Juan Sánchez no es un premio en literatura, ni asiste a conferencias de intelectuales, ni es un ávido escritor. Es un mexicano harto de las maneras en que se educan a los jóvenes que vienen a ser los que educan después a nuestros jóvenes. Su libro es una voz que denuncia al dinero sobre la cultura, a la tranza sobre la honradez y al ciclo vicioso que nos tiene como estamos, culpable de la situación actual y de la venidera.
Doy cinco estrellas a este cuentito no porque sea una revelación literaria o porque domine las formas lingüísticas ni mucho menos. Se las doy porque su actitud es la correcta y su denuncia debe llegar a los oídos de todos; mejor aún, debe ser llevada a cabo. La queja mexicana es atemporal, absoluta y cierta, pero no se trabaja en la raíz de nuestro problema (se trabaja contra el problema, no contra la causa). Un mexicano más nos recuerda que la corrupción mexicana enseña corrupción mexicana, que opaca a quien pregunta el por qué de las decisiones absurdas monetarias y sugiere que es imposible cambiar la situación, que no tenemos de otra más que seguirla dando. El libro, aunque no propone, si enaltece las formas íntegras para construir seres humanos en la educación, delante y detrás del pupitre. Algo que debe ser entendido por todos nosotros, aunque sea por medio de setenta páginas.
Yo como profesor de preparatoria encuentro mucho de indiferencia y desvirtud en los jóvenes que van a tomar al país en sus manos, y me consterna. Sánchez Andraka nos pide que cambiemos la actitud de ellos cambiando la nuestra. Establece una realidad escolar actual de muchos años que extingue lo que debe ser México a cambio de lo debemos tener como consumidores como sea. El autor alza la mano para erradicar la corrupción moral obligada y eso, creo yo, debe ser profundamente atendido.