Es una novela post-apocalíptica dónde Amigorena lleva más allá este modelo narrativo y lo convierte en el canto del cisne del ser humano. El narrador, que escribe en primera persona, es el último ser humano. Jamás otro ser humano se ha visto frente a semejante soledad y sin embargo la voz narrativa, que es una de las principales cualidades de la novela, resulta serena y modulada, a pesar que también aborda hechos atroces y perturbadores, a pesar que narra la catástrofe definitiva de la especie humana, transmite mucha paz. Sospecho que en última instancia de lo que, habiendo buscado el caso más extremo, habla es de aceptar la soledad e, imaginando la aniquilación de la civilización, la reconciliación con la naturaleza.
Esta novela la adquirí en 2022, cuando la pandemia del Covid todavía coleaba y condicionaba muchos de los actos del día a día. A Amigorena ya lo conocía a través del cine, justamente lo que me llamó la atención fue que el argumento de la novela me recordaba fuertemente a la película italiana "Last words", de temática post-apocalíptica. Y tanto que me recordaba a esa película. Tanto es así que dicho largometraje es una adaptación de esta novela. Había olvidado por completo que se partía de un libro. Decir que novela y largometraje tienen ciertos puntos en común, en grandes rasgos sí son similares, pero su parentesco es bastante lejano. Tras leer la novela y comprobar dichas diferencias, en cuanto caracterizaciones de los personajes, situaciones y contextos, la verdad es que no me parece un fracaso. La novela de Amigorena narra algunas escenas pero en verdad en su impronta abunda más la reflexión filosófica y el repaso a la situación global que condujo al desastre es a grandes números, no se desarrolla mediante escenas. El único punto dónde coinciden obra original y adaptación es que el protagonista es un joven, realiza un viaje por la Europa devastada y acude a La Llamada, una gran convocatoria, pregonada por cada calle del mundo, para reunir en un sólo campamento a los restos de la especie humana. En el libro, en su momento álgido, se reúnen un poco más de 1.300 personas.
Supongo que puede estudiarse al detalle a nivel filológico y filosófico. Porque el texto ya digo que está escrito en primera persona, lo que leemos en la página en teoría es la escritura del propio narrador, de ese último ser humano. Entonces, ¿para quién escribe si es la última persona? Después de él ya no hay destinatarios posibles. Supongo que ahí entramos en el terreno pedregoso de Maurice Blanchot, que la escritura es la voz mediante la cual la conciencia acalla la soledad y escinde el silencio. Por otro lado también podríamos decir que conecta con otro libro que he leído de Amigorena El gueto interior, el libro acerca de la memoria familiar del autor, de su abuelo Vicente, emigrante judío que llegó a Argentina antes de la II Guerra Mundial. Porque la necesidad que mueve a la escritura es la comunicación con la memoria, el hecho de escribir empuja a fijarla, profundizar y reflexionar, la escritura es el mecanismo de la mente desarrollándose.
A un nivel menos hermenéutico, la novela por su puesto cuenta unos hechos, una historia que seguir, aunque sea a grandes pinceladas, pinceladas suaves y escasas pero coloridas y brillantes. El narrador recuerda los atroces tiempos en su París natal. En los años previos a que acudiera a la Llamada presencia todo tipo de hechos macabros en un París abandonado a la buena de dios, un lugar sin ley en la que no había ni agua ni comida y ciertas bandas de gente violenta y peligrosa deambulaba por las calles. En su viaje hacia Atenas, el punto de destino de la Llamada, encuentra un continente despoblado, apenas un par de encuentros con moribundos. En otro punto del libro otro testimonio da a conocer hechos verdaderamente espeluznantes. Pero también tiene muchos momentos para la belleza, en ese último campamento se establece la mayoría del tiempo una comunidad harmoniosa, dónde todos trabajan para todos. Hay amistad, hay comunidad. Es el mundo como debería haber sido. Si se vive según lo que ofrece la tierra, no hay miseria y necesidad, según se expone en otro pasaje del libro.
Y eso mismo conecta con otra capa del libro. Es una lástima no haber leído el Hiperión de Hölderin, la novela poética dónde el autor alemán se imagina viviendo la utopía. Todavía no la he leído y sin embargo a grandes rasgos la conozco, es de conocimiento popular esa célebre cita, El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona, frase también citada en Mis últimas palabras junto con otros pasajes de Hölderin. Si se trata de una historia sobre un eremita en Grecia eso lo conecta la historia de Mis últimas palabras, ambas obras, desde ángulos diferentes, escenificaban esa comunidad ideal. La nota melancólica es que en la novela de Amigorena es la última convivencia de la especie.
Entre las preocupaciones y problemas que plantea Amigorena está la cuestión del capitalismo, como el crecimiento insensato y desmedido lleva al mundo primero a la superpoblación y luego, cuando se han superado los límites para abastecer de alimento a los habitantes, a la despoblación y de ahí a las crisis climáticas, sociales, luego surge algo llamado el Virus y en unas cuantas décadas los trece mil millones de habitantes del planeta se diezman de forma dramática, la esperanza de vida no llega a los treinta años y luego ya viene el final. Amigorena las expone con muchos datos, posiblemente ficticios. También traza fechas, específicamente la novela se narra desde 2086. Intuyo que todo ello también tiene un propósito, porque se nos habla de algo muy hipotético, es un ejercicio de imaginación y sin embargo el autor también quiere que el contexto no resulte demasiado brumoso, le otorga cierto horizonte específico, deduzco yo, para mover a la reflexión acerca de la plausibilidad de todo este relato que hemos leído y ayudar a que nos hagamos una idea de en qué términos se desarrollan las sucesivas catástrofes.
Es una novelita de poco más de 100 páginas, los párrafos son como versos, con mucho interlineados en cada página y sin embargo el uso de la elipsis, la concentración de la prosa y su carga lírica poseen fuerza, una carga poética mucho más sustanciosa y conmovedora que la mayoría de textos y narraciones que se idean a propósito del peligro del gran colapso. Una voz narrativa de gran potencia abordando un temática definitiva y absoluta. La verdad es que ha superado mis expectativas más optimistas.