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La mentira que siempre dice la verdad: Antología poética
Jean Cocteau afirmó ser al mismo tiempo el poeta más desconocido y el más célebre. Su gran abanico creativo y su constante presencia pública le dieron fama, pero el eterno enfant terrible se consideraba poeta por encima de todas las cosas.
La mentira que siempre dice la verdad es la primera antología que se publica en España de los versos del francés, cuya trayectoria lírica surca más de medio siglo poético, desde los inicios marcados por los epígonos del simbolismo hasta la voz libre de su madurez. Cocteau fue un grandísimo poeta que supo aunar en sus versos el rigor de la tradición con el desparpajo de una modernidad que lo vio siempre en la primera línea creativa hasta el punto de renegar de sus primeros libros al juzgarlos producto de otro yo poético más frívolo y conformista. A partir de 1915 sus versos se llenan de un vanguardismo tanto formal como temático. Homenajea a héroes de la aviación como Roland Garros en Le Cap de Bonne Espérance, reflexiona sobre los desastres de la Gran Guerra en Discours du Gran Sommeil, retorna brevemente al clasicismo al cantar su amor, oculto en una sociedad que condenaba la homosexualidad, en Plain-Chant... Si esta primera gran etapa nos muestra a un Cocteau romántico y provocador, en su madurez al brillante dominio del verso se une, fruto del contexto de entreguerras y los años de la ocupación alemana, una poderosa dimensión social. En esa veta se inscriben L’incendie y Léone, dos monumentos que desmienten la ausencia de compromiso político que muchos le achacaron en vida.
Perderse a Jean Cocteau es un crimen. Leerlo un placer que resitúa la figura de uno de los más grandes creadores del siglo XX.
La mentira que siempre dice la verdad es la primera antología que se publica en España de los versos del francés, cuya trayectoria lírica surca más de medio siglo poético, desde los inicios marcados por los epígonos del simbolismo hasta la voz libre de su madurez. Cocteau fue un grandísimo poeta que supo aunar en sus versos el rigor de la tradición con el desparpajo de una modernidad que lo vio siempre en la primera línea creativa hasta el punto de renegar de sus primeros libros al juzgarlos producto de otro yo poético más frívolo y conformista. A partir de 1915 sus versos se llenan de un vanguardismo tanto formal como temático. Homenajea a héroes de la aviación como Roland Garros en Le Cap de Bonne Espérance, reflexiona sobre los desastres de la Gran Guerra en Discours du Gran Sommeil, retorna brevemente al clasicismo al cantar su amor, oculto en una sociedad que condenaba la homosexualidad, en Plain-Chant... Si esta primera gran etapa nos muestra a un Cocteau romántico y provocador, en su madurez al brillante dominio del verso se une, fruto del contexto de entreguerras y los años de la ocupación alemana, una poderosa dimensión social. En esa veta se inscriben L’incendie y Léone, dos monumentos que desmienten la ausencia de compromiso político que muchos le achacaron en vida.
Perderse a Jean Cocteau es un crimen. Leerlo un placer que resitúa la figura de uno de los más grandes creadores del siglo XX.
- GenresPoetry
384 pages, Paperback
First published January 1, 2015
About the author
Jean Cocteau
567 books931 followersJean Maurice Eugène Clément Cocteau (5 July 1889 – 11 October 1963) was a French poet, novelist, dramatist, designer, boxing manager, playwright and filmmaker. Along with other Surrealists of his generation (Jean Anouilh and René Char for example) Cocteau grappled with the "algebra" of verbal codes old and new, mise en scène language and technologies of modernism to create a paradox: a classical avant-garde. His circle of associates, friends and lovers included Jean Marais, Henri Bernstein, Colette, Édith Piaf, whom he cast in one of his one act plays entitled Le Bel Indifferent in 1940, and Raymond Radiguet.
His work was played out in the theatrical world of the Grands Theatres, the Boulevards and beyond during the Parisian epoque he both lived through and helped define and create. His versatile, unconventional approach and enormous output brought him international acclaim.
His work was played out in the theatrical world of the Grands Theatres, the Boulevards and beyond during the Parisian epoque he both lived through and helped define and create. His versatile, unconventional approach and enormous output brought him international acclaim.
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Displaying 1 - 5 of 5 reviews
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December 8, 2020"Cocteau estuvo en el centro de la revolución poética de las vanguardias del primer tercio de siglo y seguramente sea, junto con Antonin Artaud, la figura francesa que mejor representa este cambio de paradigma poético: el del arte por fin libre de la cárcel del verso, convirtiendo ésta en pájaro y usándola para volar o lanzarse al abismo. En Cocteau encontramos al hombre dictando la forma del poema en su cuerpo. Alegría y dolor como las dos caras de la moneda del éxtasis vital que es la vida". Más en https://capitulocuarto.com/2020/11/04...
April 29, 2024
la primera impresión clara que me deja este libro es que seguramente jean cocteau no me hubiera caído nada bien si lo hubiese conocido. no es que me vaya planteando esto de todos los autores que leo pero en este caso el sentimiento ha sido bastante fuerte.
está claro que era un maestro de las palabras y la rima pero a mí personalmente se me hace un poco rígido y lejano. tal vez (seguramente) sea que me falta conocimiento literario y fluidez en el francés para entender del todo la maestría de sus versos, pero hay varias composiciones que me dejan totalmente fría más allá de su habilidad para la rima y su léxico culto. no sé hasta qué punto tiene que ver con la selección de la antología, porque también es verdad que hay muchos versos que me han maravillado. auto-analizando mis reacciones ha sido aparente que me sentía mucho más conectada y atraída hacia los poemas que tratan sobre el horror de la guerra o sobre sus desventuras amorosas a manos de un twink veinteañero alcohólico (esta bi boy x bi boy life no es fácil). no es por caer en tópicos pero de esos sufrimientos surgieron (para mi gusto) sus mejores poemas. reitero que probablemente se trate de una comprensión un poco más básica o superficial de la poesía, pero es que en muchos poemas me preguntaba si tenía que decir algo o si simplemente estaba alardeando de su técnica de enlazar palabras. a la quinta o sexta composición sobre las musas y su proceso artístico y sus elucubraciones sobre si va a tener fama póstuma o no empieza a cansarme un poquito, como si el autor se pasara más tiempo pensando en cómo escribir un poema que dure para toda la eternidad más que escribiendo poemas en sí. incluso en las obras que más me han gustado tiene una forma de introducir el poema y acabarlo con una loa a las musas que me parece anticuada (pero con gracia) e incluso medieval. por último señalar que la edición está llena de tildes perdidas y cosas de gramática y puntuación extrañas, pero bueno. me llevo algunos versos extraordinarios y eso siempre vale la pena
está claro que era un maestro de las palabras y la rima pero a mí personalmente se me hace un poco rígido y lejano. tal vez (seguramente) sea que me falta conocimiento literario y fluidez en el francés para entender del todo la maestría de sus versos, pero hay varias composiciones que me dejan totalmente fría más allá de su habilidad para la rima y su léxico culto. no sé hasta qué punto tiene que ver con la selección de la antología, porque también es verdad que hay muchos versos que me han maravillado. auto-analizando mis reacciones ha sido aparente que me sentía mucho más conectada y atraída hacia los poemas que tratan sobre el horror de la guerra o sobre sus desventuras amorosas a manos de un twink veinteañero alcohólico (esta bi boy x bi boy life no es fácil). no es por caer en tópicos pero de esos sufrimientos surgieron (para mi gusto) sus mejores poemas. reitero que probablemente se trate de una comprensión un poco más básica o superficial de la poesía, pero es que en muchos poemas me preguntaba si tenía que decir algo o si simplemente estaba alardeando de su técnica de enlazar palabras. a la quinta o sexta composición sobre las musas y su proceso artístico y sus elucubraciones sobre si va a tener fama póstuma o no empieza a cansarme un poquito, como si el autor se pasara más tiempo pensando en cómo escribir un poema que dure para toda la eternidad más que escribiendo poemas en sí. incluso en las obras que más me han gustado tiene una forma de introducir el poema y acabarlo con una loa a las musas que me parece anticuada (pero con gracia) e incluso medieval. por último señalar que la edición está llena de tildes perdidas y cosas de gramática y puntuación extrañas, pero bueno. me llevo algunos versos extraordinarios y eso siempre vale la pena
October 1, 2015
Jean Cocteau. El durmiente que se perdió en sueños
El conocimiento que tenemos de Jean Cocteau es ciertamente particular. Tal vez solo sea una cuestión de edición o de modas, pero lo cierto es que es más conocido (siendo desconocido en nuestro país, después de todo) el Cocteau persona que el Cocteau artista, y que en este último sus dibujos no dejen ver sus películas, sus películas su teatro, su teatro sus novelas, sus novelas su poesía. Como si cada capa, que en realidad se sumaban, fuesen entidades con vida propia, partes desgajadas y autónomas de un ente misterioso, rápidamente esbozado, como haría él, con un volátil trazo. Y eso que nuestro hombre se dedicó a promocionarse y si algo no hacía era esconderse. Cocteau estuvo en todos los sitios, pero tal vez eso solo hizo imponer al hombre sobre el artista. Confiaba en la posteridad, como tantos otros, mientras vivía un presente polémico en el que otros tan activos como él, los surrealistas, no dudaban de calificarle de bestia “hedionda”, inmundo, nauseabundo o ignominioso medrador, en lo que parecía más un conflicto de egos entre dos espíritus que compartían el gusto por dejarse ver y querer y alguna cosa más (Apollinaire, Picasso,…).
Sea como fuere, finalmente, en esa personalidad de mastriokas rusas en las que unas no acaban de dejar ver a las otras, hemos llegado, gracias a Salto de página y Jordi Corominas i Julián a la última, a la más escondida, a las más desconocida seguramente: su poesía. Y no será porque su obra poética sea poca y mucho menos por falta de importancia o valor. Lo dejaremos en las circunstancias. Debidamente escondidos debajo de la alfombra sus primeros intentos poéticos, eso no evita que empecemos por sus Poèmes de jeunesse para acabar recorriendo once poemarios. Cocteau no fue muy constante en sus intentos y, sin duda, su amplitud de miras más algún problema con las drogas (leer Opio) en algo contribuyeron.
Sus poemas de juventud nos llevan hasta 1908 y llegan hasta poco antes de la guerra, en la que Cocteau (como su amigo Breton) sirvió como enfermero. Aunque solemos asociar las vanguardias con el periodo de entreguerras (gracias a los surrealistas y pese al futurismo o al dadaísmo) lo cierto es que nuestro escritor ya andaba trasteando con Picasso y los ballets rusos, que entonces podrían ser algo parecido, aunque fuera más una cuestión de espíritu que algo organizado. Es evidente que aquellos primeros contactos marcaron una nueva manera de entender su escritura que poco tenía que ver con un gusto por el pasado y mucho más por una búsqueda de lo nuevo. También que lo importante no era ser aceptado por los lectores, sino más bien todo lo contrario: enfrentarse a ellos. Su sitio estaba en la posteridad. Siempre sería un incomprendido.
Durante la guerra escribirá los poemas de La Cap de Bonne-Espérance, que pese a compartir escenario y pese a que Apollinaire no le resultaba ajeno, poco compartían, muy influenciados por la figura del piloto de avión Roland Garros. No fue su único libro de aquellos años terribles. Discours du Grand Sommeil se colocará bajo el signo del ángel, personaje recurrente de su poesía. Y del horror. Vocabulaire llegará cuatro años después y todo quedará lejos, hasta su juventud (ya cuenta con treinta y tres años). Alejado de la poesía, había escrito obras arriesgadas y atrevidas, como Le potomak o Le Grand écart, riesgo y atrevimiento que no dejarán de trasladarse a sus versos de este tiempo. Su relación con las musas, su confianza en la inspiración, se reflejarán en Plain-chant, hasta causarle estupor, aunque con él abandonara la modernidad, sea aquello lo que fuera. Eso sí, queda su relación con el efímero Raymond Radiguet, el ángel, la muerte, el sueño,… Y todo ello desembocará poco después en L’Ange Heurtebise.
Tras un breve parón (de desintoxicación en desintoxicación), con Opéra (andamos ya por 1927) Cocteau cree haber encontrado su esencia, dentro de su gusto por la poesía clásica, nada popular en un tiempo en el que las búsquedas se asociaban con lo nuevo y lo viejo se lanzaba a la basura con gran estrépito. Alguien lo calificó, para su satisfacción, de primer libro de poesía pura. Y el tiempo y las circunstancias quisieron que fuera un largo punto y aparte. Allégories no aparecería hasta once años después. Y ya estaba en otra guerra, en una Francia ocupada.
Las pesadillas de la primera se trasladan a aquella segunda guerra. No quiere decir que durante aquel periodo no hubiera escrito nada, sino que hasta ese momento no sintió la necesidad de reunirlo todo, de enfrentarse con la realidad de otro libro. Las épocas dramáticas, pensaba, eran propicias para la poesía. Debía ser cierto, desde el momento que esta obra reúne algunas de sus mejores composiciones. Y también porque durante estos años aparecerá un nuevo libro, Léone, tal vez su mejor poema.
Su obra poética se cerrará tras quince años de silencio con Cérémonial espagnol du Phénix suivi de La Partie d’Echecs, el primero tras una visita a España, el segundo para aparecer en la revista de Louis Aragon, Lettres françaises. Poco después vendría la muerte y con ella el final de la obra de un personaje singular en la historia de las letras francesas (y no solo), alguien que parafraseando el título de esas recopilación siempre fue aquella mentira en la que se encontraba encerrada la verdad. Todo ello bajo una confianza en esas fuerzas ocultas que le llevaban a escribir una obra de la que solo tenía una visión parcial, como él mismo afirmaba.
Escrito para Détour.
El conocimiento que tenemos de Jean Cocteau es ciertamente particular. Tal vez solo sea una cuestión de edición o de modas, pero lo cierto es que es más conocido (siendo desconocido en nuestro país, después de todo) el Cocteau persona que el Cocteau artista, y que en este último sus dibujos no dejen ver sus películas, sus películas su teatro, su teatro sus novelas, sus novelas su poesía. Como si cada capa, que en realidad se sumaban, fuesen entidades con vida propia, partes desgajadas y autónomas de un ente misterioso, rápidamente esbozado, como haría él, con un volátil trazo. Y eso que nuestro hombre se dedicó a promocionarse y si algo no hacía era esconderse. Cocteau estuvo en todos los sitios, pero tal vez eso solo hizo imponer al hombre sobre el artista. Confiaba en la posteridad, como tantos otros, mientras vivía un presente polémico en el que otros tan activos como él, los surrealistas, no dudaban de calificarle de bestia “hedionda”, inmundo, nauseabundo o ignominioso medrador, en lo que parecía más un conflicto de egos entre dos espíritus que compartían el gusto por dejarse ver y querer y alguna cosa más (Apollinaire, Picasso,…).
Sea como fuere, finalmente, en esa personalidad de mastriokas rusas en las que unas no acaban de dejar ver a las otras, hemos llegado, gracias a Salto de página y Jordi Corominas i Julián a la última, a la más escondida, a las más desconocida seguramente: su poesía. Y no será porque su obra poética sea poca y mucho menos por falta de importancia o valor. Lo dejaremos en las circunstancias. Debidamente escondidos debajo de la alfombra sus primeros intentos poéticos, eso no evita que empecemos por sus Poèmes de jeunesse para acabar recorriendo once poemarios. Cocteau no fue muy constante en sus intentos y, sin duda, su amplitud de miras más algún problema con las drogas (leer Opio) en algo contribuyeron.
Sus poemas de juventud nos llevan hasta 1908 y llegan hasta poco antes de la guerra, en la que Cocteau (como su amigo Breton) sirvió como enfermero. Aunque solemos asociar las vanguardias con el periodo de entreguerras (gracias a los surrealistas y pese al futurismo o al dadaísmo) lo cierto es que nuestro escritor ya andaba trasteando con Picasso y los ballets rusos, que entonces podrían ser algo parecido, aunque fuera más una cuestión de espíritu que algo organizado. Es evidente que aquellos primeros contactos marcaron una nueva manera de entender su escritura que poco tenía que ver con un gusto por el pasado y mucho más por una búsqueda de lo nuevo. También que lo importante no era ser aceptado por los lectores, sino más bien todo lo contrario: enfrentarse a ellos. Su sitio estaba en la posteridad. Siempre sería un incomprendido.
Durante la guerra escribirá los poemas de La Cap de Bonne-Espérance, que pese a compartir escenario y pese a que Apollinaire no le resultaba ajeno, poco compartían, muy influenciados por la figura del piloto de avión Roland Garros. No fue su único libro de aquellos años terribles. Discours du Grand Sommeil se colocará bajo el signo del ángel, personaje recurrente de su poesía. Y del horror. Vocabulaire llegará cuatro años después y todo quedará lejos, hasta su juventud (ya cuenta con treinta y tres años). Alejado de la poesía, había escrito obras arriesgadas y atrevidas, como Le potomak o Le Grand écart, riesgo y atrevimiento que no dejarán de trasladarse a sus versos de este tiempo. Su relación con las musas, su confianza en la inspiración, se reflejarán en Plain-chant, hasta causarle estupor, aunque con él abandonara la modernidad, sea aquello lo que fuera. Eso sí, queda su relación con el efímero Raymond Radiguet, el ángel, la muerte, el sueño,… Y todo ello desembocará poco después en L’Ange Heurtebise.
Tras un breve parón (de desintoxicación en desintoxicación), con Opéra (andamos ya por 1927) Cocteau cree haber encontrado su esencia, dentro de su gusto por la poesía clásica, nada popular en un tiempo en el que las búsquedas se asociaban con lo nuevo y lo viejo se lanzaba a la basura con gran estrépito. Alguien lo calificó, para su satisfacción, de primer libro de poesía pura. Y el tiempo y las circunstancias quisieron que fuera un largo punto y aparte. Allégories no aparecería hasta once años después. Y ya estaba en otra guerra, en una Francia ocupada.
Las pesadillas de la primera se trasladan a aquella segunda guerra. No quiere decir que durante aquel periodo no hubiera escrito nada, sino que hasta ese momento no sintió la necesidad de reunirlo todo, de enfrentarse con la realidad de otro libro. Las épocas dramáticas, pensaba, eran propicias para la poesía. Debía ser cierto, desde el momento que esta obra reúne algunas de sus mejores composiciones. Y también porque durante estos años aparecerá un nuevo libro, Léone, tal vez su mejor poema.
Su obra poética se cerrará tras quince años de silencio con Cérémonial espagnol du Phénix suivi de La Partie d’Echecs, el primero tras una visita a España, el segundo para aparecer en la revista de Louis Aragon, Lettres françaises. Poco después vendría la muerte y con ella el final de la obra de un personaje singular en la historia de las letras francesas (y no solo), alguien que parafraseando el título de esas recopilación siempre fue aquella mentira en la que se encontraba encerrada la verdad. Todo ello bajo una confianza en esas fuerzas ocultas que le llevaban a escribir una obra de la que solo tenía una visión parcial, como él mismo afirmaba.
Escrito para Détour.
February 21, 2022
La poesía de Cocteau, al menos en este libro, está marcada por la glorificación de los soldados en la guerra (que lo sumerge en ese ambiente, aunque reconoce que así están justamente sumergidos esos soldados, por lo que no pueden ser ellos mismos, ni él tampoco), por muchas referencias greco-romanas y angélicas (que opacan un poco su voz propia al exaltar estereotipos y lo hacen parecer religioso, aunque no lo es). No obstante, se percibe el grito, el deseo de decir la verdad a través todas esas mentiras (que resultan un poco chocantes), y creo que esa es justamente su intención.
April 7, 2020
Realmente he disfrutado más del último tercio del poemario, que tiene composiciones que entrañan una complejidad simbólica más llamativa para mi gusto.
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