“Que muchos matrimonios solo se mantienen por eso. Y eso no es otra cosa que prostitución, ¿verdad? Y, si me permite decirlo, prostitución sórdida, ya que a ellas no se les paga por hora ni con moneda contante y sonante en la zarpa, sino solo para que les dé para comer y comprar detergentes de hogar. Y si tienen suerte, algún día les toca la herencia, entonces quedan libres. Pero debo empezar por barrer delante de mi puerta. Porque yo también lo que quiero por encima de todo es un marido que me mantenga”.
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Charlotte Roche es una de esas autoras con las que conectas enseguida y te encanta, o no tienes nada que hacer.
A través de una novela totalmente provocadora, crea un personaje (Elizabeth) que concentra la actitud y moral de la sociedad actual: una ama de casa sin objetivos ni deseos, impávida, egoísta, que vive solo por y para los deseos de su marido, una dependiente emocional hasta la médula, con una serie de traumas y miedos que iremos descubriendo durante los 3 días que nos sumergimos en su pensamiento y rutina diaria.
Con una protagonista fácil de detestar, Roche se atreve a dar voz a esos temas tabúes de los que nadie nos atrevemos hablar, mostrando las bajezas morales de las personas: matrimonio, familia, hijos, sexo, monogamia, relaciones abiertas, prostitución, muerte, depresión, suicidio, medios de comunicación... Todos esos pensamientos que nos pueden acompañar a lo largo de nuestra vida y que, sin embargo, no nos atrevemos a liberar, por miedo a conocer ese rincón oscuro que todos guardamos en nuestro interior.
No es una novela para todo el mundo. Su crudeza y franqueza nos pone a prueba, incluso, con nosotros mismos. Sin embargo, mientras la lees todo lo que remueve dentro de ti es algo que no cualquier autor puede lograr. Pero especialmente es una novela difícil de escribir, no cualquier se atrevería a lanzarse con ello; respira libertad, ganas de revolucionar el pensamiento y sacarnos de nuestra zona de confort. Es una novela que te hace sentir juzgado mientras una voz te dice: “no pasa nada, no estás solo, no eres el único que piensa así. Aquí todos somos unos cerdos amorales”.