Nació en Tijuana, Baja California, el 2 de septiembre de 1974. Ensayista, novelista, poeta y traductor. Estudió Filosofía en la Universidad Autónoma de Baja California, en donde se ha desempeñado como profesor de teoría crítica en la Escuela de Artes y la de Humanidades.
Traductor de Jerome Rothenberg. Ha colaborado en publicaciones mexicanas y estadounidenses como Alforja, Cross Cultural Poetics, El Ángel del Reforma, Generación, La Jornada Semanal, La Tempestad, Rattapallax, Replicante, Shark, y Tripwire. Becario del FOECA-Baja California, como creador con trayectoria, 2002, y del FONCA, 2003-2004. Primer Lugar en el Concurso Regional de Poesía del Noroeste. Primer Lugar en el Concurso Literario del Noroeste de Ensayo. Primer Lugar en el Concurso Estatal de Ensayo 2000. Premio Nacional de Ensayo Abigael Bohórquez 2001. Premio Estatal de Periodismo Cultural 2004. Mención Honorífica en el Concurso Binacional Bilingüe de Poesía Pellicer-Fros/Frontera-Ford, de la Fundación Ford, 1998. Premio Nacional de Ensayo Literario Malcom Lowry 2009 por Sin ninguna palabra entre nosotros. Viajes, vestigios y visiones mexicanas de Jerome Rothenberg.
El personaje mexicano por excelencia es el macho mexicano. Y no lo digo porque en México los varones sean más machistas que en otros países (eso, por desgracia es universal) sino porque la idiosincracia de los hombres mexicanos viene muy acompañada con eso de ser, ¡muy macho! (así, con signos de exclamación). Ahora imagínense lo que es el norte. El norte mexicano es aún más ese personaje, el macho aumentado al 10, porque ¡arriba el norte!
El personaje-narrador, de esta historia es un norteño, escritor, académico, que "sale del clóset" al reconocerse deseando a otros hombres. Tuvo, en pasado, una relación con una mujer, pero ya eso quedó atrás. Empieza un juego con la forma del libro que me gusta mucho. Habla sobre el juego entre géneros, y juega con el paralelo de ser heterosexual, o gay, o hacer poesía, ensayo, o novela, romper las formas en todas las direcciones. El libro se pasea entre todos los géneros, entre el querer o no ser gay, entre el penetrar o ser penetrado. Al final de cuentas está contando el amor, (o la ausencia de el amor, el invento de su existencia que nos hacemos) Y me gusta su forma desencantada de tomarlo hacia el final del libro.
Los 41, por lo que dice Yépez, (Yo no lo sabía de ese episodio, y buscaré más) "En México, guarismo 41 es la cantidad con que se identifica a los homosexuales. Esto se debe a que en 1901 la dictadura de Porfirio Díaz llevó a cabo un redada en que fueron arrestados 41 aristócratas junto con sus novios en un gran baile travesti, una reunión clandestina..." y el número de capítulos es 41, en donde te deja con la sensación, y él se queda con la misma, de que es una historia trunca, pero así es, porque tenían que ser los 41 capítulos. Me encantó.
"El amor nos preparó para la virtualidad y el cibermundo. Comenzó, desde hace siglos, a habituarnos con la ruptura de la realidad e imaginar al cuerpo del otro a través de la distancia, así como a desvanecernos nosotros y desvanecer a los otros." (esto me hizo pensar en “Eros de Bittersweet" de la maravillosa Anne Carson)
"Conviene, pues, que haya cierto flujo, que los géneros se mezclen. Ello da diversidad. Hay que ser intensa, completa, y eternamente intercambiables. El intercambio otorga nuevas cosas que hacer o algo que recordar. Las memorias, esa propiedad privada en que convertimos el tiempo."
Una excelente novela de Yépez sobre los piensos de un ex-profesor mexicalense en torno a su homosexualidad y su relación con un joven. Un libro inteligente y crítico, criminalmente poco leído.