En la memoria de Gabriela, vive un universo de objetos —con su propia historia y su propio lenguaje— que podrían pasar desapercibidos para el transeúnte común. Este libro, narra la historia de 23 de esos objetos, que Jáuregui ha logrado descifrar gracias al diálogo con su imaginación. Para dar un orden a todas estas voces, los ha clasificado en cuatro gavetas: i. Vegetalia, ii. Mineralia, iii. Animalia, y iv. Artificialia.
Hay narraciones fantásticas —en todo el sentido de la palabra—. Por ejemplo, Molusco, mediante la que conocemos el experimento de un artista que forjó siete caracoles de bronce para liberarlos al mundo y luego ver cómo, si es que, regresaban a él; así, recorremos las siete aventuras de cada uno de estos moluscos de bronce. O Autobiografía, en donde una vulpes vulpes muestra cómo fue la excepción entre miles de especímenes de su raza con los que Dimitri Beliáyev experimentó.
Sin embargo, no todos los objetos logran conectar con el lector —quiero decir, con esta lectora—. Algunos llegaron a mí en un lenguaje accidentado. Otros, narran de forma más espontánea, desordenada, con algunas lagunas, como el pensamiento, como la memoria de todos. Pero lo cierto es que cada objeto es congruente: responde a su naturaleza y a su biografía.
Como se sabe, la imaginación no tiene género, así que es difícil acomodar estas piezas en alguno. Baste con decir que las historias de estos objetos parten de anécdotas que han llegado a la autora mediante conversaciones, experiencias propias, notas del periódico u otras fuentes, pero que en ella encontraron su voz y su supervivencia.