Poesía de la calle con voz potente sobre personajes de ocasión. Fragmentos quizás televisivos, lecturas tangenciales, pequeñas conversaciones que dejan rebotando nombres en la memoria. Los Kohan, Alberto del menemato, Martín de la academia, Francella de la televisión, Hjelmslev de la lingüística. Restos diurnos que construyen sueños o poesías. Lo alto y lo bajo, en palabras, en recursos de lenguaje, ese caos incomprensible que es la clase media argentina. No son poemas tranquilos. Se leen con la pupila dilatada. Debe ser alguna variante de violencia que opera sobre las formas. Es buena poesía, fractura la tranquilidad cotidiana. Asusta, da un poco de frío. Es claro, pour épater le burgeois. De ahí el espanto, esa extraña belleza espinosa. Es entonces que se deja ver la poderosa sustancia poética de Rubio.
En el Posfacio, Mario Ortiz profiere loas a este libro, consagrándolo como "el mejor Rubio". No coincido, aunque sí es un paso adelante frente a sus anteriores incursiones poéticas (las últimas recogidas en La enfermedad mental). Párrafo aparte merece la edición de Vox, en la senda de sus últimas publicaciones, con las que quieren tirar la casa por la ventana (y el bolsillo de sus fieles lectores, de paso). En esta oportunidad la tapa, contratapa y un insert en papel ilustración están a cargo del artista Diego Perrotta.