La definición más halagadora que se puede dar sobre La brújula interior, es que es lo mismo de siempre. Se mire como se mire, sigue machacando los mismos contenidos que aparecen en otros libros de autoayuda, esta vez de manera epistolar. Así que lo mejor de todo el libro es su corta extensión además de los proverbios, cuentos o poesías que el autor incorpora para hacer más amena sus explicaciones o simplemente porque vienen bien para enterder lo que está contando.
Álex Rovira Celma, autor de esta obra, es célebre por sus libros en el terreno del coaching, la autoayuda y sucedáneos. Así que ya sabes lo que te espera si escoges leer uno de sus libros. Pero más allá del tema, Rovira es un escritor mediocre que posee un estilo de escritura simplón, ejecutado de una forma burda y con poco ingenio. Para ello se apoya en una prosa dinámica pero desarrollada con poco acierto y mucho peor estructurada, un lenguaje pragmático con algún interesante aderezo lírico y unas descripciones que brillan por su ausencia, incluso en el terreno emocional.
El nombre, La brújula interior, ya te invita a sospechar que el autor está hablando en sentido figurado y que te espera una obra sobre el autoconocimiento, la autoestima y demás derivados. Y si, realmente es así. Pero este libro presenta dos cosas que le hacen diferente. La primera es que los temas aparecen en forma de cartas que van abordando distintos aspectos, aunque relacionados entre sí. La segunda es que, si bien es cierto que este es un libro de autoayuda, con los mismos mensajes de siempre y la jerga de costumbre, está enfocado casi de forma exclusiva al mundo laboral. Eso no significa que realmente te proporcione las claves para cambiar algo, pero resulta una novedad curiosa como el autor intenta acoplar el mismo sistema que puede transformar tu vida personal en el ámbito profesional. Así que solo tenemos una serie de cartas que siempre se estructura de la misma manera: se presenta el tema a tratar en el título, reflexiones personales del autor, datos científicos o pseudocientíficos y, de postre, algún poema, narración o cita que sirve para reforzar las enseñanzas sobre el tema en cuestión. Así tenemos un libro que se lee muy rápido y deja un poso profundo de reflexión.
Definitivamente, La brújula interior, es una lectura productiva y provechosa con la que podrás sacar en claro algún dato que desconocías y aprender algo nuevo sobre el mundo y sobre tí. Sin embargo, no me parece una lectura tan fundamental. El contenido es muy parecido a otros libros y sigue ahondando en el “qué” pero no en el “como”, un punto vital sobre todo si deseas cambiar tu existencia, tener éxito, obtener la felicidad o conseguir abrir un yogur sin romper la tapa. Es decir, nada nuevo bajo el sol. Así que si todos poseemos una brújula interior que nos dirige hacia donde nos conviene estar, estoy convencida de que la mía me llevará muy lejos de esta clase de libro, por lo menos de momento.