¡Simplemente gracias, Chiquis Rivera!
Es tanto el impacto y profundas enseñanzas que esta joya de libro me dejó, que no me alcanzan las letras para agradecer a grandes líderes como Chiquis, quienes con su testimonio, nos llevan por caminos profundos de discernimiento, caídas para levantarnos más fuertes, para seguir en la lucha y por supuesto, para regocijarnos a través del hermoso camino del perdón.
Grande y fuerte es y será mi admiración por esta mujer, quien tuvo una tremenda fortaleza, cuando el mundo se le vino abajo, tras lidiar con una acusación en donde su madre, familia y el mundo entero se volcaron en su contra.
Se trata de un libro tan fuerte y aleccionador, que muchas veces me temblaba la mano, tras navegar por sus páginas, repletas de intensas emociones, que no cualquiera es capaz de soportar. Ha de ser muy duro, tener una diferencia con tu mamá y que ella se vaya de esta vida, sin hablarlo y sin una reconciliación, solo de pensarlo, me duele hasta la médula. Si a mí, como lector, viendo todo desde una perspectiva externa, me dolió el corazón, no puedo imaginar el desgarrador dolor y angustia por el que tuvo que pasar Chiquis.
Además de ser también un tributo a su madre, pude percatarme que Jenni se equivocó y que la ira la cegó, no permitiéndole a su hija, dar su versión de los hechos. Conocí también el lado no tan justo e implacable de Jenni, la que no se tentó el alma para atacar profundamente a su hija, tras sentirse decepcionada por la supuesta traición e infidelidad perpetuadas.
Admiro mucho a Chiquis, porque ella no descansó hasta demostrar su inocencia; iba firme y decidida a que la verdad saliese a la luz, fuera como fuera y sin importar el precio a pagar, porque hoy más que nunca tengo la plena convicción de que tu nombre y dignidad son invaluables y que nada ni nadie, (ni tu propia madre, por más duro que se lea), puede ni debe, ponerlo en tela de juicio, ante el mundo y su maldad.
La narrativa de una Chiquis tan honesta, transparente y real, me conmovió de una manera muy especial.
Aprendí que no se debe juzgar, cuando no se conoce la versión de la otra parte, ni mucho menos enredarse en los chismes, dimes y diretes, cuando la tormenta se ha acrecentado gracias al aporte mediático, que como un huracán, arrasa todo a su paso, sin piedad e inescrupulosamente.
Un librazo que vale oro, porque cuando llega el Perdón, las cargas se vuelven frágiles y la liberación es total y en absoluta plenitud. ¡Qué bonito aprender del perdón, que bonito aplicarlo en ti, para ti, para los tuyos y para tu entorno!
¡Mi total respeto y admiración, van hoy, para la gran Chiquis! ¡Me quedo esperando con ansias el lanzamiento de tu siguiente libro: Invencible!