En una serie de capítulos cortos, disparados a mansalva, sin juicios de moralidad, Kiesbye nos presenta a un grupo de chicos que, en un Berlín Oriental, dan ese siguiente paso a la adultez. Una novela de iniciación sexual, violentamente perturbadora por la normalidad con la que pueden ser vistos el tema del incesto, la locura y la venganza. Todo, en esta novela, tiene un sello demolido: las fábricas, los búnkeres abandonados, las relaciones maritales, la búsqueda del amor y del placer. Esa es creo, uno de los hallazgos del libro: nunca te abandona la sesión de sangre podrida en los labios mientras la lees. La prosa es efectiva, los discursos cortos, las escenas narradas son contadas con precisión y en pocas palabras mientras que el viaje de iniciación sexual contiene las omisiones necesarias para que el lector termine de construir el viaje de esos cuerpos, algunos jóvenes, pero otros sin duda, decrépitos.