos acontecimientos, lo escuchó y se largó.
Trato de no juzgarlo. De verdad, hice mi mayor esfuerzo para ser comprensiva.
En las siguientes páginas, el libro narra las "aventuras" (aunque yo usaría la palabra "desgracias") de Alex en la calle.
Por cierto, al niño le dicen "DogBoy" porque siempre está acompañado de sus perros (lean la historia para ver cuándo los consigue).
Los personajes son reales. Y cuando digo "son reales" me refiero a que esta es una historia BASADA EN HECHOS REALES, lo cual la hace aún más cruda todavía.
Alex me desesperó en algunos momentos. Como ya dije, traté de entenderlo porque era joven,inocente, y con un obvio desequilibrio emocional, pero hubo un punto en el que simplemente dije "niño, ¿qué estás haciendo?"
Por ejemplo, cuando se escapó de la casa de su tía. Si la señora no lo trataba mal, entonces hubiera podido mostrarse un poquito agradecido, poner más empeño en sus estudios y luego largarse de allí lo suficientemente preparado para un buen trabajo. Me digo a mí misma que él no estaba 100% consiente de lo que hacía, y de que estaba herido y eso lo hacía actuar de esa manera. Pero aún así, me molestó.
Luego está otra parte en el que se escapa de un refugio en el que lo acogieron. Tonto, tonto, tonto. Allí sí soy incapaz de justificarlo. Pero en fin.
Me parece que la narración pudo ser mucho, mucho mejor. Además de que constantemente me pasé señalando lo que yo considero errores de redacción, aunque trato de no criticar tanto(al menos en la parte de la narración), porque la escritora tuvo que valerse de los testimonios del del niño (que en la vida real no se llama Alex).
Drogas (pegamento, específicamente), miedo, hambre, hombres que venden a los niños pobres, trabajos no tan buenos, el estar indefenso en medio de un mundo en el que sales de un peligro y ya entraste en otro, y la lista sigue y sigue...
Léanlo. Por favor. Es un libro que habla de la realidad en la que vive nuestra sociedad, al menos, en Honduras y (aunque me duela), también en Guatemala.
*Otro review diferente*
Aquí pondré mi opinión sobre el segundo libro de Alex Dogboy: Alex Dogboy , El Tercer Amor.
Después de dos decepciones (bueno, tampoco es que hubieran llegado a algo si lo pensamos bien, pero como sea) amorosas, Alex conoce a una tercera chica, llamada Zofi. En este libro, seguimos viendo el mundo “de la calle”, de un Alex más mayor, y también vemos cómo se ha adaptado a su estilo de vida. Les pondré un pedacito de la contraportada:
“Alex llega a la edad del amor, de los amigos más cercanos, de entender mejor que una vida bella es posible en medio de la pobreza, de querer tener un hijo para poderlo abrazar con el cariño que sus padres le negaron al dejarlo abandonado en las calles de Comayagüa”
Y hasta aquí llegó mi lado comprensivo (y miren que me duró bastante). Es un buen libro. Sigue mostrando la realidad de las sociedades que se encuentran en Honduras, en Guatemala, y no dudo que en una buena parte del resto de los países. Sigo pensando que la narración podría mejorar muchísimo, pero tomando en cuenta las circunstancias, es algo aceptable. Entonces, ¿por qué me enojé tanto al leerlo?
Simple. Alex. Zofi. La realidad. Estoy molesta con todos ellos. Muy molesta.
Al leer este libro, creo que me enfoqué más en las personas que en sus situaciones. Por supuesto, tomé en cuenta cómo la situación afectaba en la persona, pero después del primer libro, estuve lo suficientemente “en ambiente”, para pasar a analizar otra cosa de los personajes: la mentalidad.
Quizás por eso estoy tan… enojada. Porque son mentalidades reales. Que existen, están en todos lados. También es la falta de…, no sé cuál es la palabra. “Sentido común”, quizás. La falta de sentido común me molestó.
No sé exactamente cómo comenzar. Iniciaré con Alex.
Alex, Alex, Alex… Uno pensaría que después de tantos años viviendo en el peligro aprendería algo. Pero obviamente no es el caso. Al principio del libro, tiene un “flechazo” casi instantáneo por Margarita, una niña que conocimos en el libro pasado. En este libro, después de salvarla de un destino horrible con otro de los personajes del libro pasado, Margarita le cuenta que se va de la capital a vivir con unos familiares, y que, demás, está enamorada de su primo. Ente eso y otras cosas (una buena cantidad de acontecimientos), Alex se deprime, entonces uno de sus amigos tiene la magnífica idea (estoy siendo sarcástica aquí) de ir a una discoteca, y allí él conoce a Zofi, una muchacha de pelo café y boca tierna que también tiene una historia difícil. Bailaron, y salieron juntos de la disco. Entonces Alex le contó uno de sus secretos, y ella hizo lo mismo. Después, como si se conocieran de semanas en lugar de sólo conocerse de (a lo sumo) una o dos horas, él piensa que “nunca había conocido a nadie como ella” y después, que “le diría que se podía ir con él a su casa y dormir allí. Pero primero la iba a besar”.
What. O sea, ¡dos segundos de saber su nombre y está pensando en decirle que se vaya con él! ¿Y no estaba triste hace uno o dos capítulos porque el otro amor de su vida se iba? Zofi podría ser una secuestradora, maniática, loca (que la edad no los engañe, es posible que hayan de esas, aunque sólo sean adolescentes). No sé si reírme o qué ante esto porque simplemente parece un chiste. Pero antes de que a nuestro brillante amigo se le ocurriera abrir la bocota, unos hombres empiezan a pelearse y llegan los policías, y de paso se llevan a Alex sólo porque estaba allí cerquita viendo y tenía aspecto de “yo-soy-delincuente-arréstenme”.
Mientras está en la comisaría, alguien le lleva comida. Cuando sale, se da cuenta de que había sido Zofi. Se pone feliz y contento, y después la lleva a conocer la ruina en donde vive. Y ya se toma libertades, como abrazarla y besarla. Y ella le corresponde. Y se queda con él. Y el capítulo termina en “Cuando salieron [del “cuarto” de Alex], los dos estaban sonrosados y tenían el pelo alborotado”. No sé si yo tengo una mente pervertida o qué, pero a mí eso me sonó a que tuvieron relaciones. Y me molesta.
Como dije, después de tanto tiempo en la calle Alex debería de haber aprendido algo, como, no sé, LOS DESCONOCIDOS SON PELIGROSOS, u otra cosa parecida...
Y Zofi. Cuando leí eso, lo único que pude pensar fue, “Zofi, cariño, ¿eres idiota o eres idiota?” "¿Es que tus constantes encuentros con pervertidos borrachos asquerosos no te han enseñado nada?”, porque simplemente no lo entiendo. ¿Cómo te vas con alguien que conoces de unas horas? ¿Cómo, en el nombre de todo lo sagrado, te vas con alguien que conoces de unas horas, y que además, arrestaron en tu cara? ¡¿Cómo?! O sea, no lo comprendo. Y después, para terminar de fastidiarla, se acuesta con él.
Y luego está la gota que colma el vaso. Viene Alex y sale con LA idea más estúpida de la vida. Quiero decir, hay ideas estúpidas y luego está esta.
“Quiero tener un hijito para abrazarlo”
Una cosa es que sienta que el amor de su vida sea una tipa de la que apenas sabe nada y que además, acaba de conocer. Pero otra MUY diferente, es plantearse la ridícula idea de tener un bebé con ella.
Debería de aclarar, que yo no estoy en contra de que la gente tenga hijos. Por mí está perfecto. Pero antes, la gente debería de pensar si está en condiciones de darle una vida digna al niño.
En Guatemala, uno de los mayores problemas es la desnutrición crónica (no contemos el abandono, o el abuso, porque si no nunca terminamos), y supongo que Honduras no está mejor. Entonces, ¿en qué está pensando Alex cuando tiene la brillantísima idea de traer un bebé al mundo? Respuesta: en nada. No está pensando. Entiendo que esté necesitado de amor y que quiera una familia porque ha tenido una vida difícil. PERO TAMPOCO HAY QUE SER TAN…, tan egoísta. Tan irresponsable. Tener un hijo no es un chiste, y él lo único que hace es fantasear, no se pone a pensar en lo que implica, y, sí, me molesta.
Y no quiero dar a entender que hay que ser rico para tener niños. Pero, desde mi punto de vista, ser papá implica querer, criar, cuidar, Y MANTENER al bebé.
Digamos que Alex no es un adolescente bastante ignorante que apenas si está en medio de la pubertad. Aún así, ¿qué le puede ofrecer al niño? ¿Cómo pretende cuidarlo, si todavía no puede consigo mismo? Con eso me refiero a que no tiene un trabajo fijo, vive en una ruina, apenas tiene para comer, y la lista sigue y sigue… Y, teniendo en cuenta lo mucho que ha sufrido, uno diría que por lo menos querría evitarle eso a sus hijos.
Tener un bebé es una inversión. ¿Qué pasa si es un embarazo de riesgo? ¿Qué pasa con el parto? ¿Con la ropa del bebé, con su comida? ¿Qué pasa si se enferma? ¿Si necesita medicinas? ¿Y cuando crezca? ¿Qué pasa con su educación? ¿Y si se quiebra un brazo, o tiene un accidente?¿Y si es una niña, y la violan en la calle? EL HIJITO NO ES SÓLO PARA ABRAZARLO.
Y sí, puede que él sea sólo un adolescente, pero yo también lo soy (y más joven que él) y me parece una ridiculez. Un acto egoísta e insensato, irresponsable y sin un ápice mínimo de sentido común.
Otra cosa que siempre odié de Alex es que era conformista. Y por eso estaba como estaba. Y una gran parte de los jóvenes de hoy en día son igual de conformistas que él. Así que no es sólo es el mal gobierno el que nos hace países tercermundistas, sino que también nosotros, que preferimos quedarnos en la comodidad de no hacer nada mientras nuestra sociedad se hace pedazos frente a nosotros.
Me da rabia y me entran ganas de llorar leyendo este libro, porque me doy cuenta de, al igual que Honduras, mi país está mal. La realidad es horrible, y empeora por la mentalidad completamente irresponsable y desentendida que tenemos.
El libro sigue, y cuenta cómo Alex y Zofi siguen pasando por muchas cosas. Cada vez que parece que van a finalizar sus problemas, todo vuelve a enredarse. Aunque, al final del libro, todavía queda algo de esperanza.
Aunque, en mi opinión, fue una esperanza 100% conformista (sí, para mí eso existe), pero eso es sólo un problema mío, porque Alex me cae terriblemente mal (eso tiene que ver con que no soporto a la gente irresponsable, por más adolescente-abandonado-con-buenas-intenciones que sea.
Lean el libro.
P.D. Esto es más una crítica social que una reseña. Pero necesitaba sacar mi frustración en algún lado. xDD