Novela cumbre de la Generación del 38, donde el narrador, un niño obrero en medio del conventillo santiaguino, desde sus recuerdos evoca la miseria, el vicio, el robo, el sexo y la violencia en una cotidianidad en la cual también coexisten la ternura, el amor y la generosidad.
Es uno de los miembros más destacados de la Generación del 38, de extracción proletaria, cuya niñez y adolescencia transcurre inmerso en el mundo del trabajo y de la lucha social organizada que ocurre en su entorno directo familiar. Vive y participa activamente tanto en la acción cívica como de la creación literaria. Su literatura destaca los aspectos sociales que con el naturalismo habían ingresado en la literatura universal, siempre con la mirada interior de la vida del conventillo, en los suburbios de Santiago, de la primera mitad del siglo XX.
No conocía a este autor de la generación del ‘38s. Chileno y que de forma autodidacta se transforma en escritor. Escribe desde la biografía forjada por una vida afianzada en la pobreza de la segunda década del siglo XX. Envuelto en el manto de la “cuestión social” chilena, haciendo un verdadero recordatorio que las diferencias sociales construyeron esta ciudad, Santiago, y el resto del país. Con una pluma honesta construye su infancia, a través de su personaje Enrique, pasando por una travesía penosa tras otra. Hablándonos desde la precariedad que se vio sometido el “populacho” para erguirse como estandarte de una construcción social que vuelve a resurgir. Aquí hay muerte, lucha social, hambre, penurias causadas por el frío y el calor; pero que dejan entrever, al igual que una rendija por donde pasa la luz, la esperanza de una lucha social que puede abrirse paso para la conquista de derechos que constituyen la esencial idea de una existencia digna para todas y todos. No conocía a este escritor que me tuvo en vilo durante todo este libro y con ganas de seguirle la pista. Porque habla hace 100 años atrás de una lucha que continua en las calles el día de hoy.
(...) “-¡Calla, Laura, mi hija! ¡Si tú superas lo bien que me hace todo esto que leo! ¡Nunca se comprende mejor que en momentos como estos la importancia de los libros! ¡Yo no sé qué sería de los pobres hombres si no existieran los libros ni quienes los hicieran!” “La desheredad estaba allí con sus raídas sotanas y séquito de fantasmas desdentados, apadrinando el impulso hacia el falso y único goce abierto a un mundo de sombras y sin cauces: su propio tormento, revestido de un derecho a divertirse, a emborracharse, a jugar, que equivaldría, acaso, como el derecho a matarse.” “La noche llegó hosca, sin estrellas, lleva de aristas, semejante a caprichoso desecho de cantera. El frío ejercitaba sus puñales. Mas los hombres no lo sentían./Ardían los ánimos./Recién se había disuelto un mitín organizado por los panaderos y los tranviarios ante las rejas del depósito.” “por aquel entonces había se instalado en el depósito de los tranvías la potente sirena que si no me equivoco, hoy todavía existe. A las cuatro y media de la madrugada lanzaba su primer alarido, destinado a anunciar que las actividades tranviarias comenzaban. En un principio, todo el barrio se despertaba a ese grito.”(...)
Acabo de leer este clásico, casi 50 años después de haberlo tenido en mis manos en una edición de Quimantú. Por sugerencia de mis padres, me pidieron leerlo más mayor, luego llegó la dictadura a Chile y el libro se perdió. En fin, el relato de Guzmán es desgarrador, crudo y franco en cuanto a su trama y a la vez barroco en lo descriptivo de sensaciones y paisajes. La historia de la niñez de Enrique Quilodrán, su familia, su escuela, su barrio, sus amigos, su pobreza, sus miserias y sus juegos nos trasladan un siglo atrás al Santiago del barrio Mapocho. Gran e imperdible novela.
Este libro es la historia criolla, la historia del Chile mayoritario, del Chile no oficial. La pluma de Guzmán me fascina, me parece de lo más alto. Es un libro que no escatima en metáforas, cuestión que, según ciertas condiciones, podría ser negativa. Aquí, sin embargo, no es el caso. Las metáforas para narrar el entorno, el clima, las relaciones entre personas son el núcleo del texto. Es que no hay manera de narrar estas vidas sin recurrir a una descripción oblicua, tangencial.
Leído en septiembre de 2009. Releído 2019. Crónica de la cruda realidad de los conventillos de Santiago, en la primera mitad del siglo XX. El autor dibuja con sus metáforas sus vivencias autobiográficas. Escritor proletario, como dicen sus hijos, que nos hace sentir el frío, la obscuridad y el abandono de sus personajes. Fue censurado por la dictadura militar por despertar conciencia. Sus libros fueron escondidos en la Biblioteca Nacional.
La belleza surge desde la miseria y la visión de un niño forzado a enfrentar su hombría en medio de la pobreza extrema de su familia, su violento entorno, la muerte que parece pisar los talones de todos los protagonistas, las penas, y de alguna manera el amor, el orgullo y la esperanza. Una absoluta joya
Excelente historia que nos retrata al Santiago poblacional de 1920 a 1930. Relatos crudos de la clase obrera chilena, pero con chispa, picardía y talento.