A mí me gusta leer estas historias, o novelas; porque son para pasar un rato, sacan una que otra risa, no resultan siendo tan memorables como para que quede grabada en tu mente, pero te sacan de afán cotidiano.
Es una narrativa sencilla, que te lleva casi en un dos por tres en todo su contenido; combina algo que mis abuelas me enseñaron al cansancio y es que el buen amor, está relacionado con la cocina, con sentir, con identificar y dar gusto a través de aromas y sabores. Entonces hay una identificación personal, como hay una identidad de familia, de las relaciones entre estas, la consecuencia de las ausencias y lejanías.
Me gusto el predominio que Marge, la protagonista tiene, en su fortaleza, en hacerse respetar, en asumir sus decisiones, el demostrar que en este caso, “ser cocinera”, no devalúa, más bien logra dar un enfoque fuerte y resoluto frente a la incredulidad, machista- diré yo – y el dominio del dinero sobre la rectitud e incluso la ética. Es muy cotidiana, simple, no tiene nada entre hecho, es como si la vecina te contar los asuntos de un pueblo, donde todo ocurre, todo es impredecible y hasta utópico. Hay todo lo que dentro de un lenguaje hogareño, cálido, natural puede haber, amor, celos, intriga, envidia, venganza, recuerdos, amor filial, de pareja, seducción, una insinuante pasión, en fin..
Las autoras, nos ofrecen a una mujer fuerte, con la capacidad de ser y querer cambiar, frente a la frialdad masculina que oculta unas emociones de infancia fuerte, triste. Yo les digo, acá hay todos los matices, nada con profundidad, pero si lo que un día podría sucederse. En lo romántico, pues todo en realidad alrededor de la cocina, un erotismo gracioso que se devana desde los sabores, la coquetería de un plato bien servido, y lo que produce a la vista, eso sí.
Y claro, no dejare por fuera, lo bien construida la participación de las recetas, incluido compendio, van dos o tres en lista para ponerlas en práctica.
Pueden divertirse, cuando estén fuera del contexto anímico para otras lecturas.!