Es difícil nombrar al país sin recibir una punzada. Insistir en decir su nombre es incluso riesgoso, heroico. Pero Leonardo Padrón no claudica. Lo piensa, lo siente, lo dice. Es un ejercicio diario que lo toma por sorpresa en la actividad más común u ordinaria. De allí nace este libro, una partitura con la música de nuestros últimos tiempos: 44 postales, 44 miradas al país de los convulsos años que van del 2013 al 2015. Un mapa de calles y túneles que atraviesan espacios sentimentales, un recorrido de vértigo por un país de lugares que se nos han hecho comunes: la inseguridad, el desaliento, el enfrentamiento, el cansancio, la escasez, pero también -lo dice el autor- la esperanza, los jóvenes, la posibilidad, la sensatez.
Es el primer libro de Leonardo Padrón que me leo y me arrepiento de no haber descubierto al autor de crónicas antes. Para mí su nombre era sinónimo de telenovelas, un género que gracias a mi madre nunca disfruté. Pero resulta que había algo para mí en su trabajo.
El libro estuvo años entre otros tantos esperando a ser leído después de varios intentos fallidos. Cada intento le daba en la llaga a la herida que se ha convertido Venezuela para mí. Es uno de varios libros de autores venezolanos que compré en el último viaje que hice al país, en un afán de conectar con un lado de su cultura con el que no había conectado antes. Un intento de salvar algo bueno de ese caos que se ha convertido la sociedad.
Cuando por fin me di a la tarea de leerlo experimenté todas esas emociones que temía sentir, pero no me rendí y a cada página que avanzaba sucedían dos cosas. Primero, me acostumbraba a las tristes historias testigo de la decadencia que somos. Como lo dice el autor en el mismo libro: "La costumbre nos va domesticando el asombro". Pero luego, también encontré entre las páginas un aire de esperanza, sabor a arte, y mucho esfuerzo y querer. Intento quedarme con eso. Sigo acumulando autores y artistas nuevos en el destierro.
Al final del libro no encontré al país. Ni entonces cuando fue publicado ni ahora, cinco años más tarde. Y me queda solo una pregunta: ¿estaré yo entre los vivos cuando lo encuentren?
Se busca un país (2015) de Leonardo Padrón, es la compilación de sus publicaciones realizadas en el diario El Nacional durante los años 2013, 2014 y 2015. Artículos lacerantes, repletos de simbolismo, metáforas, poesía y sabiduría. Píldoras de inteligencia comprimida en prosa exquisita. La crónica punzante, una radiografía artística de una dura realidad. A veces jocoso y siempre genial este libro se pasea por distintos temas recogiendo las impresiones del autor en diferentes contextos de la Venezuela contemporánea y sufriente que lo terminó expulsando al exilio.
No podría explicar aquella sensación de sentirme desahogada de todo lo que nos ha representado cómo venezolanos hoy en día; ese sacrificio. Ya hoy no se habla, aquél miedo y silencio ha carcomido las calles y nos ha robado las palabras. Ya nadie lo hace en casa. Lo leo cada vez que alguna fecha o situación me conmueve, es díficil sobrevivir hoy en día. Este libro es mi consuelo, un alivio.
Tenía meses queriendo leer este libro, por una simple razón, me encantan las crónicas de Leonardo Padrón. Leí la introducción de libro porque me adelanté al final de dicha introducción y rezaba César Miguel Rondón y sinceramente quién no quiere leer alguna reseña de él. En fin, leí la introducción y me detuve en dos párrafos que fueron como un amargo abre bocas al libro con el que había decidido comenzar mi ritual de año. Admito que dejé reposar el libro unos días, saboreando esa introducción, porque la verdad abruma en todos lados.
El título lo dice: Se Busca Un País. Y qué tanto podía esperar yo de Padrón que la desgarradora verdad de sus letras, sin afán de sonar fanática.
Tuve un conclusión abrupta, vivir el país nunca será lo mismo que leerlo. Vivirlo es sentirte sofocado en ese golpe de verdades que no quieres afrontar, leerlo es afirmar tus miedos en los ojos de otro. Como dice en alguna parte del libro somos como el salitre, todo a su paso lo destruimos. Y hablo en plural porque el problema "país" ya no es sólo Revolucionario.
Los anécdotas que se asoman entre líneas dan una crispante desazón en el gusto ¿Dónde quedó esa Venezuela llena de alegría, vida y comprensión? ¿Por qué nos atascamos en estas ruinas de desasosiego?
A cada línea el nudo en la garganta crece. Se hace amargo lo que es dulce. Vivir el país sin duda es una terrible pesadilla de la que queremos despertar con urgencia. Leerlo es grabarlo perennemente en la memoria historiadora de nuestras vidas.
Dejé el libro a un lado por segunda vez, de hecho, un centenar de veces, mi abuelo me comenta: "No te atrapa ¿No? porque ya te lo hubieses comido."
Las palabras no me salen de la boca, no es tedio pero, cómo explico que leer sobre mi país en ruinas solo me causa ansiedad, angustia y dolor.
Retomé el libro con el propósito de quien quiere terminar de sufrir y me encontré con palabras de aliento entre tanta zozobra, palabras que quiero conservar en mi memoria. Si bien hay algo de terror en leer las brutalidades que suceden en este pedazo de mapa llamado Venezuela, en ella también hay algo de luz, está ahí, en la persona que lee estas líneas y que se atreverá a leer este libro y derrotar el miedo, que buscará una solución a su angustia, así sea mínima. Está ahí en nosotros, y eso es algo que Padrón recalca en todo el libro y que agradezco enormemente, la esperanza es lo último que se pierde.
Leonardo Padrón narra cual poeta, todas las vicisitudes que vivimos los Venezolanos día a día, incluso utiliza su verbo muy "caraqueñizado" para describir crímenes que afectan y han afectado a muchas personas. Los casos mas sonados, los mas conmovedores, realmente tocan la fibra porque aparte del hecho en si, la forma peculiar que utiliza el autor para describirlos hace que uno se transporte brevemente al momento. Por ejemplo, la narrativa del momento cuando una dama va con una camioneta recién lavada y le lanzan una rata "membruda" dentro del vehículo para obligarla a bajar y consecuentemente robarle su medio de transporte, me hizo pensar que haría yo o mi esposa ante ese episodio, por un momento se lee jocoso, pero el desenlace realmente es tétrico.
Desmoronantemente tan cierta y triste la descripción y secuencia de la colección de historias ocurridas, -aunque suene increíble- todas de la boca de quienes gritan en un mismo país. El que aun buscamos. Escrita por la impecable letra y pluma de este magnífico y ejemplar venezolano, el señor Leonardo Padrón. Con gran admiración le doy gracias por dejarnos al alcance un trozo de la realidad en esta historia del país, o debo decir, un país que eventualmente hará historia.
Es un libro que duele, que dice. Usando mucha prosa y excelente narrativa, típico de Leonardo. Sin conclusión porque esa nos toca escribirla a nosotros.
Ojalá estas tristes y verdaderas historias cambien y el libro se convierta algún día en una cápsula del tiempo al pasado, cuando finalmente encontremos "El país".