Miradas, de Guido Finzi. Las historias contadas de mesa a mesa en los cafetines porteños, los encuentros casuales, la memoria de Buenos Aires, los amores reencontrados… Guido Finzi nació en Buenos Aires (Argentina), pero siendo aún niño se trasladó con su familia a España. Ha residido en Madrid y Granada, entre otras ciudades. Sus relatos se han incluido en antologías europeas y americanas, y ha escrito artículos sobre los más variados temas para revistas de cultura. La publicación, en 2012, de su primer libro, Rumbo Sur y otros relatos, dio a conocer a los lectores del ámbito hispánico a un autor cosmopolita, de estilo elegante, nostálgico e irónico, heredero de los mejores cultivadores argentinos del relato y de narradores como el norteamericano Paul Auster, el italiano Alberto Moravia o el polaco Isaac Bashevis Singer. El gusto por las historias contadas de mesa a mesa en los cafetines porteños, los encuentros casuales, la memoria y el desengaño, los amores recobrados y perdidos… Miradas, su segundo libro de relatos, lo confirma como un mago de la sugerencia y la creación de atmósferas.
Leer a Guido Finzi, una vez más, ha supuesto para mí pasar unos momentos de lectura cautivantes, divertidos, emotivos, y llenos también de admiración. Me encanta su prosa, su “estilo” literario, tan preciso, perspicaz y detallista, fruto de sus dotes de observación y análisis de la realidad y del entorno, y de los personajes que lo habitan. Los relatos que componen esta recopilación están la mayoría escritos en primera persona, y es el propio autor su protagonista. Este hecho les da un aire de autenticidad, de “evidencia testimonial” (“esto, lector, me ocurrió a mí, tal cual te lo cuento, créeme”, parece que nos diga); los pormenores, las deliciosas descripciones de los cafés que son los escenarios de muchos encuentros y de fabulosas situaciones, los diálogos (uf!, qué inteligentes, cuánta “fina” ironía, qué humor tan lúcido y agudo), los personajes, tan bien perfilados y tratados. Y otros están escritos en tercera persona, y los protagonistas son personajes variopintos, con sus propias inseguridades, desengaños, voluntades y destinos. Aquellas historias que el autor no ha protagonizado, pero que considera dignas de ser contadas. Y doy fe de que lo son… En muchos relatos hay otro protagonista “recurrente”: aquel hombre o mujer que mira al narrador “de reojo”, de manera persistente, y que al final se acerca y se manifiesta. Cada encuentro es una historia, una vida, unas vivencias y unos sucesos; una sorpresa, una salida. Son, pues, relatos de encuentros y conocimiento. La crítica es a menudo mordaz y ácida, pero otras veces supura sensibilidad y ternura. El conjunto, en resumen, una maravilla.