Pensando en la polarización actual, la ausencia de diálogo, el auge del discurso de odio parece que todos tienen el origen en el proceso de otrorización. Tiburi dice "La falta de diálogo es el síntoma no sólo de la ausencia de reconocimiento, sino de una proyección violenta de una verdad sobre el otro en la que el papel del lenguaje no es el de la comunicación, sino el del mero discurso en nombre de una verdad única." Una suerte de falta de empatía, de encasillamiento de los demás, una negación a conocerlos mejor. El diálogo se vuelve imposible cuando se pierde la dimensión del otro.
En fin, un recorrido por distintos temas que analiza el discurso neofascista, que aunque no siempre he disfrutado, me ha parecido muy instructivo:
Toda persona autoritaria se suente medio sacerdote de alguna causa.
El diálogo es una práctica a pequeña escala que podría inspirar prácticas mayores. Instaurador de lo común, debería ser la base de una ética del día a día, aquel lugar donde me vuelvo quien soy.
Soy autoritaria cuando, sin pensar, impongo violentamente mis deseos y pensamientos, sin preocuparme de lo que los otros están viviendo y pensando; cuando pienso que mi modo de ver el mundo está cerrado y acabado; cuando olvido que la vida social es la vida de la convivencia y de la protección, los derechos de quieres viven en el mismo mundo que yo. No soy democrática cuando mis acciones no contribuyen al mantenimiento de la democracia como forma de gobierno del pueblo para el pueblo; cuando olvido que el pueblo necesita ser capaz de respetar las reglas del propio juego al que se adhirió y que es el único capaz de garantizar sus derechos fundamentales: el derecho de la democracia.
El carácter genérico del sufrimiento puede ayudarle a salir de él. Aunque el sufrimiento siempre sea único en un sentido lógico, no lo es en un sentido comparativo.
Pero no olvidemos que padres e hijos también practican mucho desamor bajo la cortina de humo de la palabra amor. El amor, si no está mediado por algo que podremos llamar "reflexión amorosa", un estado constante de reflexión ética sobre lo que hacemos en su nombre, es un gran peligro en la vida de las personas, pues se presta a toda forma de engaños.
El amor también participa del consumismo del lenguaje. Por eso, tal vez sea más honesto dar lugar entre nosotros a otros sentimientos menos pretenciosos, como, por ejemplo, el respeto. La justicia , que se asemeja al amor por su condición de imposibilidad, tal vez sea mucho menos imposible y tenga más sentido. Incluso al usar menos el término amor, actualizándolo con menos elocuencia por medio de otras palabras quizá estemos practicando más amor. Y, aún así, el amor no puede ser expulsado.
Frente al ordenador nos sentimos seguros. Igual que nos sentimos delante de la pantalla de televisión. La seguridad es una ilusión, pero la ilusión de la seguridad es lo que nos conviene.