Eight preeminent scholars debate the future of democracy. For almost a decade, Freedom House’s annual survey has highlighted a decline in democracy in most regions of the globe. While some analysts draw upon this evidence to argue that the world has entered a “democratic recession,” others dispute that interpretation, emphasizing instead democracy’s success in maintaining the huge gains it made during the last quarter of the twentieth century. Discussion of this question has moved beyond disputes about how many countries should be classified as democratic to embrace a host of wider concerns about the health of the poor economic and political performance of advanced democracies, the new self-confidence and assertiveness of a number of leading authoritarian countries, and a geopolitical weakening of democracies relative to these resurgent authoritarians. In Democracy in Decline? , eight of the world’s leading public intellectuals and scholars of democracy―Francis Fukuyama, Robert Kagan, Philippe C. Schmitter, Steven Levitsky, Lucan Way, Thomas Carothers, and editors Larry Diamond and Marc F. Plattner―explore these concerns and offer competing viewpoints about the state of democracy today. This short collection of essays is essential reading for anyone wanting to understand the latest thinking on one of the most critical questions of our era.
Larry Jay Diamond (born October 2, 1951) is a political sociologist and leading contemporary scholar in the field of democracy studies. He is a professor of Sociology and Political Science (by courtesy) at Stanford University and a senior fellow at the Hoover Institution, a conservative policy think tank. At Stanford he teaches courses on democratic development and supervises the democracy program at the Center on Democracy, Development, and the Rule of Law. He has published extensively in the fields of foreign policy, foreign aid, and democracy.
Diamond is also a senior fellow at the Freeman Spogli Institute for International Studies, which is Stanford University’s main center for research on international issues. At the Institute Diamond serves as the director of the Center on Democracy, Development, and the Rule of Law. The CDDRL’s most recent accomplishment came in the spring of 2011 by building a technological community between Tahrir Square (Cairo, Egypt) and Silicon Valley (California Bay Area). This community was fully focused on helping mobilize protesters in Egypt who eventually helped in the downfall of autocratic president Hosni Mubarak.
Diamond has served as an advisor to numerous governmental and international organizations at various points in his life, including the United States Department of State, United Nations, World Bank, and U.S. Agency for International Development. He is a founding co-editor of the National Endowment for Democracy's Journal of Democracy. He is also a coordinator of the Hoover Institution's Iran Democracy Project, along with Abbas Milani and Michael McFaul.
The book is an accurate and sobering read of the state of democracy. While many of its conclusions will be news for the general reader, specialists will recognize that the decline of democracy has been happening over the past 15 years. That it took leading experts - I can't think of anybody I would rate higher than Larry Diamond - this long to produce such a valuable testament is part of the challenge of policy-makers and think tanks adapting to an ever-accelerating pace of change.
El libro te deja insatisfecho. Su prosa sencilla (lo leí en inglés) facilita la lectura; sin embargo es difícil llegar a una conclusión in toto de la obra. Cada autor mostró las deficiencia de la democracia desde su área de pericia o expertise, lo cual otorga riqueza de miradas a un libro que a ratos es insípido, y que carece de sustancia
La idea general es la admisión de la molestia con la democracia actualmente existente. Esto permite a cada uno de los autores de las entradas o capítulos dar juicios sobre el presente y futuro de la democracia que distan mucho entre sí e incluso chocan. Para algunos la democracia no estuvo jamás en crisis, o que naufragó fue una retahíla de prejuicios sobre la caída de regímenes autoritarios que se creyó la posibilidad o la ineludible necesidad de su democratización. Para otros la debacle es poco pronunciada pero palpable; para algunos más pesimistas, la democracia vuelve a enfrentarse a movimientos parroquiales pero exitosos como el régimen chino, el ruso o el régimen de Singapur. Esto causa perplejidad en el lector. ¿Vencerá la democracia? ¿Habrá zonas impermeables a la democracia? ¿Será menester que el mundo libre se alce en una guerra que tal vez no puede sostener contra los regímenes autoritarios? Son interrogantes que se producen después de hojear el libro.
Considero que todavía hay un serio problema en distinguir realidades coincidentes pero diferentes: el liberalismo, el proceso democrático, la legitimidad del poder soberano en el pueblo y el aburguesamiento. No dudo que los chinos o la gente de Singapur degeneren y se abran a la ideología de género o al feminismo, pero ¿eso los llevará a la democracia? A veces sostengo que la democracia ha resultado un premio de consolación para la gente cuando no fue posible encontrar su propia vía para dirigir su vida como pueblo. En México la democracia de tipo liberal aparece cuando fracasó la revolución. en otros sitios ha servido para justificar el domino de élites cosmopolitas degeneradas.
Los intelectuales invitados a redactar capítulos para la antología presente cuentan con grandes credenciales pero considero que no hilan finamente sus argumentos y no pueden ver que si bien la democracia es el único camino posible, tal vez es lo que nos está matando quietamente, como cuando uno respira gas hasta morir plácidamente. La democracia abre la puerta a la expoliación del Estado y donde no ha sido deturpada se ha convertido en un gobierno tecnificado que puede en algún momento dejar las formas electorales. Posiblemente el legado de las generaciones pasadas se han agotado producto de caprichos incluso en las democracias más “avanzadas” y pronto por falta de dinero o por imposibilidad de obtener nuevos recursos, veamos su fin.
El texto parece lanzar un velo para ignorar que la democracia no está en crisis sino en decadencia. Esto lo vuelve un panfleto, mediocre pero al fin y al cabo, panfleto. Considero que los apologistas de la democracia todavía no han hecho un examen de conciencia sincero sobre la situación en la que viven y eso me molesta.