Pues ahí está, un poco en la línea del anterior volumen. El cierre de este spin-off es el esperable para configurar al Levi que conocemos en la serie principal, así que no hay mucho que comentar al respecto. Por culpa de ese guion artificial que señalé en el primer tomo, todo en este volumen ha resultado bastante predecible. Aun así, funciona por los mismos motivos que funcionaba el anterior: ritmo bien medido (aun con un final precipitado), personajes correctamente definidos, dibujo fluido y una sensación de progreso en cada nuevo capítulo. Ahora bien, el resultado es una serie pasable que se limita a existir sin, por lo menos, desmerecer la obra original; es más, diría que me ha hecho apreciar más los fallos de aquella. Isayama, con sus imperfecciones, me mantiene enganchado tomo tras tomo únicamente por su estilo narrativo; con este spin-off, doy gracias de que solo hayan sido dos volúmenes, porque si no me habría costado la vida continuarlo más por indiferencia que por ser inherentemente pasable.
PD: la entrevista del final es bastante intrascendente y, la verdad, no comprendo muy bien qué pinta ahí más allá de la curiosidad de ver a un Isayama sosísimo hablando con un Suruga que apenas suelta una o dos frases de vez en cuando. Me alegro mucho por los dos y por el esfuerzo que han puesto en sus obras, pero creo que la entrevista se podría haber planteado como algo más provechoso.