Al principio ME ENCANTÓ porque qué cosa más emocionante que lo que vivió esta persona: Ser una viuda cualquiera, atrapada en su trabajo de lavandera con el que nunca podría realmente ganar plata, y de pronto decidir que no era suficiente y partir a vivir en los campos, sin conocer a nadie, en tierras anónimas... y no solo vivir allí en el campo de otros, sino ELLA tener EL SUYO PROPIO, en plenos albores del siglo XX.
Al final (spoiler pero no spoiler) igual la vida le es más fácil porque resulta que se casa de nuevo altiro, jajaja, literal como al mes, y sobre todo en esos tiempos eso significa gran seguridad, pero aún así tiene su hacienda propia, y aprende a cultivar, a cuidar a la naturaleza, a expedicionar por los alrededores y etcétera, súper choro, definitivamente dan ganas de ir y hacer lo mismo. O sea, si yo hubiera vivido en esa época, me habría ido a inscribir ANTES DE AYER.
Pero, bueno, pasado el júbilo de la situación inicial tiene sus lados entretenidos y también sus lados más fomes. Bueno es que describe muy bien la época y además ella es divertida. Malo es que, siendo una persona muy sensible con el medio ambiente, me cuesta lidiar con lecturas donde matar animales y quitarle tierras al bosque es un triunfo, aunque a la vez... al menos cazaban directamente lo que comían en vez de pagarle a alguien más para que lo haga por ellos y aparte, bueno, era la vida que tenían y en su manera era sustentable, y creo que de haber nacido en esa época es muy posible que yo hubiera sido igual, porque era una cosa de sobrevivencia en ese entonces, no tanto de gula, como pasa a veces hoy en día en que casi todos quieren tener todo y así es cómo el planeta paga las consecuencias. En fin, sorry lo aguafiestas, pero bueno, esas partes me hicieron sufrir.
El libro son cartas reales de esta mujer que le escribió a una amiga real, que se hizo en los tiempos de lavandera, aunque parece que luego se fueron publicando y ella haciéndose famosa, entonces el tono personal pasó a ser más descriptivo y un poquito menos natural, pero se entiende, qué orgullo además para ella haber sido una de las que dejó registros de esos tiempos, más encima sabiéndolo.
Vale la pena leerlo, la verdad, pero no pasa nada si se avanza de a pedacitos. A mí al menos me pasó que hubo fragmentos que me interesaron mucho y otros pocazo.
Un par de citas:
1.
Llegamos finalmente, y todo me resulta estupendo y muy, pero que muy agradable y no hay ningún problema con el señor Stewart en absoluto, pues en cuanto termina de comer se retira a su habitación y se pone a tocar la gaita. Una y otra vez, siempre el mismo soniquete de The Campbells Are Coming, a intervalos, durante todo el día, de siete a once de la noche. A ver si esos Campbell se dan prisa y vienen de una vez.
2.
A continuación, escuchamos el grave bramido de la tormenta inminente. Zebbie llamó a los perros para que entraran y cerró bien la puerta. De la chimenea empezaron a saltar chispas llameantes. Jerrine yacía delante del fuego sobre una piel de oso, y la señora O'Shaughnessy y yo estábamos sentadas a un lado en un viejo escaño. Gavotte estaba tendido en el suelo, al otro lado del fuego, con la cabeza apoyada en las manos.
Zebbie sacó su querido y viejo violín, lo afinó y se puso a tocar. Afuera, la tormenta rugía con fuerza, cada vez más virulenta. Zebbie tocaba y tocaba. Cuando más tumultuosa y severa se tornaba la tormenta, más intensamente tocaba él.
Recuerdo que se me contuvo la respiración, por miedo de quela casa saliera volando por los aires en cualquier momento. Entonces Zebbie se puso a tocar lo que él llamó La retirada de Bonaparte. De repente, todo pareció destellar ante mí; vi a aquellos pobres y dolientes soldados arrastrándose por la nieve, sacrificios de la ambición disparatada de un hombre. Creo de verdad que estábamos todos hechizados. En ese momento no me hubiera extrañado haber visto brujas y gnomos rodando chimenea abajo o cabalgando sobre la cresta de la tormenta hacia la puerta.
Miré de reojo a la señora O'Shaughnessy. Estaba sentada con la barbilla apoyada en la mano, con la mirada absorta en el fuego. Zebbie parecía poseído, incombustible.
3.
Al poco rato, el Old Baldy [montaña] lucía una corona de oro resplandeciente. Había salido el sol. Seguimos caminando y pronto llegamos a un arroyo. Nos estábamos lavando la cara en sus aguas congeladas, cuando de repente oímos el chasquido de unas ramitas, y pegamos un respingo. Saliendo de aquella maleza de abedules y sauces vimos aparecer un ciervo con dos cervatillos. Pararon a beber y a mordisquear los arbustos. Pero no tardaron en olfatear extraños; fue vernos con sus hermosos ojos asustados y evaporarse como el viento.
4.
Un día, cuando yo pensaba que no había moros en la costa, me puse a examinar de hurtadillas el contenido del baúl de las herramientas, con el fin de hacerme de martillos, sierras y todo lo que me pudiera ser de utilidad para alguna labor de carpintería. El baúl de las herramientas se guarda en el granero: tanto el baúl como el granero suelen estar cerrados a cal y canto. El señor de la casa es de la opinión de que las mujeres no necesitan herramientas y de que el uso y el abuso de las suyas han conducido a varias guerras domésticas. Estaba regodeándome con mi oportunidad y aprovechándola a conciencia cuando [se pone a hablar de otra cosa]
5. :o
Nos quedamos dos días y aquello fue una fiesta de sesión continua. Comimos venado cocinado de media docena de modos diferentes. Comimos antílope, puercoespín o erico, y también comimos cola de castor, que a él le parecía muy sabrosa, pero a mí no. Comimos faisán y urogallo. Rompieron el hielo y pescaron con nasa unas cuantas truchas. En la bodega tenían un barril de trucha preparada exactamente igual que la caballa y estaba más rica que la caballa pues era de hebra más fina.
6. Jajaja. En realidad el concepto moda es tan específico y corto en el tiempo.
Después de repartir los regalos, colocamos el fonógrafo en una caja y montamos un concierto bien hermoso. Tocamos Había pastores, Ave María y Sweet Christmas Bells. Estas canciones solo nos gustaban a los mayores, así que luego tocamos Arrah Wanna, Silver Bells, Rainbow, Red Wing y otras parecidas. ¡Estaban encantados!
7.
Cuando leí lo mal que lo pasan los pobres de Denver me entraron ganas de animarles a todos a que salgan de ahí y registren la propiedad de alguna tierra. Me entusiasma ver cómo las mujeres se animan a la vida de la hacienda. En realidad, es menos fatigoso cultivar mucho para satisfacer a una gran familia que trabajar lavando, con la satisfacción añadida de saber que no vas a perder em epleo si te preocupas por mantenerlo. Incluso a pesar de que lleva su tiempo lograr mejores en el lugar, lo que cuenta es mantener en pie todo lo que se ha hecho. Da igual lo que se cultive, lo importante es que es propiedad del colono y de nadie más, y que no hay ningún alquiler de la casa que pagar.
Este año Jerrine cortó y sembró suficientes patatas como para cultivar una tonelada de buena calidad. Quería intentarlo, así que la dejamos, y no se olvide que solo tiene seis años. Teníamos un hombre que se encargó de abrir el terreno y cubrirle las patatas, hasta de regárselas una vez. Eso fue todo hasta que llegó el momento de cavar y Jerrine recogió sus patatas.
Cualquier mujer con fuerzas suficientes para pasarse el día afuera podría hacer todo el trabajo, incluso dos o tres veces más, y le resultaría mucho más agradable que trabajar duro en la ciudad, y encima morirse de hambre en invierno con la cartilla de racionamiento.
Para mí, la colonización es la solución a todos los problemas de la pobreza, pero soy consciente de que el éxito de cualquier proyecto depende del temperamento de cada cual. Por ejemplo, quien tenga aprensión a los coyotes, al trabajo y a la soledad mejor que se olvide de la vida en el rancho. Por otro lado, cualquier mujer a la que no le importe su propia compañía, sea capaz de apreciar la belleza del ocaso, le guste cultivar cosas y esté dispuesta a invertir tanto tiempo como sea necesario en el desempeño cuicadoso de la brega, tal y como hace en el lavadero, tendrá éxito seguro, independencia, toda la comida que quiera y, en definivita, una casa propia. (...)
Aquí estoy aburriéndiole hasta la muerte con cosas que ni le van ni le vienen. Va a pensarse que quiero convencerle para que se monte una hacienda, ¿a que sí? Pero a mí lo único que me preocupa son los batallones de mujeres cansadas, preocupadas, a veces con frío y con hambre, muertas de miedo de perder sus trabajos, que podrían disponer de comida a montones y de buenas hogueras con solo recoger leña, y de casas acogedoras de su propiedad si tuvieran el coraje y la voluntad de conseguirlo.
8.
La señora O'Shaughnessy fue la que más ayudó. Es una mujer muy valiente y decidida, sensata y juiciosa. Hace unos días, un hombre que trabajaba para ella se machacó la uña del dedo y no se preocupó de cuidársela. La señora O'Shaughnessy se la examinó y descubrió que estaba gangrenándose. No se lo dijo, pero le hizo varias curas y lo que sí le dijo fue que había oído que se podía comprobar si había peligro de sepsis si se ponía el dedo sobre madera y el paciente miraba hacia el sol. Dijo que la persona que observara el dedo podría entonces ver si había algún tipo de infección. Así que el hombre colocó el dedo encima de la tabla de picar y antes que le diera tiempo a pestañear, la señora O'Shaughnessy le había cortado el dedo negro e hinchado. Fue tan rápido e inesperado que no pareció doloroso.
Luego ella le mostró la vena verde que ya le subía por el brazo. Como el hombre parecía mareado y temiendo que le diera un pasmo, le dio una dosis de morfina y whisky. A continuación, con un movimiento rápido de navaja, le abrió la vena verde y le sumergió todo el brazo en una solución fuerte de bicloruro de mercurio durante veinte minutos. Luego vendó la herida con algodón absorbente saturado con aceite de oliva y ácido carbólico, arropó a su paciente, lo subió a una calesa y condujo de noche cuarenta y cinco millas para ver a un médico. El médico nos dijo que el hombre había salvado su vida gracias a la rápida reacción y a los conocimientos de a señora O'Shaughnessy.
9.
La señora Louderer se lo estaba pasando en grande. Le gustaban tanto los niños. Ella y Clyde habían contratado al "afrontador" para que les empapelase la habitación. Lo llaman así porque afronta todo tipo de tareas, sepa o no cómo realizarlas. Él piensa que entiende mucho sobre lo que es apropiado y sobre belleza. El papel tiene una franja de rosas y el afrontador puso al revés las franjas alternas, de manera que algunas de mis rosas ahora resulta que están boca abajo. Según él, las rosas no crecen todas del mismo modo, así que gracias a su métido "tienen un aire mucho más natural".