Nueva York siempre sabe a Nueva York. Es un sabor dulce, a veces exageradamente punzante, pero que siempre te deja con ganas de más. Marina, Moli para los amigos ―y más exactamente Moli Jones, en recuerdo de la alocada Bridget―, desembarca en la Gran Manzana dispuesta a darle un buen mordisco, a pesar de llegar casi sin dinero y sin trabajo. ¿Pero eso qué importa cuando se tienen ganas de comerse el mundo? Pronto se dará cuenta de que lo fundamental en la ciudad es tener una buena agenda de contactos. Y para eso Moli es la reina: no pierde el tiempo. Así que manos a la obra. Primero se enamora de un dentista rico y luego encuentra trabajo con uno de los diseñadores más fashion de Nueva York. Su meta es llegar a tener su propio show-room. ¿Lo logrará? ¿O la mujer que constantemente le pone la zancadilla en la oficina y que aparece en su vida en cada vuelta del camino se lo impedirá? ¿O se lo impedirá el amor?
Aunque me gustan los sujetos parecidos a Sexo en la ciudad al Diario de Bridget Jones, la vida neoyorquina de Marina Hernandes, la protagonista de esta novela, no me fascinó tanto. El papel de su hermana tan importante al final parecía poco significativo a lo largo del libro. Me tardé mucho en terminar de leer este libro. Lo compré en una librería con un descuento para practicar mi comprensión de lectura en español. No sabía nada de esa escritora y no creo que vaya a comprarme alguna otra novela de ella. Tres estrellas serían muy generoso.
No me gustó demasiado. Se me hizo aburrido, lento y muy largo. Considero que hubo demasiadas descripciones que nada aportaban a la trama. La protagonista me resultó un plomo y no logré empatizar con ella.
La verdad es que aunque parecía ser un libro aparentemente divertido, e incluso en algunos momentos intentó ser profundo y tener reflexiones interesantes.
No me ha gustado nada, me parece que le falta ser más realista y banalizar menos algunas cosas