Muy buena novela. Corta, sencilla, pero a la vez muy profunda. En ella Sender recupera el impacto de la República y la Guerra Civil Española en el nivel más micro, más local, en el que podría ser cualquier pequeño pueblo de España.
Requiem narra la vida de un joven del pueblo, Paco el del Molino, a través de los recuerdos del cura local, Mosen Millán. En su infancia, siendo monaguillo de Millán, Paco presenció una extremaunción a uno de los habitantes más pobres de la ciudad, lo cual le impactó profundamente y forjó su conciencia social. Más adelante, en la etapa de la Segunda República, llegará a ser alcalde e intentará promover la reforma agraria en la zona, despertando las resistencias conservadoras de los favorecidos por una tradición y un status-quo de cientos de años. Finalmente, el estallido de la guerra civil terminará con su vida a manos del bando nacional. Mosen Millán, tal vez sin quererlo, tiene gran responsabilidad en dicha resolución de la historia.
De hecho el cura tuvo siempre una relación muy directa con Paco, y se puede decir que sus acciones influyeron profundamente en el discurrir de su vida, en todo sentido. Póstumamente, convoca a una misa de Requiem en su honor, a la que no asiste nadie salvo los que fueron los enemigos de Paco quienes a su vez, se ofrecen a pagarla. Mientras se convoca a la misa con el sonar de las campanas de la iglesia, Millán recuerda, y es a través de esos recuerdos que conocemos la vida de Paco.
Esta forma de narrativa en dos tiempos hace al libro muy interesante y dinámico. Solo al principio cuesta un poco ya que se presenta la ambientación y se insiste un poco más en los elementos litúrgicos. Pero a medida que la historia se desarrolla se va volviendo cada vez más atrapante e interesante, llena de elementos simbólicos que invitan a reflexionar y con giros argumentales tremendos. Sin duda es un libro que va de menos a más y que en apenas 100 páginas, consigue plasmar muchísimo. Eso yo creo que es un gran mérito por parte del autor.
Sender es muy crítico no solo del orden social imperante sino también del rol social e ideológico de la Iglesia como institución. Se pregunta donde está la verdadera justicia. ¿Existe la justicia divina? Si bajo la ley divina todos somos hermanos, ¿Por qué algunos viven llenos de privilegios mientras otros no pueden alcanzar ni lo más básico? El problema de la tierra, también en cierto momento se instaura como central. El libro, escrito en 1953, es una punta de lanza de crítica y resistencia en un momento de plena restauración católica promovida por la dictadura franquista.
A su vez, el autor consigue reproducir muy bien el universo simbólico que podría ser el de cualquier localidad pequeña del territorio español. Esos pueblos en los que todos se conocen entre sí y saben qué rol juega cada uno dentro de la comunidad. Esos pueblos llenos de silencios, en los que se habilita y perpetúa un orden social determinado por tradición, donde es difícil querer cambiar lo que ya es así desde hace mucho tiempo. La juventud, la ciencia, las nuevas ideas, son resistidas, a veces hasta inconscientemente, por los miembros de la comunidad, quienes conocen sólo un determinado orden y pugnan por mantenerlo como una forma de autodefensa.
Hacia el final, se lee de forma muy cruda el impacto de la violencia propia de la guerra civil, que sacude por completo al pueblo y da a la novela un tinte lúgubre. En cierta forma hay una desproporción. Paco promovía, tal vez, ideas nuevas para ese universo simbólico de la comunidad, pero siempre perteneció a él. En ese sentido es interesante el rol de la Iglesia traslucido en la figura de Mosen Millán. Una y otra vez, la Iglesia (al igual que el pueblo) calla. Y traiciona. Quizá sin quererlo, pero lo hace, en pos de ese aparente orden divino ya preconcebido. No hay que ser injusto con Millán, pues él quería a Paco. Pero ante la disyuntiva entre lo humano y lo divino, optó por lo segundo. La pregunta fundamental que se instala es esa: ante un mismo hecho ¿Qué hacemos? ¿cómo reaccionamos frente a él? ¿qué decidimos?
Simbólicamente, toda la obra tiene muchas reminiscencias religiosas, al punto que la historia de Paco podría asimilarse a la historia de Jesus. Querido por el pueblo, justo, traicionado, sacrificado por el ideal de querer favorecer a sus hermanos. No he profundizado demasiado en este aspecto por mi propio desconocimiento, pero es notorio que Sender aprovecha una simbología muy cotidiana, dada por sentada en el universo socio-ideológico del lector español. Otra dualidad en juego es, en torno al problema de la tierra, qué vale más, si la dignidad, la vida o la propiedad privada. La preocupación final de Paco es saber si ha matado o no, y si su familia vivirá.
Creo que se le podría seguir sacando el jugo a este libro, yendo más al detalle, a la profundidad de algunas escenas y personajes en particular. Pero a modo general, creo que estas serían las reflexiones más importantes que se desprenden de mi lectura. La verdad, un excelente libro, que recomiendo sin dudarlo.