Madrid. 24 cm. 397 p. Encuadernación en tapa dura de editorial con sobrecubierta ilustrada.. Este libro es de segunda mano y tiene o puede tener marcas y señales de su anterior propietario.
Esta lectura, en principio vergonzante, más próxima a la crónica rosa que a la literatura, la inicié por curiosidad, rayana en el morbo. Trataba de contrastar la imagen glamourosa que da de sí en sus memorias con la que se refleja en lo escrito por su última pareja. Ni qué decir tiene que no sale nada bien parado como ya nos avisa el título del libro. Este testimonio lo encuentro entretenido y bien escrito. Mantiene el interés. Aunque he encontrado algún error de uso de vocabulario indigno de un escritor (perdón por la pedantería), como la siguiente frase: “La humillación que un ser humano puede infringir (sic) a otro es algo que marca”. Creo que lo correcto no es usar el verbo "infringir" sino “infligir”. El verbo “infligir” significa causar un daño, castigo o sufrimiento a alguien. Por otro lado, “infringir” significa transgredir una ley, norma o regla. Creo que lo debería saber Doña Begoña o el corrector de la editorial, si existe. Entrando en el fondo: Nos retrata a un Vilallonga tacaño, muy egoísta, desconsiderado, aprovechado y controlado por su hijastro Fabricio. Recomendable a quien le interese el personaje despellejado.