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110 pages, Paperback
First published July 1, 2014
Con apenas un libro de consejos (Papás con glamour lo ha maltitulado) aquel pretencioso locutor se autoproclama novelista. Falsamente señorial, se mueve dentro de aquella reunión de editores y diplomáticos como pez fuera del agua. Es decir, aletea y aletea, boquea mientras busca la próxima víctima. Se acerca a un sujeto cuyo rostro le resulta conocido. Saluda, ofrece su mano, hace una reverencia y le dice:con esta versión (recortada) De la charlatanería de Teofrasto en traducción de Ignacio López de Ayala en 1787
-Señor embajador, qué gusto verlo, se ve usted un poco más gordo en televisión, me dejó gratamente sorprendido su sabiduría, sus conocimientos sobre el Cono Sur, su palabra fluida, la grandilocuencia con que...
Dos horas han transcurrido desde que el sujeto comenzara su perorata frente a aquel señor cuya intención se truncaba cada vez que deseaba decir algo. Las edulcoradas palabras salen de la boca del interpelante como balas de metralla, cada vez más adulantes, más pegajosas. <>, <>, <>. Llamarlo chupamedias sería poco. Sólo un inesperado ataque de tos permitió por fin la palabra al otro.
-Gracias, señor, por sus elogios, gracias por creer todo eso de mí, solo he querido decirle desde que usted llegó que no soy editor. Me dedico a velar porque todo en esta celebración esté en orden, vigilo a los mesoneros, cuídese esa tos, su garganta le hace escupir visiones.
Si alguno quisiese definir la charlatanería podrá decir que es intemperancia , o desenfreno de palabras. El charlatán dice al que le cuenta alguna cosa, sea la que fuere, que nada de ello es. Que él lo sabe todo muy bien, y que si quiere saberlo, le escuche. Después interrumpiendo al que le responde: Oyes tú, le dice, mira no te olvides de lo que tenías que decir. Y prosigue: muy bien has hecho en tráermelo á la memoria, y ¡qué útiles son estas conversaciones! ¿se me ha olvidado algo? [...]Ya ha rato que aguardaba si tú coincidías conmigo en lo mismo. De éstas y otras semejantes fórmulas se vale, de suerte que no deja respirar al que coje. Y después que así ha degollado a los particulares, es capáz de entremeterse con los que estén juntos en cabildo deliberando sobre asuntos de importancia hasta auyentarlos á todos. Entrándose en las aulas, o en las palestras, estorva que los jovenes aprendan, y se pone á conversar con los directores y maestros. A los que dicen se quieren retirar, les acompaña, sin apartarse de ellos, hasta dexarles en su casa. Oyendo lo ocurrido en el Senado, lo anuncia a otros. Comenzará a exponer letamente la batalla que se dió en tiempo de Aristofon ante el Retor, y la de los Lacedemonios mandados por Lisando; y ensalzando las oraciones que él mismo dixo al pueblo en otro tiempo, inserta en su discurso vituperios contra la multitud, de suerte que los oyentes o no retienen lo que dice, o se duermen, o escapan dejandole en su discurso [...]Característico de Barrera Linares -pero no de Teodrasto- son los juegos de palabra y, muchas veces, un caracter mucho más breve, como en su ingeniosa y punzante descripción de Xerófilo:
Argumenta recurrentemente que nació para ser escritor. Y agrega que cada vez que se acerca al teclado se le reseca el cerebro.La segunda parte del libro, Relatos de personajes bravos es una miscelánea de cuentos que Barrera Linares caracteriza muy acertamente en su introducción a la sección como:
Evidente o simuladamente todos llevan el común color de la sangre, la agresión, el agravío.En Becarios en familia o la flema británica es la agresión simulada, la procesión por dentro que explota dentro de un grupo de becarios venezolanos en el exterior; en Las Clotildes y en Resumen curricular se trata de agresiones que se manifiestan en la sexualidad como puñetazo, en los dos últimos cuentos Micción imposible y Motocruz es la violencia del país que se manifiesta en el saqueo a abastos a principios de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez y en una fantasía vengativa, sangrienta y apocalíptica, que deja sabor a hiel en la boca.
Un hacha filosa blande pendientemente de caer sobre cada una de las historias que sigue.