La prosa de Bitar es potente y precisa. No se pierde en el fetichismo de la descripción o el detalle gratuito. Asume con determinación el desafío concreto de captar lo ínfimo en su mas pura contingencia. La trama de sus relatos se trenza siempre en los incidentes y sus personajes son reales porque no se ponen nunca por arriba de las circunstancias. Desarman, a veces de manera un poco brutal, como tirando involuntariamente de uno de sus hilos sueltos, el tejido de una historia que los excede. Y tarde o temprano descubren, en lo atroz o lo banal del incidente, la áspera textura de la vida misma. - Maximiliano Crespi -
Francisco Bitar nació el 7 de abril de 1981 en Santa Fe, ciudad en la que vive. Ha publicado cerca de veinte libros de poemas, narrativa y ensayo, entre los cuales se incluyen la novela Tambor de arranque, los cuentos de Teoría y práctica y otros textos fronterizos como Historia oral de la cerveza, Mi nombre es Julio Emanuel Pasculli o El artista. Con la novela La preparación de la aventura amorosa inauguró la serie «De ahora en adelante», que continuó con La leyenda del muñeco de nieve y El cuerpo de un escritor; y con La muerte de César Aira, dio inicio a la serie «Cementerio de elefantes». En 2023 se publicó El taller literario, la primera de las novelas dedicadas a Gori Lizmayer. Lleva adelante el sello editorial independiente El buen desconocido desde 2021.
Es magia. Bitar le devuelve valor al lenguaje, esa miseria de lenguaje que en vez de morirse produce belleza a pesar de todo. Estos cuentos presentados como guiones para cuentos tratan sobre el amor y el desamor. Son cuentos obsesivos y peligrosos, se asoman a un borde indefinido. Exploran variantes de la felicidad, la soledad, la desesperación y la beatitud de la vida. No creo que sean cuentos minimalistas porque hay cuestiones filosóficas que aparecen explícitas. Las frases cortas, pulidas, los detalles de lo cotidiano y la filigrana existencial son minimalistas, pero el rotundo metafísico en primer plano para nada es mínimo. Se nota que es narrativa de poeta. Si bien la fuerza parece venir de la garra que narra, quizás las luces vengan de las formas en movimiento, de los cruces. Hay cuentos que se dicen guiones. Hay despliegues narrativos, secuencias temporales de eventos que crecen, pero es el extrañamiento poético lo que condensa la narración. Los siete cuentos fluyen, pero en algún momento se interrumpen. Varios en las frases finales, pero otros están perforados por palabras tan hiperintensas que rompen la continuidad en cualquier momento. Creo que son esas singularidades que saltan fuera del continuo espacio-temporal -como en Hawking- las que operan como axiomas en el sistema mágico de este libro.
Me gustó mucho este librito que leí en la santafesina ciudad de Rosario. Son historias de estilo norteamericano, tipo Carver o Lorrie Moore, sólo que están contadas con una economía mágica, con muy pocas líneas logran un efecto muy potente. Justo estuve leyendo también los cuentos de Aira y en uno aparece la idea de un nuevo género literario que sería el de "Esquemas para escribir novelas", a partir de los cuales cada uno pudiera escribir su propio libro. Estos relatos podrían ser algo así, sólo que no hace falta escribirles la encarnadura.
Segundo libro que leo de Francisco Bitar (tras Tambor de arranque) y ya me tiene ganado. Aquí habla sin ambages de temas universales, sobre todo de varios tipos de relaciones humanas, todo muy medido pero con cierto punto poético. El primer relato y el último me parecen magníficos, y los que hay entre medias no desmerecen en ningún momento. La manera de aplicar el "menos es más" en su literatura me parece encomiable.
Un libro en donde gran parte de sus cuentos, por no decir todos, dejan una sensación de redención en la que a partir de determinados eventos, quizás del pasado revividos de alguna u otra manera, sus protagonistas pueden llegar a experimentar una repercusión y mejora evidentes de sus vidas en el presentes. Una forma diferente, también, de escritura, puntualmente con un formato particular con respecto a otros libros de relatos, que al principio, al menos en mi caso, me inspiraba una curiosidad que no sabía adonde podía llevarme pero que afortunadamente me transportó a vivir momentos de hondo dramatismo, emotividad genuina y, por supuesto, placentera lectura.
Estos "guiones para cuentos" tienen una voz narradora absolutamente original. Todos parecen contados por la misma mente, en el buen sentido: un narrador hiperactivo que maquina en su cabeza un millón de ideas y las anota en un cuadernito de viaje, que sería el libro. El tiempo presente es una herramienta muy poderosa para lograr impacto, concisión, sensación de matter-of-fact. Lo sentí emparentado con el teatro de Mariano Pensotti o las Historias extraordinarias de Llinás, un movimiento muy saludable en la narrativa contemporánea hacia la revalorización de la trama. Tiene más valor en el caso de Bitar por venir de una provincia rebosante de experimentación y poesía que abogaba, justamente, por lo contrario: un pulimiento del lenguaje, un extrañamiento. Bitar aprendió y, como buen alumno, lo dejó atrás. Un detalle formal: me parecieron excelentes los títulos, cómo se insertan en los relatos
Planteado como apuntes para cuentos. Historias sencillas, que una vez comenzadas, no se puede parar de leer. El ultimo cuento "Acá había un río y yo lo cuidaba", bien vale el libro.
Me gusta mucho la forma de narrar que tiene Fran Bitar, ya me había pasado en libros que leí antes como Teoría y práctica o Luces de navidad, hay una especie de narrador que me hace sentir que estoy mirando/leyendo una película.
Me parece interesante como se juega la paternidad desde diferentes ángulos en cada uno de estos cuentos, ya sea desde su presencia o ausencia.
El cuento que más me gustó fue el que le da nombre al libro “Acá había un río y yo lo cuidaba”.
Tres estrellas que podrían ser cuatro y es mi culpa. No conecté mucho pero quizás sea porque lo leí rápido. El último cuento (que al ser tan corto el libro es casi la mitad de él) sí me gustó más. Si fuera por el *estilo* le pondría 4 pero quiero ser sincero con lo que me generó, entonces 3.
Son 7 cuentos repartidos en 100 páginas. Hago especial mención al último que me parece una genial obra de ingeniería literaria (por algo el libro lleva su título). Bitar escribe sobre odiseas cotidianas, sobre los grandes pequeños cambios que marcan las vidas de las personas. No hay grandes aventuras, si oportunidades perdidas. Bitar esquiva al barroco. No regala nada. Confía en lo que tiene que contar y lo hace con envidiable lucidez.
Sus personajes (en la gran mayoría) ni tienen nombre. El enfoque está en los sentimientos, experiencias y sensaciones. Todo es vívido. Todos hemos sentido lo que nos cuenta, muchas veces sin saberlo expresar. Bitar sabe, puede y lo hace.
Tiene algunas imágenes interesantes, pero no deja sensación de desasosiego, sino de liso y llano hastío de la vida. Y para eso ya está la vida, ¿no? Tal vez sea la literatura que viene, con poca imaginación. El único cuento que me entusiasmó un poco fue el último. Especial mención merece la falta de una corrección final, algo en lo que siempre fallan las publicaciones más independientes.
Historias fugaces. Finales súbitos, insólitos. Versos resonando en la mente aún después de su lectura, que me llevo encarnecidos, latentes, como un agradecimiento al autor. Atrás de este libro, dos lectoras antagónicas se debatían entre la tranquilidad y la habitual ansiedad al leer. A veces la lectora ansiosa sacaba ventaja y se apresuraba a completar el espacio que dejaba el final de cada historia . La tranquila retomaba apaciblemente el mando. Y cuando eso sucedía, cada palabra, cada verso tenía un sabor diferente, más intenso. La fragancia a poesía se impregnaba en la ropa. El corazón padecía el cauce del río del amor que desembocaba en la negrura de las lamentaciones y el desamor.
" Acá había un río y yo lo cuidaba"
Una vida anodina subyace en cada personaje. Un reencuentro enciende lo que antes se había apagado por el tiempo .
Esta lectora era toda oídos, Vista, Tacto, Olfato, Y gusto con este libro.
Esta lectora, se encontró como se encontraron los personajes de este libro, y sintió como sintieron ellos esa charla, ese indicio. Una evita este laberinto, pero al final se asombra.
Gran sorpresa del año. Lo compré en una libreria de usados y en una tarde lo terminé. Rápido, fluido, decía poco pero lo poco era suficiente. Full recomendable.