Una inquietante carta, un número de teléfono y la noticia de la muerte de la nodriza de su tío despiertan la curiosidad de Antonio y decide convertirse en un detective de las novelas que adora. Pero el asunto es tan turbio y peligroso que no podrá resolverlo solo. Con la ayuda de Asín y Bembo, intentará destapar un sospecho so negocio inmobiliario. La justicia social y el valor de un chico comprometido con sus amigos impregnan este libro de realidad y emoción.
Blanca Álvarez nació en Cartavio-Coaña, un pueblecito de Asturias. Estudió Filología Española y Trabajo Social. Entró por casualidad en el periodismo, donde lo probó casi todo, incluidos dos años en la última página del diario AS, su experiencia más fuerte. Ahora colabora en El Correo Vasco, imparte cursos a profesores de Lengua y Literatura y a alumnos de bachiller, y escribe novelas para jóvenes.
Ha ganado diferentes premios, como el Premio de la Crítica de Asturias en 2004 con El puente de los cerezos; el Apel·les Mestres con Witika, hija de los leones; o el Ala Delta con Pendientes, caracoles y mariposas.
Ahora entiendo perfectamente por qué tiene una puntuación tan baja en Goodreads. Todo cuadra. Lo que me ha sorprendido es que recuerdo que me gustó cuando estaba en el instituto. Eso me ha parecido curioso.
Este libro se centra en el desahucio de varias personas de un edificio porque un mafioso de la construcción quiere poner unas viviendas de lujo. La trama básica está bien, creo que es una buena idea, especialmente porque este libro se publicó en la época en la que ta burbuja inmobiliaria todavía no había explotado y, por tanto, muestra una realidad en muchas ciudades. A pesar de eso, se hace un poco pesada la forma en la que se cuenta todo esto.
Lo primero que quiero mencionar es un recurso que utiliza la autora especialmente al principio del libro: los guiños tipo "lo que él no sabe es que esto tendrá consecuencias en el futuro". Creo que ese es un recurso que puede funcionar si se utiliza en la medida adecuada; una o dos veces nada más. En cambio, la autora abusa de él y lo utiliza hasta la saciedad. Por tanto, no tiene el mismo efecto que si lo hubiera utilizado una vez o dos al principio de la novela.
Segundo, quiero mencionar la forma en la que se trata a las familias de inmigrantes que aparecen en la historia. Me ha parecido que se utilizan muchos estereotipos para hablar de ellas cuando podría haber aprovechado para crear una amistad realista entre el protagonista y los dos chicos inmigrantes. Hay un chico de África, Bembó, del que no sabemos en ningún momento de qué país de África es a pesar de que menciona su vida allí en un par de ocasiones. Creo que esta es una forma bastante mala de introducir a una persona de procedencia africana porque sigue perpetuando la idea de que África se trate como a un solo país y no se reconozcan los diferentes países que existen. Además, la forma en la que habla de él me parece muy estereotípica, ya que usa la fórmula del chico negro feliz que siempre está sonriendo y no tiene mucha profundidad. No creo que sea la mejor manera para hablar de multiculturalidad en un libro para adolescentes. También se puede añadir que usa un recurso bastante racista al describir a la hermana de Bembó comparándola con comida. Para agravarlo un poco más, el resto de hermanos de Bembó prácticamente no aparecen, de no tener no tienen ni nombre. Por otra parte, está el chico de Armenia, Asím. Este está un poco más desarrollado que Bembó pero tampoco tanto. Se muestra como el típico inmigrante desconfiado, que no es capaz de confiar ni de relacionarse con nadie que no sea también de fuera. Obviamente, al final de la novela acaba cambiando de opinión pero todo ese proceso se une al complejo de "salvador de los inmigrantes" que tiene el protagonista y no mola mucho.
Tercero, tenemos la forma en la que se trata al grupo de gitanos. Solamente uno de ellos tiene voz en la novela y so voz no es particularmente la más respetuosa, ya que es el único (junto a la madre de Bembó) que no sabe hablar bien en castellano. Vemos cómo otro de los personajes lo está corrigiendo constantemente. Además, lo único que les vemos haciendo es cantar y hacer palmas. ¿Estereotipos? Para nada.
Finalmente, quiero mencionar el trato que se les da a los personajes femeninos. Por una parte, tenemos a la madre del protagonista, Mina. Mina se muestra como una madre un tanto histérica, ajena a los problemas más grandes de la sociedad y cuyo único papel es preocuparse por los hombres de su familia. Después tenemos a la secretaria del tío del protagonista, Ana. Esta se muestra como una mujer dedicada a servir a su jefe, también se la muestra como una rompecorazones y como alguien cuya única característica destacable es su belleza. También tenemos a la madre de Bembó, quien aparece como una gran curandera que se desvive por cuidar de la gente y que aparece como la representación de la importancia de la medicina tradicional. Creo que este personaje está hecho para mostrar simplemente que la gente con menos recursos es la que más da al final. Ese es un buen concepto pero la ejecución acaba siendo un tanto racista e ignorante. Finalmente, está la madre de Asím, que básicamente está ahí pero casi ni habla. Solamente está para que le den una paliza y se case con uno de los gitanos. Supongo que se hace eso para justificar de alguna manera que la familia gitana esté allí protegiéndola.
En conclusión, creo que tiene muchos fallos ligados a estereotipos y a la ignorancia acerca de las vidas de estos grupos de gente.
Es un libro muy ligero de leer sobre la corrupción urbanística y la extorsión, donde un grupo de jóvenes con la ayuda de un policía y un periodista tratan de aclarar la situación