Estas semanas he releído ‘Piedralén’, de Carlos Gil Andrés, historiador de raza, investigador paciente y cuidadoso, escritor cercano y apasionado de estilo depurado, con una sensibilidad como pocas. En 2010 nos regaló esta joya única del contemporaneísmo español. Gil Andrés ha dedicado una parte importante de su vida a la educación secundaria, lo que sin duda contribuye a su virtuosismo como transmisor de conocimiento. Una de sus mayores virtudes, a mi humilde parecer, reside en su capacidad para emocionar cuando enseña.
Por la razón que sea, algunas formas de excelencia quizás no alcanzan en la cultura española la centralidad y altura que merecen, y con el paso de los años tengo esa sensación con ‘Piedralén’. Por eso quiero compartir aquí mis humildes impresiones al respecto. En ella exhuma de forma excepcional la historia de un campesino “anónimo” de Cervera del Río Alhama (La Rioja), Manuel María Jiménez, al que se encontró de casualidad en el marco de una investigación sobre las actitudes sociales y las formas de acción de las clases populares entre el periodo de entresiglos y la guerra civil. Le apareció en un sumario por deserción durante la movilización de reservistas para la última guerra de Cuba, cuando seguía las huellas de un conato de motín de todos los jóvenes de su quinta llamados a filas. Solo él y otro paisano se mantuvieron en sus trece. Ambos acabarían entregándose y marchando a Cuba, uno jamás volvería, pero Manuel María sí. El interés por saber cómo fue su vida después de su deserción y de su paso por Cuba, y sobre todo si estos hechos marcaron el resto de su vida y actitudes frente a esta llevaron a Gil Andrés a intentar seguir sus huellas.
Al final, Manuel María Jiménez no era el hombre anónimo que habría pasado de manera indiferente por su tiempo, dedicado a la mera supervivencia y ale lado de los asuntos comunitarios de Cervera, sino todo lo contrario. La historia suele ser una cura de humildad para quien la cultiva leyendo o investigando. El resultado es una obra que emociona, en la que el autor se nos muestra al desnudo, con sus dudas, con sus problemas, con sus preguntas y expectativas, con sus vastos recursos, con su capacidad para reconducir su objeto de trabajo y encontrar vías de análisis. Un poco en la línea actual de un Jablonka o un Philippe Sands, si quieren, por citar dos plumas bien conocidas de nuestro tiempo.
Sin embargo, este libro es mucho más. Cuenta la historia de dónde venimos la mayor parte de nosotros, españoles del siglo XXI. Al margen, es un libro de los de hacer escuela. Por eso, está a la altura de los grandes de la historiografía mundial, de esa que ha dejado huella por ciertas obras, la de los Marc Bloch, Carolyn Steedman, Simon Schama, Raphael Samuel, Carlo Ginzburg, Natalie Zenón Davies. Háganse un favor y lean ‘Piedralén’, porque no se arrepentirán, sobre todo estudiantes en cursos finales del Grado o en el Máster, doctorandas/os en busca de inspiración y amantes de la historia bien contada. Nada de lo que pueda decir hará justicia a esta hermosa obra única en España.