Las Mujeres de la Muerte cumple en un lenguaje llano, descarnado, despojado de artificios, el propósito de mostrar esa doble encrucijada que nuestra la compleja realidad colombiana. En esta obra el autor retoma todos los casos posibles. Hay violencia descarada y sutil, en medio de un curioso contexto violento que pareciera atemporal, sin un lugar especifico, ni causa particular, ni destinatario.
Él se hizo el encontradizo, o quizás fue ese extraño fenómeno que dice que uno atrae lo que piensa. No sé con certeza de dónde nace ese deseo que hace palpitar mi pecho cada vez que me acerco a un libro que habla de la historia teñida de muerte. La historia novelada, adquiere una belleza inesperada, porque la literatura tiene el poder de embellecer incluso la tragedia más triste. En esta colección de relatos dolorosos, mujeres silenciadas encuentran voz —una voz de trueno— en una narración que no solo describe sino que dignifica.