Los escritores reunidos en esta antología apenas si participan de un par de datos en comú han nacido en torno al año 1960 y escriben todos en la misma lengua. Han publicado al menos un libro y gozan de cierto reconocimiento en sus países de origen. Y tienen, o eso al menos nos aseguran los editores del proyecto, los chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez, una moral común, la que se desprende del título del libro. «McOndo es, claro, un chiste, una sátira, una talla. Nuestro McOndo es tan latinoamericano y mágico (exótico) como el Macondo real (que, a todo esto, no es real sino virtual). Nuestro país McOndo es más grande, sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas, metro, tv-cable y barriadas. En McOndo hay McDonald's, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construidos con dinero lavado y malls gigantescos.»
Me gustó. Hace mucho tiempo una antología no me gustaba así. Debe ser una mezcla de mis cosas, esa tremenda carta al inicio, y la valentía individual de casi todos los autores. Cuando acabé esto supe que habían un montón de cosas que se me habían escapado. Es uno de los mejores sentimientos que puedes tener al final de un libro.
(Ese prólogo es uno de mis textos es prosa favoritos).
"Para nosotros, el Chapulín Colorado, Ricky Martin, Selena, Julio Iglesias y las telenovelas (o culebrones) son tan latinoamericanos como el candombe o el vallenato. Hispanoamérica está lleno de material exótico para seguir bailando al son de 'El cóndor pasa' o 'Ellas bailan solas' de Sting. Temerle a la cultura bastarda es negar nuestro propio mestizaje".
La antología es una selección de escritos de autores jóvenes que, de una forma u otra, buscan explicar la teoría de los editores del libro (quizá más Fuguet) de que la narrativa latinoamericana está lejos del realismo mágico de García Márquez. Por un lado, la selección es muy correcta, con autores que después de la publicación del libro (1996) hicieron carrera en la literatura o actividades anexas. Sus relatos son amenos, rápidos de leer y tienen esa intensidad y desidia tan propia de la sociedad de los 90'.
Por el otro, está la temática, más urbana, más de una Latinoamérica que pretende desmarcarse de las raíces indígenas o "mágicas" de otros autores, una pugna que no es particularmente nueva pero que, en esa década marcada por los cambios tecnológicos y culturales, volvió a tomar fuerza. Lo propuesto en el libro no es una forma de renegar de esa variante, sino de mostrar que pueden coexistir, aunque prácticamente no se pesquen.
Después de más de veinte años, esta colección de cuentos latinoamericanos ha envejecido a duras penas para estimarla, con historias sin la capacidad de seguir atrapando. Quizás nunca lo hizo en los '90 -no lo recuerdo- y tan solo fue un espejismo propio de mi adolescencia inmadura y poco profunda acerca de lo que hoy, considero una buena historia o un buen libro.
Vivencias que tienen en común lo heterogeneo, lo cotidiano y -a favor- el relatar lo que sucedía -y correspondía- a las inquietudes de los '90, esa generacion que venía a revolver la literatura latinoamericana.
manifesto tentador, pero me gustaron muy pocos: pituca colombiana en la carretera, tarde de chismosas chilenas y la coca muy guapa que se metía jaime bayly en miraflores.