Rebelión de los oficios inútiles narra la historia de una invasión durante los años 70, cuando una multitud de campesinos sin tierra decide tomarse un lote baldío en las afueras de un pueblo colombiano.
En un audaz contrapunto de voces y perspectivas, este episodio se reconstruye a partir de la crónica de sucesos, el documento apócrifo y los recuerdos e impresiones de quienes narran la historia: Simón Alemán, terrateniente alcohólico y arruinado, que trata de defender sin mucha convicción el lote de sus ancestros; Joaquín Borja, el periodista, cuyas ideas se estrellan contra un muro de oscuridad y violencia, y la multitud de los trabajadores que, bajo la serena y terrenal dirección de Ana Larrota, luchan por un paraíso del que hace tiempo los despojaron.
El resultado va más allá del recuento de otro hecho de violencia: es la sobrecogedora polifonía de una historia de iniquidades, sueños frustrados y luchas sin salida, en la que, salvo los dueños de la muerte, todos acaban perdiendo.
Con una voz potente y una gran habilidad narrativa, Daniel Ferreira presenta, desde una nueva dimensión, la urdimbre de conflictos sociales que han desangrado al país a lo largo de un siglo.
Daniel Emilio Ferreira Gómez. Escritor, bloguero y cronista independiente colombiano con un proyecto de cinco novelas sobre la violencia y la historia de Colombia, que ha bautizado: Pentalogía (infame) de Colombia. La primera novela de este proyecto La balada de los bandoleros baladíes recibió el Premio Latino-americano de Primera Novela Sergio Galindo en 2010, siendo publicada al año siguiente en México en la editorial de la Universidad Veracruzana; la segunda novela, Viaje al interior de una gota de sangre, premiada con el Premio Latino-americano de Novela Alba Narrativa en 2011, fue publicada por la editorial cubana Arte y literatura en 2012. La tercera, Rebelión de los oficios inútiles, obtuvo el Premio Clarín de Novela en 2014, siendo publicada en Argentina ese mismo año en la editorial Alfaguara.
Casualmente hoy, un día después de haberlo terminado, descubro que no solo esta obra ganó el premio Clarín de Novela, sino que sus dos anteriores novelas también ganaron premios internacionales. Más triste aún, descubro, que más o menos con esta edición de Alfaguara, es la primera vez que lo publican en Colombia. Un autor poco conocido de los grandes círculos de la literatura colombiana, y del gran público, por suerte me tope con esta obra que no solo es una gran viaje en la historia del país, sino también un gran viaje de emociones por el realismo y la conexión que se logra con los personajes. Libro desgarrador de la realidad de nuestro país, que al haberlo terminado sólo me deja con las ganas de conocer sus otras novelas.
Muy poco se de la violencia politica en Colombia en los 70s, muy poco me enseñaron y muy poco creo se recuerda por muchas razones. Este libro es una ventana al pasado a ponerle nombre a las cifras, a humanizar a las victimas, a satirizar a los victimarios, a mostrar lo injusto de un pais que aun ahora se enfrenta a las mimas miserias.
Este libro me da ganas de estudiar mas a fondo la historia de mi pais que debo decir ignoro bastante, la historia de la violencia armada y esperar que los dialogos de paz sean exitosos, ya es suficiente.
“Esta historia comienza con el maestro albañil Serafín Meneses Tovar” es la línea con la que inicia “Rebelión de los oficios inútiles”. En ese momento, deduje que este libro me gustaría y no me equivoqué. Lo he disfrutado muchísimo. No solo por la forma en la que está escrito (quizás sea más apropiado decir “las formas”, pues estas varían de capítulo a capítulo), sino también por la historia que cuenta y los personajes a los que Daniel Ferreira ha elegido darles voz.
Me encantó conocer a personajes como Ana Larrota, para mí, la gran protagonista de esta historia coral narrada por personajes marginales, dejados de lado en la Historia (con H, porque es la “oficial y única”) de las naciones, en este caso, de Colombia. Larrota es un personaje trasgresor tanto en lo social como en lo narrativo, pues se trata de una mujer mayor, casi de la tercera edad, que se nos presenta como una líder natural, capaz de construir discursos que quedan grabados y, sobre todo, porque no cae en el cliché del personaje femenino escrito por el autor masculino. Existen también muchos otros personajes que construyen esta historia, algunos se vuelven recurren y protagónicos a través de las páginas, otros tienen breves apariciones, pero sin importar su rol en el texto, todos son interesantes a diferente nivel.
Por supuesto, lo que se relata, la lucha por un vida digna y justa (algo que suena tan sencillo, pero, a la vez, tan utópico en los países sudamericanos), también resulta cautivador.
“Rebelión de los oficios inútiles” es un libro sencillo, pero también uno de mis grandes descubrimientos literarios de este año.
Primer libro que leo de Daniel Ferreira, es monumental.
Constantemente encontramos críticas a los escritores colombianos jóvenes por no haber construido una narración creativa y diferente sobre la violencia en el país, una narración constructiva y propositiva más allá de la sangre; creo que Ferreira lo logra magistralmente.
El manejo de los tiempos, la construcción de los personajes especialmente el de Ana Larrota y las licencias literarias del autor hacen que esta sea una novela imperdible.
Historia de una invasión de un terreno baldío narrada por los distintos protagonistas. Crónica de las tensiones sociales de Colombia a mitad del siglo XX, pero que aún perduran en toda la región y en las cuales nunca hay ganadores.
Extraordinario. Diferentes tipos de narrativas y perspectivas que hacen del libro un gran placer. Poco más que agregar.
Este libro tiene un tinte politico muy marcado que hace que a algunos les vaya a gustar solo con leer la premisa. Hay que tener cuidado cuando se tiene el aplauso asegurado. Cuando le hablas a tu publico de todo lo que ellos quieren oir. Una mujer sindicalista, guerrera de corazon. Un despojo de tierras producto de una urbanizacion fallida. Un conflicto con la policia.
Porque como novela este autor me confunde. Sus cambios de estilo capitulo a capitulo, como tirando de todo a ver que le sale, a mi personalmente no me gustan. El autor intenta ser innecesariamente artistico. En videos de youtube quizas nos gusta ver un futbolista de fantasia que se dedica a hacer la 21, par bicicletas, taquitos, y demas. Pero en un partido eso no aporta mucho.
Las partes que mas me gustan son las mas normales. Asi soy yo, solo helado de vainilla.
Real, denuncia necesaria, atroz por el país pero, de nuevo, se trata de una novel sin alma, sin coherencia, sin un sentido real. La novela de forma es muy buena, los personajes, la estructura, el planteamiento es bueno, todo el despliegue cultural que demuestra es grandioso, pero no convence, no atrae, no emociona.
Muchos elogios podrían salir de la conmoción profunda que deja leer esta novela, un libro que cumple con eso de lo que habló Kafka cuando dijo que un libro debe ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro.
Pero solo diré una cosa: es una novela que yo hubiera querido escribir.
A mi me parece que este libro no tuvo climax, que es una historia mansa, uniforme, a veces aburrido. Creo que este libro ha sido inflado por los medios hasta más no poder.
Tenía este libro guardado desde hacía varios años. Debo confesar que cierta predisposición negativa me había mantenido alejado de él, hasta que hace un par de semanas decidí leerlo. Al inicio, quizá durante toda la primera mitad, logré engancharme. El libro narra las luchas de pobladores obreros por la recuperación de un terreno despojado a sus ancestros y sostenido así durante generaciones. Se articulan entonces la historia de los pobladores despojados, de su vocera, de un periodista y del "dueño" de los terrenos, un personaje desesperanzado, cínico, soñador y soberbio muy bien trazado. Cada parte del relato tiene un estilo singular que da paso a otros para, más adelante, repetirse. En las primeras 50 páginas el autor no usa comas ni puntos aparte, y repite insistentemente la fórmula "esta historia comienza con..."; son 50 páginas tediosas, difíciles de seguir pero que, decidí pensar, buscan justamente estallar en los lectores la historia trágica de sectores históricamente vulnerados (algo parecido a las muchísimas páginas de 2666 en las que Bolaño relata los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez). Luego vienen algunas partes de estilo más convencional y que recompensan un poco el esfuerzo de las páginas anteriores; aquí el relato comienza a tomar forma. Luego, como premio, viene una parte encantadora y de estilo diferente: "El árbol que cuida tus huesos"; escrita en primera persona, narra el desentierro de un cadáver y, a través de la descripción de sus partes, la historia de la relación entre el desenterrador y el desenterrado. Las cerca de 40 páginas de esta parte merecen una mención meritoria. Pero luego, vuelve el estilo sin comas y sin puntos durante 40 páginas más. Aquí lo ganado en las partes anteriores desaparece y se leen las páginas como una interrupción indeseada que, para acabar de ajustar, se continúa con, para mí, la parte menos lograda: un interrogatorio. En lugar de tomarse en serio el género de preguntas y respuestas, de ser fiel a los interrogatorios judiciales como un género narrativo súper potente (por ejemplo, Sergio de la Pava en "Una singularidad desnuda"), el autor lo usa para poner a hablar, excesivamente, muy excesivamente, a la líder de los proletarios que se extiende durante páginas declarando sus intenciones y los principios políticos del movimiento. A mí parecer, eso es trampa. Es, por decirlo en pocas palabras quizá un poco facilistas, un panfleto. Para terminar, al menos para terminar mi aguante (porque no terminé la novela), viene nuevamente otra buena cantidad de páginas sin comas ni puntos. Aquí ya tiré la toalla. Según supe en algún momento, al autor le había costado trabajo hacer que esta obra de ficción no fuera, justamente, un panfleto. Creo que si hay partes importantes (el desentierro y la historia del terrateniente desencantado) es porque son menos explícitas, porque se guardan algo importante en lugar de decirlo todo, gritándolo en la cara de los lectores. Hay pocas reseñas aquí que le dan pocas estrellas a la novela de Ferreira. La mayoría recalcan que aprendieron mucho al leerla. Yo me uno a las más pesimistas. Y más aún lo hago ahora, cuando se están escribiendo tantas buenas cosas sobre escenarios de exclusión y de violencia en Colombia.
Un día quise saber cómo estaban escribiendo los autores colombianos contemporáneos y así llegué a Daniel Ferreira. Esta es la primera obra que leo de él y realmente me ha gustado, me gustó la forma cómo usa los recursos de la narrativa y esa polifonía de voces tan tristemente colombiana. La historia es pesada, como todas las que salen a la luz después de que los muertos no las pueden contar; una de esas donde pensar que es ficción es vivir en otro mundo, porque es el día a día de nuestro país, tal vez por eso engacha tanto y es tan fácil de leer.
Ana Dolores... "hay tanto trabajo en el barrio que no me queda tiempo para leer, hace dos años que no leo nada distinto a la biblia, pero en ese libro hay suficiente información sobre injusticia y la ignominia", la historia a la violencia tiene muchos comienzos, muchos puntos de vista. El mismo sentimiento Dolor, injusticia, coraje...
Un libro con muchísimas reflexiones sobre esa violencia, como las misma personas se acostumbran a ella, la violencia.. "un pais que masacra de uno en uno para que no se note el genocidio"
Este libro es una critica fuerte a la sociedad y al manejo violento e injusto que se le ha dado a la distribución de la tierra. Una critica a la clase media alta y a su ceguera selectiva. Tiene una trama muy bien construida, el ritmo es acelerado pero se entiende muy bien. Utiliza varios narradores en cada capítulo.
El capítulo que me conmovió hasta las lágrimas: El árbol que cuida tus huesos.
Personajes principales: Simon Alemán, Ana Dolores Larrota, Joaquin (el periodista), Giovanni (El fotógrafo).
Es una narración que te cuenta varias cosas del ejercicio de escritura y que siendo otro tipo de novela las haría explicitas de otra manera, acá no, la narración da cuenta de ellas. Que es la reapropiación de un material de archivo. Que la imaginación, como recursos de ficcionales o como exceso necesario para referir la condición universal del humano, compagina con la verdad. Que el tema de la violencia seguirá siendo himno literario de la nación colombiana.
La historia repetida, el ciclo que nos obliga a vivir una y otra vez la violencia en Colombia, con otras formas, con otros nombres. ¿Qué karma estamos pagando? ¿Qué ignorancia estamos padeciendo? De verdad que es la narrativa cíclica de la historia de este País.
El mundo mágico colombiano arrastrándose entre las piedras de un barrio que no fue, llevándose puesta la dignidad de los que nada tienen y la avaricia de los que todo quieren.
Esta historia comienza en las notas informativas que Joaquín Borja escribe para su periódico independiente la Gallina Política; comienza cuando Ana Larrota lidera un grupo de cientos de campesinos a quienes se les despojó de sus tierras; comienza cuando Simón Alemán heredero de unas tierras, proyecta montar un Vedado en la cima de una montaña; comienza cuando un grupo de obreros deja de percibir su salario; comienza con una bancarrota, con la aparición de los banqueros; comienza con la entrada en escena de los militares autorizados a oficiar consejos de guerra, y con la entrada en escena de la gente de bien, y sus formas tan particulares y reprochables de actuar; comienza con la aparición de cuerpos sin vida en ríos y escombreras; comienza en la idea colectiva de que un futuro mejor es posible. Una novela hermosa; Daniel escribe de manera majestuosa, realmente embelesa. Agendados los otros libros que hacen parte de esta pentalogía.
Un lenguaje impecable. Es una novela que plantea retos para el lector. Se introduce en la realidad colombiana rural. Pero desde un pequeño pueblo y desde la vida de sus personajes, habla en general de Colombia.
De una manera maravillosa el autor plantea una lectura marcada por ritmos impuestos por su escritura. Es una novela que enardece los sentidos. Se alcanzan a escuchar acordes de piano y a sentir miedo. No es fácil recibir estas historias sin llorar. No creo que puedan haber muchos lectores que logren pasar por esta historia sin sentir que la piel se eriza.
Esta novela, llena de verdad y crudeza, es un resumen y detallada imagen de la historia de Colombia. Una historia de vencidos, de humillados, de pobres, que lo único que tienen para perder es el miedo.
En muy pocas páginas Daniel Ferreira logra la inmersión del lector en la violencia que desgraciadamente a caracterizado al país.
Una historia contada con los recursos narrativos exactos en una prosa envolvente. Daniel Ferreira reúne en esta novela los condimentos acertados para posicionarse como uno de los escritores que pueden exponer a América Latina de una forma tan auténtica y dolorosa a la vez. ⭐⭐⭐⭐⭐
La historia de la violencia y la lucha por la tierra es interesante y hay muchos capítulos que agarran. Sin embargo, la prosa es cargosa y pesada. Hay pedazos en dónde las oraciones tienen tres páginas de extensión y su lectura se vuelve jarta. No lo recomiendo tanto.
Una verdulera que asume el liderazgo de una protesta. Un heredero alcohólico y despilfarrador con un proyecto insólito que lo lleva a la quiebra. Un periodista convencido del oficio. Los tres avanzan sin reparos hacia su tragedia personal comprendiendo quizá que la tragedia es transversal, magnánima, democrática a su manera. Estaba ahí antes de ellos y les pasará como una aplanadora, sobreviviéndoles. Llegará en forma de prisión, de tortura, de bombazo, de agonía. Por eso la viven igual. Por eso la cuentan.
En esta, la tercera novela de la Pentalogía, la trama es más sinuosa, va más lejos, salta de manera diferente. Como pescando las genealogías de los desenlaces, como paseándose por los paisajes interiores para hallar causas primeras, eslabones de tiempo, treguas, la imagen distorsionada del deseo de un curso diferente. Esas dilaciones también abren campo a reflexiones políticas, éticas, estéticas, y a referencias literarias que no tuvieron lugar en los dos primeros libros. Sigo encontrando admirable su manera de jugar con los registros y los tiempos, la estructura panorámica sostenida por las piezas bien puestas. Daniel Ferreira es enfático en que literatura y realidad no son la misma cosa; leerlo, igual, es fascinarse por su capacidad de ensamblar palabras, imágenes y relatos, con la amarga certeza de que esa suma de infamias son dolorosamente reales, dolorosamente humanas, dolorosamente nuestras.
Citas y fragmentos:
- Ana Dolores- le dijo el hombre de las tenazas-: las antorchas ya deben verse desde el pueblo. - Mejor: así sabrán que la protesta iba en serio. - ¿Y si los toros salen a misa? - Que vengan juntos, ejército y policía. - Y si disparan? - Que disparen, Lorenzo. A nosotros ya no pueden matarnos, porque para el gobierno no existimos: ya estamos muertos. (24)
Son los hombres más jóvenes y fuertes quienes custodian el campamento hasta el amanecer. Están armados de palos, piedras, azadones y machetes oxidados. El ejército traerá fusiles en un eventual desalojo y todo allí arriba se volverá una matanza, pero en eso consiste la indignación radical: en defender ese pedazo de tierra aunque les cueste la vida. (26)
Para que una fotografía continúe vigente en la historia debe hablar de esa tragedia recurrente, de esa constante de tiempo que vuelve a repetirse, de ese heroísmo o esa vileza permanente, humana, que regresa y pasa de una lucha a otra, de un lugar a otro, y que se convierte en metáfora de todas las iniquidades habidas y las por venir, los judíos en el gueto de Varsovia que cruzan el puente de la calle Chtoda rumbo a trabajos forzados, los esqueletos sobrevivientes a Treblinka y Belzec y Auschwitz, donde "el trabajo os hará libres", fotografías que están ahí para atestiguar un instante, aunque el mundo se niegue a aceptarlas, o porque el mundo que viene ignora que existió Auschwitz y algunos se atreverán a desmentir lo ocurrido deben permanecer esos esqueletos vivientes, esas pilas de huesos humeantes, las aberraciones del genocidio que la mitad de la humanidad no quiso detener y de la que todos los que coexistían en una época son responsables en parte, tragedias inéditas que en un descuido de la memoria se convirtieron en cifras, si esos millones de cuerpos en los que acaban una guerra se dejaran como simples números ya todo lo habríamos olvidado, porque los números no tienen rostro, ni sufren, ni gritan (...) de nada sirve si los que nacen nunca lo vieron, las estadísticas son lápidas sobre la amnesia y el olvido, y el olvido es un crimen que le concierne a otro, una fotografía dice al observador aquí están seiscientas mil toneladas de cabezas cortadas, véanlas, ocho millones de litros de sangre, huélanlos, seis millones de libras de masa encefálica desperdiciada, admírenlas, aprendan en las fotos de Capa lo que es el hombre, lo que es la guerra (...) (34-35)
Decía que debíamos lanzar un número especial de nuestro periódico, un reportaje fotográfico de las pertenencias personales de los torturados que aparecían muertos cada mañana en zanjas y recovecos de carretera, despojos de nuestra guerra sucia, un museo no con sus cadáveres putrefactos sino con sus despojos, con sus objetos privados, secretos, con sus calzoncillos de la suerte que no llevaron, con sus camisas escotadas y agujereadas por los proyectiles, sus billeteras adornadas con fotos de sus esposas, el mosaico del colegio donde se graduaron, el equipo de fútbol al que pertenecieron, el día del bautizo de sus hijas en que se les veía sonreír junto al ponqué de cuatro terrazas, convertir al muerto en lo que era, un padre, un hermano, un tío, un esposo, un ser humano que merecía vivir en la memoria, no una cifra de desaparecidos ( 35-36).
En un tiempo donde el enemigo del pueblo era el pueblo mismo, donde el enemigo no estaba afuera sino adentro de nosotros mismos, y era el miedo y la ignorancia, teníamos miedo e ignorancia, vivíamos entre el miedo y la ignorancia, y esos dos hermanos, cuando van juntos, nunca pierden la oportunidad de saltar al cuello y despescuezarte, acallar tu voz y tu raciocinio y volverte un subalterno obediente, un ciudadano ejemplar ... (37)
Una de las pruebas de que eres pobre es que no puedes viajar; es decir, que no eres libre de ir a donde tu voluntad quiera llevarte para mejorar las condiciones de tu vida. Otra, es que no eres dueño de tu tiempo, ni de tu cuerpo. Otra, es que naciste en un territorio que ya tenía dueño, y que para tu desgracia ese dueño no era miembro de tu familia. Otra, la definitiva, es que debes aceptar el valor arbitrario del dinero, y buscarlo para poder vivir. (164)
El origen de clase de la élite no es campesino ni obrero, sino delictivo. (170)
Un periodista es un testigo. Puede juzgar, nada más. Su trabajo es hacer ver. Salvo si la evidencia de su propia labor le hace reconocer que vive en una sociedad injusta y pasa a la acción; es decir: salvo si la tragedia toca a su puerta (...) tengo mis dudas de la utilidad del propio oficio si no es acompañado por una acción eficaz contra un problema concreto. Un periodista puede detectar las contradicciones sociales del momento, pero difícilmente su herramienta de trabajo, el análisis y la investigación, le permiten hacer algo para cambiarlas. (175-176)
Lo que buscamos es cambiar el futuro. La forma en que vivimos. Las condiciones en que estamos dispuestos a realizar un trabajo. La forma en que están repartidas las responsabilidades en una casa y en el trabajo y en el amor y en la vida diaria. Esta lucha común ha unido a gente que realizaba trabajos que no se consideran trabajos: como vender frutos de la tierra en las plazas de mercado, como abrir las venas del alcantarillado, como criar niños, como mantener una casa limpia, como lavar ropa en un río porque no hay acueducto, como recolectar cosechas, como pegar ladrillos para construir casas de otros, esta lucha unió a gente que está acostumbrada a sentirse marginal, en el último puesto de la fila del progreso. Esta gente busca un sitio que se parezca a la vida. (178-179)
Creíamos que la verdadera cultura de un lector se hace más de rechazos que de adhesiones, pero también sospechábamos que de las adhesiones deliberadas y de la regurgitación de otros rechazos era que a veces nacían los descubrimientos notables, porque para fundar un estilo hoy hace falta juntar una sarta de gustos malos... (207)
¿No te habías dado cuenta, señor director, de que la palabra es peligrosa porque analiza, ordena y demuestra, y en eso consiste el poder? (215)
¿Subrayar un libro es escupir en lo sagrado? Subrayar un libro es una celebración, es descubrir que otro pudo decir lo que nosotros pensábamos y no sabíamos pronunciar, es fijar un pedazo de saber que la memoria aspira a confirmar una vez más y citarse para el reencuentro... (218)
No somos totalmente culpables ni totalmente inocentes de lo que hicieron de nosotros. (218)
Era una estratagema del desamparo: todos los acorralados por la vida, todos los damnificados de la desesperación son capaces de fingir amor para obtener de la vida una segunda oportunidad. (273)