Jaime y su hijo César viven una maravillosa vida de lujuria y caprichos que son truncados cuando al pequeño de doce años le diagnostican un tumor cerebral. A raíz de esa enfermedad, el joven recibe la ayuda de una psicóloga que le hace ver la vida de otra manera.
En su lecho de muerte le pide a su padre que cuando fallezca done lo mejor que tenga. Jaime toma la decisión de que lo mejor que tenía César era su gran corazón y opta por donarlo.
El receptor de ese órgano es Fran, un ladronzuelo de catorce años que no tiene consideración alguna por la vida. Era hijo de un desconocido padre y de una prostituta que apenas le dedicaba tiempo.
En el momento de la operación, estando sobre la camilla del quirófano, a Fran le sucede algo increíble. El espíritu de César se le aparece y le pide que cumpla una misió Debe conexionar las vidas de una serie de personas afines a ellos.