Reunión de los tres libros de poesía que el autor ha publicado a la Lotes baldíos, De lunes todo el año y Alguien de lava. Las palabras que suscribió Luis Ignacio Helguera en su valoración crítica de De lunes todo el año, en 1992, son extensivas a este volumen de poesía "La presencia de Fabio Morábito, su profunda y distante mirada dirigida hacia los lotes baldíos, las lagartijas, el mar lejano, la riqueza de su escritura, delatan su biografía y rezuman el aire de un conquistador meridional".
Una agradable sorpresa. No me gustaron tanto los poemas iniciales pero luego todo me pareció maravilloso. Sí me queda la duda (retórica) de a quién se le permite escribir así en el campo poético mexicano sin ser tachado de simple y doméstico (categorías empleadas peyorativamente por crítica que, por supuesto, no sabe nada).
¡Qué gran poeta es Fabio Morábito! Es de esos extraños escritores que tienen un estilo unificado, una voz ubicua a lo largo de sus libros. Ya sea cuento, poemas o ensayos, Fabio siempre suena a Fabio. Increíbles poemas, refinados, perfectos, sencillos.
Qué gran poeta es Morábito. De este volumen, especialmente el segundo y tercer libros son una alta experiencia. Sus momentos de gran brillo son justamente eso: momentos de gran brillo que cuánto se agradecen, porque como la luna con la luz del sol, brillamos también gracias a ellos.
Completamente fascinado con la escritura de Morábito. Sus poemas tienen una belleza tan suave que se desliza a través de la página, a través de los ojos que la leen. Me encantaron sus inquietudes espaciales: los lotes baldíos, la ciudad, los parques. Cómo de cosas simples acababa por formar un poema que golpeaba. Y aunque no todos me gustaron y hay algunos que me dejaron más tibio, creo que los buenos pesan tanto que no puedo decir más que este libro (o estos tres) de poemas contiene una de las poesías más bellas que he leído en el año.
En cada página que acabo cumplo con un acuerdo, me digo adiós desde lo más recóndito, pero si. alcanzar a ir muy lejos. Escribo para no quedar en medio de mi carne, para que no me tiente el centro, para rodear y resistir, escribo para hacerme a un lado, pero sin alcanzar a desprenderme.