Un nutrido grupo de indiscutibles emblemas de la cultura nacional decidieron romper con lo convencional para marcar una época: una diva hermosa pero insatisfecha que pasó a ser una estrella intemporal conocida como la Marilyn mexicana, un Príncipe de la Canción a quien Frank Sinatra se empeñó en conocer personalmente, un torero atormentado por la frustración de no haber sido capaz de superar una faena histórica, uno de los mejores futbolistas de la historia que añora la gloria de tiempos pasados. Eternos incomprendidos, algo excéntricos, amantes de los placeres mundanos: sus vidas transcurrieron entre el sabor del triunfo y una extraña e inevitable atracción por el abismo.
Este libro trata de: Ídolos de barro. Gente excepcional que hizo todo lo que pudo para dejar de serlo. Gente que alcanzó el cielo y que alcanzaron el infierno.
Para “Indomables”, Julio Patán y Alejandro Páez Varela (coordinadores del libro) aglomeraron variopintas plumas para hablar de “ídolos nacionales”, no sólo por haber nacido en tierras aztecas sino por alcanzar la gloria en esta patria nuestra, quienes son “asequibles”, es decir, que volaron alto como Ícaro pero después cayeron en desgracia –y se volvieron meros mortales–, no sólo monetaria, sino también social, cultural, física (se los cargó el payaso, o casi) o en el corazón de las masas: la hermosa actriz Miroslava, el púgil Rubén “el Púas” Olivares, el “superhombre” Profesor Zovek, el pachuco Tin Tan, la cantante Lucha Reyes, la modelo y artista Nahui Olín, el torero Rafael Osorno, la proxeneta Graciela Olmos “la Bandida”, el futbolista Hugo Sánchez, el compositor Silvestre Revueltas y el príncipe de la canción, José José. Diez mexicanos y una checoslovaca devenida símbolo patrio que engloban el mito de “emblema nacional”. Los textos están bastante campechanos: los hay más emparentados con la narrativa, como el de Alejandro Hernández y la vida de José José, o el de Lucha Reyes, a cargo de Mónica Lavín; otros, son experiencias semi o autobiográficas, como Élmer Mendoza y el pachucote de Tin Tan, Jorge F. Hernández y Rafael Osorno, o el del Profesor Zovek, de Benito Taibo; o crónicas más formalonas, como la de Naief Yehya sobre Miroslava. Se nota lo ecléctico de la selección autoral (los que escriben son periodistas, novelistas, historiadores, ensayistas…), pero todas las propuestas están bien documentadas y estructuradas, amén de entretenidas. Tanto aquellos que buscan pasajes biográficos fidedignos como los que nomás les interesa el morbo y el chisme disfrutarán con la expedita lectura.
«Triunfa a partir de la derrota quien acepta que las epifanías son efímeras, y la felicidad, un sentimiento pasajero que posiblemente puede congelarse en la memoria e incluso alargarse durante meses o años, pero que en el fondo son gerundios que de no estar en conjugación constante se convierten en recuerdos insalvables» Jorge Fabricio Hernández