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Creo que nunca he leído un buen libro sobre el acoso escolar, ni sobre el bullying clásico ni sobre el ciberacoso, para el caso. Este me lo mandaron a leer con 13 años, y si en su día me parecía terripilante, siete años más tarde estoy echando espuma por la boca. Lo único que he aprendido con este libro son unos 20 mamíferos marinos con los que comparar a alguien con sobrepeso.
Bajo el paraguas azul no es una carta de resiliencia a la víctima, ni tampoco está remotamente cerca de poder remover por dentro a un agresor, entonces, ¿qué es? Es una especie de propaganda sobre el estigma del profesor, del buen profe para ser concretos, aquel que se implica más allá de lo posible y que junto a sus otros compañeros mantiene el civismo en las clases. Los profes en este libro se mueven como agentes de la CIA, son la putísima Liga de la Justicia, se coordinan como si los controlase una mente colmena, se anticipan al acoso de tal forma que en algún punto de la lectura me ha hecho dudar de si el libro era o no ciencia ficción.
Por contraste, también teneos a los profes malos, que son malos casi por amor a serlo, ¿Que te han filtrado un nude?, ¿y qué? igual hasta te haces popular ahora y te viene bien, mírale el lado bueno, eso que te llevas. Es que están ahí para que el buen profe resalte, no para aportar realismo a la situación.
Se nota a kilómetros que la autora es profesora, y que no le hace ni puta gracia cuando sale un caso de bullying y en Twitter se critica a los funcionarios y se dice que hay docentes que prefieren quedarse removiendo el café en el recreo y salir a su hora antes que intervenir cuando a un crío le parten la cara.
Que sí, que gente buena la hay, pero esto lo que es es una automamada de libro. Solo hay que ver cómo los profes cuchichean entre ellos, hacen maniobras para sacarte el móvil del delito del estuche y que confieses, saben qué alumno va a faltar ese día y si es por algo grave, conocen exactamente en qué punto del divorcio están tus padres para justificarte una mala racha... joder. A todo esto se le suma algo que termina de levantar cejas, en los agradecimientos finales la autora reconoce que los alumnos y profes protagonistas (casualmente los buenos) están basados en personas reales que conoce y a quienes agradece el libro. Aquí me encaja mejor todo el favoritismo que se nota desde la primera página, los protagonistas son casi seres luminosos mientras que los bullies parecen caricaturas, es un self-insert que se ha marcado la colega pretendiendo que nos iba a hablar de acoso.
Supongo que para ella, al no ser el bullying algo que tuviese nombre en su época, lo ha tratado casi como si fuese un animal fantástico. Para empezar, toda la historia transcurre en dos días. Dos. Y en el segundo día ya hay final, denuncia y resolución. Joder, ¿cómo no se me ocurrió a mí en sexto de primaria? La parte del "ciberacoso" es directamente increíble. Le mandas una foto en tanga a tu supuesto novio, este se la pasa a una pava y la foto empieza a circular por WhatsApp, en una tarde atraviesa la península entera y la acaba viendo hasta tu abuela de Salamanca, que te llama para decirte que has manchado el apellido de la familia.
El libro te hace pensar que hace falta un villano con todo un plan malvado para que te pase algo así, porque lo ve como algo desorbitado. De ahí el problema que he tenido con cómo se intenta dignificar a Glauca como víctima perfecta. Ella no es conflictiva, se porta bien, saca dieces, le gusta leer, no es la típica que haría lo que ha hecho, como si todo eso le diese credibilidad al acoso que sufre. Al final parece que recibe apoyo precisamente porque encaja en ese perfil de chica correcta, y eso incomoda porque parece que si no fuese así su sufrimiento sería más cuestionable.
El lenguaje, otro problema, boomer escribiendo para chavales de 15 años. Parece que los personajes están leyendo el guion, no ayuda que no haya descripciones de nada, no sabemos cómo se ve nadie aparte de Glauca, aunque viendo las paridas que se sueltan casi que lo agradezco. Durante toda la historia sientes a la autora dándote la charla, no te deja sentir nada, no te remueve, te explica, y ya.
La relación entre Glauca y Alberto es especialmente desagradable. Alberto es su mejor amigo, está colado por ella y el libro insiste que se debe a Glauca en cuerpo y alma, como si eso le diese algún tipo de derecho emocional. He odiado profundamente cómo este personaje aprovecha el peor momento de la vida de ella para ponerse en el centro, llega a declararse insinuando que después de lo que le ha pasado seguramente esté pensando que quién la va a querer. Madre mía.
Lo del personaje de Sergio es todavía peor. Es el chico que le pide la foto a Glauca para reírse de ella, pero en ningún momento se le trata realmente como el malo. Se le concede una redención cómoda, mientras que el peso de ser la mala malísima recae casi por completo en Andrea, presentada como la mente maestra del plan. Te cuelan esto como que él es otra víctima tonta, que actuaba confundido y pensando con el pito. Y para rematar, cuando llega el momento de disculparse, Sergio no lo hace con Glauca, sino con Alberto. Como si pedir perdón al chico al que le gusta la víctima tuviese más valor que hacerlo con la víctima misma. Paso.
El final ya roza lo ridículo. Glauca se pasa tres meses en coma y, aun así, aprueba el curso. Todo el mundo que se metió con ella alguna vez vuelve arrepentido a alabarla y reconocer su grandeza. Consigue novio. Y por si fuera poco, sus padres (que eran parte del conflicto) se vuelven a CASAR. si JAI. Es que menuda FANTASÍA. Es tan pero tan exagerado que solo les ha faltado darle a Glauca las llaves de la ciudad y plantar un mural con su cara en la fachada del ayuntamiento.
Y ya para terminar, el libro se permite el lujo de regodearse en los agradecimientos iniciales y dejar para el final, casi como posdata, una lista de links de autoayuda contra el acoso. Primero la palmadita en la espalda, di que sí, y luego ya si eso salvamos gente. Menudo truñaco y menudo año de lecturas tortuosas pasamos en la ESO, sinceramente normal que a la gente no le gustase leer, si nos daban libros como este, que como mucho dan para hacer un panfleto.