Mon grand-père amenait ses maîtresses chez lui et faisait l'amour avec elles en couchant ma mère dans le même lit. Ma grand-mère, dont c'était le deuxième mari, demanda le divorce. Après avoir fait mine de vouloir se tuer avec un couteau de cuisine, il accepta gentiment. Ma grand-mère se remaria avec un gigolo, et mon grand-père épousa sa secrétaire qui avait trente ans de moins que lui. Comme voyage de noces, il l'envoya en vacances avec ma mère, car ses affaires le retenaient à Paris et qu'il ne pouvait se permettre de prendre du bon temps comme ça.
Valérie Mréjen, née en 1969 à Paris, est une romancière, plasticienne et vidéaste française. Elle développe son travail à partir d'événements du quotidien, de détails cruels et burlesques de l'existence, de souvenirs, de lieux communs ou de malentendus.
Ses œuvres ont été présentées dans de nombreuses expositions en France comme à l’étranger. Une rétrospective a eu lieu à la galerie du Jeu de paume1 en 2008.
Si yo sé que traducir no es fácil, y este libro, con sus constantes juegos de palabras, menos todavía. Pero ¿tan difícil era encargárselo a alguien que al menos supiera un poco de francés? ¡Que he tenido que leerlo comparándolo con el original para enterarme de algo!
Me gustó mucho su escritura. Sentencias cortas, recuerdos dispersos... tiene algo de Perec pero a una escala más discreta. No es un relato, sino más bien un cuadro construido como si fuera un puntillismo literario.
Hi són Perec, Ginzburg, Wes Anderson i fins i tot Les consolacions d’en Miquel Serra. Però sobretot destil·la la vella tradició francesa d’un jo que barreja l’excentricitat alhora desvergonyida i acusatòria, gairebé penitent, a través d’una acumulació atzarosa (i no tant) de fragments, com fragmentaris són els records, un bagul de polaroids. Una petita joia.
Les souvenirs de Valérie Mréjen sont comme autant de petits bonbons à picorer à l'envi. Qu'ils soient acides, amers ou d'une douceur incomparable, ils ont tous ce délicieux parfum d'enfance qu'on a plaisir à retrouver. Le ton à la fois simple et franc est empreint d'une tendresse et d'une poésie qui ne laissent pas indifférent.
Me tardé en terminar este libro tan corto por distintas razones. No quiero que se crea que no me gustó, pues esa sería la mentira más grande del mundo. De hecho, me tenía tan cautiva que yo solita me forcé a leer con calma. Y eso no ocurre con frecuencia.
En este libro encontré un amor absurdo por las palabras y el significado que le damos a cada frase. Es perturbador, honesto, divertido y profundamente caótico, al igual que la mente del ser humano. Llegué a él por casualidad, por destino, quien sabe.
En él también encontré el sentido de pertenencia y la falta de ella. Hallé el terror familiar y la nostalgia como suspiro de la vida. Me encantó pasear sobre los conflictos de la narradora y seguir sin una solución. Porque así es la vida, un conjunto de reflexiones, un poco de aquí, un poco de acá.
Sentí un vínculo intenso con la narradora. Toda mi vida me ha pasado que cambio las frases y los significados y eso me lleva a caminos nuevos, descubrimientos tan cómicos que caen en lo ridículo y muchas ganas de seguir experimentando.
Cogí este libro en la biblioteca porque me pareció muy mona la edición y me llevé una sorpresa para bien. El formato es quizás lo que me parece más llamativo, no hay separación en capítulos sino que la historia se va desplegando en párrafos pequeños que saltan de un lado a otro describiendo la historia de la familia de Mréjen. En una línea puedes tener una anécdota sobre las dificultades de la autora para pronunciar una palabra, o un chiste terrible que contaba su padre, y en la siguiente un drama familiar. Y son estos cambios los que me tuvieron enganchada hasta terminarlo (de una sentada, antes de llegar a casa).
Rápido de leer por lo corto que es. Leerlo es como cuando te encuentras con una amistad a la que no has visto en mucho tiempo y tiene demasiadas cosas que contar, y que lo hace respirando deprisa porque es necesario.
No me convenció que no lleva un hilo, aunque fuese desordenado, para provocar el menos nostalgia. Tampoco el final. Pero es bueno leer algo innovador.
Un libro breve e intenso que se lee de una sentada. Al leerlo he sentido que estaba ojeando párrafos de un diario, sin cronología concreta, desordenados y caóticos que retrataban una familia un tanto particular: amores, desamores, divorcios y un par de inquietantes alusiones a relaciones incestuosas relatadas de un modo tan naif, que parecen inofensivas... ¡Muy curioso!
Es un libro hecho a base de retales de recuerdos de su abuelo pero tb de otros integrantes de su familia. Es cortito, ameno y al final te saca más de una sonrisa. ( aunque las primeras páginas desconciertan ).
Très court texte recension de souvenirs d'enfance et de jeunesse sur les objets et la famille. C'est fait sans aucune prétention et au plus prêt des choses. Du coup l'effet de l'ensemble est très réussi parce qu'aussi on ne peut s'empêcher de croiser avec nos propres souvenirs.
He leído éste su primer libro después de los que han venido después. Por eso, supongo, no me ha sorprendido ni llenado tanto como El agrio y Selva negra.
Lo tomé de una librería curada, leí un párrafo y llamó mi atención. Me gusta la no ficción porque siento que es donde uno más se abre.
El relato de un abuelo, que termina siendo el relato de un padre, una madre, una familia. A través de cada párrafo sin continuidad y con salto, me atrevo a decir que nos encontramos con el autorretrato de la autora, más que con el retrato de su abuelo.
Situaciones incómodas, situaciones graciosas, situaciones que derraman ternura, y así, más y más situaciones que con pocas palabras, transmiten.
Interesante de leer, por la forma en la que se construye.
Es un libro corto que está dividido en pequeños párrafos donde la protagonista describe a su familia. Narra las peculiaridades de esta.
Me ha parecido una simpleza de libro donde hay algunos párrafos graciosos pero la mayoría son muy sencillos. Su estructura está compuesta de frases directas y simples.
No me canso de decirlo. No se necesita mucho. La memoria y frases cortas. Ir acumulando recuerdos. Uno detrás de otro. Poquito a poco. Y al final, emociona.
A medio camino entre la poesía y la narrativa, parecen recuerdos desordenados pero juntos cuentan la historia de una familia. Tan bueno que se queda corto.