Es el primer libro que leo de Mayte, me he adentrado en él con grandes expectativas y no me ha defraudado. Me ha parecido una historia preciosa, de las que conmueven, realistas y con unos personas fabulosos.
La trama cuenta la vida de Rebeca, una chica de clase alta a la que le han planificado la vida. Es prudente, se contenta con hacer felices a los demás y por eso deja que su familia guíe su vida. Desde el principio de la novela, sin embargo, la infelicidad de Rebeca es palpable. Lleva una vida anodina, sin ningún aliciente ni emoción e incluso antes de su viaje a Escocia, el lector se da cuenta de que le falta algo.
Me ha encantado el desarrollo de esta historia, los cambios que sufre la protagonista y la realidad con la que se enfrente al regresar de su viaje. Sus decisiones, su fortaleza al asumir las consecuencias de sus actos y su renuncia a lo que más ama me han conmovido en lo más profundo de mi ser. Rebeca es un personaje complejo, que toma una decisión por el bien de los demás y eso es algo con la que todos podemos identificarnos. El protagonista masculino, Kenzie, es un escocés auténtico, de los que hacen suspirar. Ha superado momentos muy duros en su vida y se entrega con toda su alma a ella, aun sabiendo que su futuro juntos es incierto. Me ha gustado mucho cómo Kenzie habla de su pasado, su forma de superarlo y dejarlo atrás. Es un hombre que ha sabido manejar una infancia difícil y que vive el presente.
Qué maravillosa ambientación hace la autora del viaje por Escocia. Ha conseguido trasladarme a esos parajes indómitos y ancestrales. He disfrutado mucho de las historias y leyendas que narra, así como conocer algunas de las costumbres celtas.
Ha sido una lectura maravillosa, la historia de Rebeca y Kenzie es muy bonita, y me ha dejado suspirando por esos amores inolvidables y auténticos que salen adelante y sobreviven a todo.